Limpieza emocional

Los 7 principios para la gestión de ofensas

Una forma de ayudarse a uno mismo es descargarse del peso de las ofensas, librándose de los rencores y aprendiendo mejores estrategias para prevenirlas y solucionarlas.

Tendemos a menudo a buscar culpables en vez de erigirnos como responsables y gestionar el revoltijo de emociones caóticas que a veces nos inundan.

Rebotamos la agresión –que creemos haber recibido– a quien sentimos que nos ha ofendido o acaso a quien, por pura casualidad, pasaba por ahí.

"Si cada día nos arreglamos el cabello, ¿por qué no hacemos lo mismo con el corazón?", decía Gandhi.

Con cada una de nuestras conductas colocamos una pieza en el fundamento de nuestro mundo interior bien en el sentido del equilibrio o en el del caos.

¡No esperemos que alguien solucione nuestra vida, tenemos margen de maniobra y podemos mejorar nuestro clima emocional!

Pero, ¿qué hacer cuando surgen conflictos? Estos siete principios sugieren cómo afrontarlos.

1. Autonomía

"Ayúdate a ti mismo y los demás te ayudarán". Una forma de ayudarse a uno mismo es descargarse del peso de las ofensas, librándose de los rencores y aprendiendo mejores estrategias para prevenirlas y solucionarlas.

Quien se ayuda a sí mismo recibe ayuda. Es preferible no ejercer el papel de quejica ni de víctima.

Mejor, pues, colaborar con uno mismo en la adquisición de más conocimientos, concediéndose lo que se necesita sin esperar que venga de los demás.

Vale la pena abrirse a la vida y darse todas las oportunidades que uno se merece.

2. Prevención de dependencias

"No hagas por los demás aquello que ellos puedan hacer por sí mismos". Porque podemos ofenderles si lo hacemos.

Sería como considerar que las otras personas son incapaces o menos competentes, y eso supone una invasión de su espacio de crecimiento, de libertad, de decisión, de aprendizaje...

De ese modo se establece una relación de poder y dependencia que genera ofensa y resentimiento. Además, implica una falta de respeto.

3. Correspondencia o efecto bumerán

"Todo lo que les haces a los demás también te lo haces a ti mismo". Es decir, que si ofendemos, nos ofendemos; y si perdonamos, nos perdonamos.

Lo que emitimos, recibimos. Así pues, si no nos gusta lo que recogemos es preciso revisar lo que sembramos...

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4. Reconocer la individualidad y la diferencia

"No hagas a los demás lo mismo que quieres para ti: ellos pueden tener gustos distintos". En el tema de la ofensa hay muchos factores culturales imbricados.

Es importante no ir por el mundo con una actitud paternalista o de pensamiento único.

La flexibilidad mental y el reconocimiento del derecho del otro a pensar y a sentir por sí mismo, dentro de un marco de valores que fomenten la convivencia, son estrategias esenciales para vivir libres de la carga de la ofensa.

5. Moralidad natural

"No hagas a los demás aquello que no quieres que te hagan a ti". ¿Alguien no desea recibir agresiones, críticas, insultos, humillaciones u ofensas? Pues el primer paso es no hacerlos uno mismo.

¿No queremos que se nos ignore o se nos aísle ni ser objeto de burlas por nuestro modo de obrar o de ser? Pues no hagamos eso tampoco nosotros.

Es uno de los grandes principios comunes a todas las culturas y civilizaciones.

Quizá no nos pongamos de acuerdo en lo que es deseable pero pocas personas disienten acerca de lo que consideran indeseable.

6. Autoaplicación previa

"No puedes hacer ni dar a los demás aquello que no te das a ti mismo"... aunque hay quien piense que es posible.

A veces intentamos cuidar al prójimo sin cuidar de nosotros mismos; dar paz, sin tener sosiego interior; recomendamos a los niños que se perdonen, pero vivimos peleados.

En esos casos tenemos un problema de coherencia personal. Esa división interna genera un sufrimiento que repercute en la conducta.

Conviene empezar por uno mismo. Solo a partir de ahí es posible educar e influir positivamente en los demás.

Quizá se podría añadir a la oración del Padrenuestro: "así como nosotros nos perdonamos a nosotros mismos... y a nuestros ofensores".

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7. Limpieza relacional

"Tenemos el deber de hacer limpieza de las relaciones ficticias, insanas y que frenan nuestro crecimiento personal".

Somos responsables sobre nuestras relaciones. Y si estas son agresivas e irrespetuosas, dañan nuestra autoestima o ahogan nuestra posibilidad de ser, es preferible desprenderse de ellas.

Porque si convivimos con alguien que ha elegido vivir ofendido o que ejerce de ofensor acabaremos contaminándonos emocionalmente y contagiándonos con su conducta.

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