Sincronía y azar

Casualidades: ¿tienen algún significado?

Gaspar Hernández

A veces las casualidades vienen a nuestro encuentro. Estar abiertos a encontrarles un sentido nos ayudará a superar los bloqueos y transformar nuestra vida.

Azar. Sincronías. Casualidades. Distintas palabras para un mismo concepto. Según el escritor Paul Auster, que ha sustentado buena parte de su obra en las casualidades, “es el azar quien gobierna el mundo. Lo aleatorio nos acecha todos los días de nuestra vida”. Así es. Pero, ¿hasta qué punto las casualidades son leyes que desconocemos? ¿Tienen algún sentido?

Qué es el principio de sincronididad

El psiquiatra y psicólogo suizo Carl Gustav Jung desarrolló el llamado “principio de sincronicidad”. Hay cierto tipo de coincidencias que van más allá de la casualidad y que tienen un significado intrínseco. De nosotros depende ver qué significado se esconde detrás.

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No es casualidad, es sincronicidad

El psicólogo canadiense Jean-François Vézina ha escrito que la sincronicidad no es un concepto científico, pero que quizá en unos años encontrará su camino dentro de un paradigma científico renovado. Nuestra vida cotidiana, cuenta, está influida hasta en sus más ínfimos detalles por un gran número de elementos desconocidos.

“Saber que mi vida cotidiana no depende sino del efecto de una mariposa de Pekín no deja de suscitarme cierto temor en mis ilusiones de omnipotencia.”

El aspecto que ha estudiado más a fondo este psicólogo es lo que él llama “encuentros significativos”. ¿El encuentro con una persona que cambia nuestra vida tiene sentido en alguna parte? ¿Puede tener un alcance simbólico?

¿Podemos aplicar el concepto de sincronicidad a los pequeños detalles que nos conducen a una persona? La respuesta es afirmativa. Pero siempre se da a posteriori.

La sincronicidad escapa a nuestro control. “En una fase determinada de nuestra existencia, hay algo que busca manifestarse por medio de la sincronicidad y nos vemos emplazados a entenderlo y descifrarlo.” Un ejemplo famoso es “el escarabajo de Jung”: Jung tenía una paciente extremadamente racional, negaba todas las interpretaciones y oponía gran resistencia al tratamiento. Durante una sesión, relató un sueño en el que recibía como regalo un escarabajo dorado.

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En ese instante, un insecto tipo escarabajo se dio un golpe fuerte contra la ventana. Jung cogió el insecto y lo depositó delante de ella. ¿Cuál fue la lectura de esa sincronicidad? Que la paciente se tenía que abrir más en el proceso terapéutico. Y así lo hizo.

Las sincronicidades suelen conllevar una fuerte carga emocional y, a menudo, manifiestan transformaciones profundas.

De ahí su valor simbólico. Y se suelen producir cuando nos encontramos en un punto muerto, en una situación de bloqueo o caótica. Etimológicamente, la palabra Jean-François Vézina nos propone encontrar un sentido a los encuentros “fortuitos” con personas, libros, películas... que han cambiado nuestra vida. Caos deriva de la raíz ghn, que significa ‘muy abierto’. Y las sincronías, siempre y cuando seamos receptivos a interpretarlas como tales, nos ayudan en esa apertura. La sincronicidad sobreviene en momentos críticos, del mismo modo que el orden surge del caos.

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