Escucha empática

5 claves para aprender a escuchar mostrando empatía

Ramón Soler

Aprender a escuchar es aprender a amar. Supone realizar un ejercicio de empatía, comprensión y sostén que, hoy en día, no abunda. Si sanamos nuestro vacío interior y nos liberamos de nuestra ceguera emocional, aprenderemos a percatarnos de nuestras necesidades y de las de los demás.

Seguro que alguna vez le has expuesto un problema o una preocupación a un amigo y has sentido que no te escuchaba o que, directamente, sin haberte ofrecido ningún tipo de feedback, ignoraba tus problemas y comenzaba a hablarte de sus propias preocupaciones. Sin mostrar ningún tipo de empatía.

No escuchar y no tener en cuenta al otro es un tipo de toxicidad que mina las relaciones interpersonales, al tiempo que incrementa el aislamiento social. Se pueden buscar muchas razones globales para explicar este problema de nuestra sociedad del siglo XXI. No obstante, la causa más profunda, aquella que debemos modificar si realmente deseamos sanar este lastre, la encontramos en el interior de las personas.

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Necesitamos más empatía

Muchas viven tan sumidas en su vacío interno que se muestran incapaces de conectar o empatizar con los demás. Su visión particular del mundo y sus propios problemas les ciegan ante las emociones y necesidades de sus amigos o familiares. A su vez, los demás viven también encerrados en su interior y tampoco pueden escuchar ni empatizar con ellos.

¿Por qué a muchas personas les cuesta escuchar a los demás?

La respuesta está en el trato que recibieron en su infancia. ¿Cuántas veces les dedicaron el tiempo que necesitaban? ¿Cuántas veces los adultos bajaron a su altura para escuchar lo que decían? Apenas fueron escuchados, apoyados o sostenidos. Por eso sienten esa necesidad de hablar de sus problemas y de ser escuchados.

Arrastran una profunda necesidad de atención para cubrir el vacío interno que les creó la falta de empatía y de atención de sus mayores. Para colmar este hueco emocional, ya de adultos, viven tan pendientes de que les miren y les hagan caso, que se muestran incapaces de percatarse de que las otras personas también tienen sus propias necesidades.

Mientras siguen sin curar su herida emocional son incapaces de empatizar y comprender y comunicarse con otras personas.

Por ello, para poder ser más compasivos con los demás, primero deben sanar sus heridas del pasado. Así, en el fondo, aprender a escuchar es aprender a amar. Primero, a amarnos a nosotros mismos para, posteriormente, poder abrirnos a los demás.

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Beneficios de aplicar la escucha empática

Si comprendiéramos todos los beneficios que podemos lograr gracias a la escucha, nos esforzaríamos al máximo para practicarla mucho más.

  1. Escuchar nos empuja a ir más allá de nosotros mismos, a conectar con los demás, a abrirnos a otras posibilidades, ideas nuevas y soluciones a problemas que no se nos hubieran ocurrido nunca.
  2. Por otro lado, a nivel social, escuchar genera empatía, fortalece los vínculos entre las personas, acerca los corazones y crea ubuntu, sentimiento de tribu, de comunidad, de pertenencia a la sociedad.
  3. Pensar en el grupo, más allá de nosotros mismos, favorece la cooperación y nos ayuda, en cualquier ámbito, a lograr resultados mucho mejores que trabajando de forma competitiva e individual. A gran escala, en la política internacional, necesitamos transformar la forma de relacionarnos con los demás.

Claves para escuchar con más atención

Esta carencia de atención en la infancia que lleva a la incomunicación supone uno de los graves peligros para el futuro de nuestro planeta. Y el cambio comienza por aprender a escuchar.

  • 1. Escucha con el cuerpo. El lenguaje no verbal supone una parte esencial de la comunicación. Nuestros gestos y reacciones físicas hablan mucho más sobre nosotros que nuestras propias palabras. Tu cuerpo muestra si estás escuchando o no, de modo que, cuando estés conversando con otra persona, no olvides prestar atención a tu actitud y a tu postura.
  • 2. Mira a los ojos. Además de cuidar nuestros gestos, es importante que sostengamos con nuestro interlocutor contacto visual. Nuestros ojos constituyen el medio más directo para conectar con los demás, puesto que la mirada centra la atención y ayuda a que la comunicación sea más auténtica. Mira a la otra persona cuando te hable y busca sus ojos cuando le estés hablando.
  • 3. No te distraigas. Cuando conversamos con otra persona, tenemos que empatizar y comprender que lo que nos está contando merece toda nuestra atención. Cuando estés hablando con alguien, elimina todas las posibles distracciones (como revisar el móvil o juguetear con algún objeto). Si la otra persona percibe que no le prestas atención, la comunicación se resentirá.
  • 4. Asiente. Siempre es importante hacerle saber a la otra persona, con sencillos gestos o palabras, que estás escuchando. Asentir con la cabeza, pequeños y ocasionales ajá o pedir que te aclare algún detalle sobre lo que te cuenta, le ayudará a saber que realmente prestas atención a sus palabras. De esta forma, se sentirá escuchada y más abierta a conversar contigo.
  • 5. Respeta el ritmo. Todo diálogo o conversación tiene un ritmo que no debemos entorpecer. No hay nada más molesto que ser interrumpido cuando hablas. No cortes a la otra persona para contar una anécdota personal. Si lo que tienes que decir es importante, consérvalo por un momento en tu memoria para comentarlo en cuanto termine su exposición.

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