Relaciones

Las 8 claves del éxito en pareja

Begoña Odriozola (psicóloga)

La convivencia con la pareja puede ser un gran reto. Para que dar el paso de vivir juntos nos abra a nuevas posibilidades y no nos limite, el amor y el conocimiento deben caminar de la mano.

La idea de que el matrimonio es para toda la vida, aunque nos dejemos la salud o la propia vida en el intento, ha perdido afortunadamente gran parte de su fuerza. Hoy es posible evitar el desgaste de una relación vacía y elegir, serenamente, vivir solo en vez de mal acompañado. También se es más consciente de que una relación satisfactoria es una construcción de equipo que requiere seguir día a día al pie del cañón, ¡metafóricamente hablando!

Porque, básicamente, los seres humanos seguimos deseando vivir en pareja y disfrutar de sus muchas mieles. Según el Instituto Nacional de Estadística, en 2017 las parejas que se separaron en España llevaban conviviendo una media de 16,2 años en el caso de los divorciados y de 22,7 años en el caso de los separados. ¿Qué tienen las parejas que sobrepasan esa cifra? O sin ir tan lejos, ¿cómo se consigue vivir feliz o, como mínimo, satisfecho en pareja?

Las generaciones anteriores vinculaban estrechamente el matrimonio a la supervivencia y al bienestar material y psicológico. Es útil aprovechar esa experiencia. Pero,sobre todo, hay que ganarse la unión, porque hoy ninguna ley implícita o explícita induce a mantener una relación por inercia.

Cada pareja es un mundo. Ciertos aspectos, de todos modos, contribuyen bastante a su éxito. Veámoslos.

1. Elegir a una buena pareja, sin prisas

Los mitos del amor romántico han causado notables estragos. Entre ellos, la creencia de que solo hay una persona en el planeta predestinada a encajar con uno.

Cada persona tiene que encontrar su lugar entre la sana aspiración, la realidad y el ideal mítico. Si la emoción intensa nos embarga es bueno disfrutar de ella, pero luego tocará elegir entre encaminarse hacia una relación de pareja o, simplemente, permanecer como amantes.

De una relación de pareja uno espera cosas muy importantes. Al tomar decisiones precipitadas se olvida de que no todas las personas son compatibles, por más que exista atracción entre ellas.

La pregunta es: nos gustamos pero…¿somos compatibles? Darse tiempo para conocerse, ver si encajan las personalidades, las expectativas y el modo de ver la vida, ahorra mucha energía y malos momentos.

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2. Grado de implicación y ayuda mutua

Ninguna unión perdura si no se sustenta en una buena relación de ayuda mutua. En pareja ocurre lo mismo que a nivel individual: no se puede llegar muy lejos sin atender las necesidades básicas (alimentación, sueño y descanso, cuidado de la salud…) de cada uno y de los dos.

Ya irá bien reír juntos y pasárselo bien, pero si ambos miembros no se implican en cuanto compete a la subsistencia, logística cotidiana y mantenimiento de los recursos, no solo se "pinchará" antes sino que difícilmente se generará la sensación de ser un equipo o algo más que dos personas que viven juntas.

Un terapeuta de pareja escucha frases de este tipo a diario: "Yo tiro totalmente del carro". "Me dice que sí a todo, pero creo que le da igual, que pasa". "Sobre mí recae toda la organización de la casa, de la familia y, encima, ahora he de prestar atención a la salud de los abuelos; llego al trabajo y no doy pie con bola"… Estas situaciones constituyen una bomba de relojería por el sentimiento de desapego y de soledad que generan.

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3. Un compromiso activo

En pareja nada es muy distinto que cuanto acontece en el mundo de la empresa, donde se pide a la persona que, mientras pertenezca al equipo, una su esfuerzo al de los demás y lo haga para contribuir a los objetivos comunes con lealtad e ilusión.

Ese es el compromiso: una promesa, más o menos explícita, de trabajar para el bien del conjunto, para resolver con el otro los problemas que vayan surgiendo y seguir alimentando la ilusión, el deseo y el amor. Todas las parejas longevas se han implicado en un proyecto común, ya tenga que ver con la idea más global de familia, con la paternidad o con objetivos profesionales compartidos.

Pero eso también implica cosas tan aparentemente sencillas como expresar las propias necesidades, avisar cuando uno se siente herido, decidir no seguir siempre el impulso de hacer lo que apetece, respetar las necesidades –¡y las manías!– del otro…

¿Cuántas veces nos hemos fijado en lo que la pareja debería hacer para que nos sintiéramos bien? Es normal, siempre que surja la pregunta complementaria: ¿Qué podría hacer yo por el otro que tal vez no esté haciendo?

4. Cultivar la amistad y expresar afecto

¿Por qué a veces parece tan fácil entenderse con un amigo y tan complicado con la pareja? En una relación amistosa no se genera tanto la expectativa de que el otro cambie o responda en función de como uno desea. De un amigo se espera que mantenga su personalidad y se buscan más activamente los puntos de encaje que de controversia.

La pareja puede aportar muchas más cosas, pero esas otras, tan básicas, no siempre se aceptan. Las parejas que duran han desarrollado una relación de amistad muy íntima y cuidan ese espacio.

La amistad y el afecto deben expresarse cada día y cuantas más veces mejor. ¿Preguntamos a la pareja cómo está cuando llega? ¿Nos contamos cómo ha ido el día o dejamos que la televisión apague la complicidad?

Parece difícil pero no lo es. Básicamente consiste en mirar al otro, en escuchar mucho y activamente, en preguntar, en mostrar interés, en expresar el sentimiento a través del contacto físico, de caricias, abrazos realizados con atención y también en hablar y compartir las vivencias, ¡no solo las preocupaciones!

Y claro está, en elogiar al otro de manera sincera, en expresar y valorar las buenas cosas que a uno le aporta la pareja y que se sienten a su lado. Es cierto que se pueden atravesar momentos en que otras cuestiones reclaman prioridad sin que la pareja se tambalee por ello. Pero esa situación no se podrá mantener eternamente.

A la vez, el respeto exquisito por la necesidad de espacio personal contribuye a la riqueza y al mantenimiento de la pareja.

Lo decía Khalil Gibrán: "bebed del mismo vino pero no del mismo cáliz". Es bueno que cada miembro tenga sus aficiones no compartidas y se relacione con otras personas de forma diferenciada.

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5. No descuidar la pasión y la intimidad

La intimidad sexual es el plus que determina la marca de identidad de la pareja. Ese fogonazo pasional propio de los inicios acaba transformándose, que no desapareciendo. Las parejas felices mantienen cierto grado de admiración mutua, el deseo de estar junto al otro–pegaditos, si es posible– y de alimentar y mantener el deseo y la intimidad sexual.

De la vida en pareja se valora la estabilidad interior que aporta y ese punto de comodidad. Pero acomodarse demasiado es uno de los mayores riesgos. Existen facetas que no deben ser olvidadas:

  • Seguir cuidando la salud, la apariencia física y la higiene personal.
  • Mantener la actitud de conquista diaria.
  • Cuidar los detalles que el otro valora.
  • Expresar el amor de diversas formas.
  • Otorgarse espacio y tiempo para el juego amoroso.
  • Hacer lo posible por reír juntos.

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6. Gestionar los conflictos

Encajar en pareja requiere hoy tantas cosas que parece un milagro que haya gente que lo consiga. Al convivir hay que llegar a acuerdos en áreas tan diversas como la logística diaria, la gestión económica, los espacios personales y compartidos, la sexualidad, la dedicación al trabajo, el deseo de paternidad o su ausencia, la relación con las familias, los modos de entender la vida, los valores éticos, la espiritualidad…

En vista de ello acaso la gran habilidad para la vida en pareja sea la buena gestión emocional y de conflictos. Aprender a manejar las propias emociones, especialmente el enfado, la ira y la impulsividad, hará más por uno mismo y por la relación que grandes dispendioso "escapadas" sorpresa.

Es bueno acordar previamente cómo se va a discutir, qué va a pasar cuando uno se vea inundado por la frustración o la rabia, qué puede hacer uno, el otro o ambos para que los problemas no lleguen ni al rellano de la escalera.

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7. Tener visiones compatibles y compartir valores

Los seres humanos buscamos "significado" y nos movemos por grandes ideas, principios y altas aspiraciones. Por ello al elegir pareja es importante calibrar si podremos compartir nuestros valores. Cuando las prioridades vitales son muy divergentes, por más pasión que uno le ponga puede no bastar.

Una persona muy religiosa y otra atea pueden entenderse solo con que cada uno respete al otro. Pero si la prioridad de alguien, por ejemplo, es el ejercicio compartido de la paternidad, tratar de construir una pareja con alguien volcado en la carrera profesional puede resultar demasiado arduo.

Los valores y principios guían la propia reflexión y la toma de decisiones. De ellos acaba surgiendo precisamente todo lo demás. Si no hay entendimiento o cercanía desde esa base, difícilmente se podrá lograr la satisfacción en pareja.

8. Respeto y cuidado por uno mismo

La madurez de una pareja está íntimamente relacionada con la madurez y entereza de cada uno de sus miembros. El esfuerzo por expresar con coherencia lo que se siente, por conocerse mejor y crecer como persona es, paradójicamente, una clave de la felicidad conyugal.

El trabajo en equipo implica que cada uno realice su labor con diligencia, amor y sabiduría.

El arte de la pareja será, justamente, que ambas labores se acoplen como en un rompecabezas de piezas desiguales y, al hacerlo, descubrir que en el proceso de engarzarse juntos radica la clave de la mejora individual. Entonces, la pareja, lejos de ser una limitación, se convierte en un potente acicate que permite llegar mucho más lejos.

Otras actitudes que ayudan a hacer que la pareja funcione

Más allá de sus habilidades para negociar o resolver conflictos, las parejas que logran vivir felices durante años comparten la convicción de que el bienestar del otro es tan importante como el propio.

El desarrollo de las siguientes cualidades contribuye a la solidez de la relación.

  • Humildad. Es adecuado desear aprender de la otra persona; escucharla e interesarse genuinamente por ella. Afrontar cada desencuentro o conflicto como una oportunidad para crecer y mejorar.
  • Paciencia. Mantener la calma ante situaciones difíciles. Conservar la capacidad de no dejarse llevar por el primer impulso. Responder de manera útil y en función de la propia reflexión.
  • Gratitud. Reconocer lo que la pareja aporta y la ayuda brindada e implicarse en corresponder de algún modo. Estimar los aspectos positivos del otro. Expresar activamente el agradecimiento.
  • Contento. Disfrutar de los pequeños detalles y alegrías cotidianas. Valorar y apreciar lo que uno tiene con criterios realistas y contener la tendencia a anhelar aquello que no está al alcance.
  • Bondad. Relacionarse con el otro desde la cordialidad, cuidando el trato y las formas. Esforzarse por comprender a la pareja sin juzgarla.
  • Honestidad. Actuar de forma clara, íntegra y congruente respecto a la pareja. Ser veraz y cumplir los compromisos adquiridos.
  • Cuidar cómo se dicen las cosas. Emplear las palabras con claridad, sensibilidad y sin ánimo de herir. Reflexionar antes de hablar; ir a lo esencial y a lo que más pueda contribuir a resolver las dificultades o a ayudar.
  • Respeto. Tratar a la pareja con la misma cortesía y delicadeza con la que a uno le gustaría ser tratado. Reconocer, valorar y respetar los derechos, las necesidades, los sentimientos e ideas del otro.

Ser capaz de superar la perspectiva egocéntrica y ver más allá de las propias necesidades e intereses es otra de las actitudes que más contribuye a la longevidad de una pareja. Pero también es útil:

  • Entender la pareja como un equipo en el que el todo es más que la suma de las partes.
  • Recordar que todos somos iguales en esencia y que cada persona hace lo mejor que puede y sabe.
  • Aceptar que cada uno es distinto y reconocer que los miembros de la pareja se necesitan mutuamente.

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