Piel con piel

¿Quieres un bebé independiente y seguro? Cógele en brazos

Adolfo Gómez Papí

En contra de lo que dicen, coger al recién nacido en brazos no lo hace dependiente. Al revés, acunarle, acariciarle y dormir con él lo hará más independiente.

Tu hijo recién nacido espera seguir sintiéndose tan seguro, tan caliente y tan bien alimentado como lo estaba en tu vientre; y espera encontrarse en un entorno igual al que empezó a conocer en tu interior.

Espera estar en contacto con alguien que le aporte calor, que le alimente sin separarse de él y que lo proteja. Alguien que huela como olía tu líquido amniótico, cuya leche tenga un sabor similar al del líquido amniótico, alguien que hable con la voz que oía allí dentro…

Alguien con quien va a estar en sus momentos de vigilia y en las horas en las que permanezca dormido, porque solo así se sentirá seguro. Y sentirse seguro es para él sentirse bien, muy bien.

Tu bebé espera todo esto de ti, y viene armado con habilidades que lo ayudarán a seducirte.

De manera que cuando le des el pecho, cuando le tomes en brazos, cuando le hables, procurará mirarte a los ojos con esa mirada profunda y atenta que te enamorará sin poder evitarlo...

Y a partir de ahí, estando junto a ti, experimentará nuevas sensaciones: de hambre, de frío, de ganas de hacer caca o pis, el hipo, el estornudo, otras voces, otros ruidos, otras caras, otros olores. Y si algo le genera estrés, se recuperará rápidamente porque estará contigo. Volverá a sentirse feliz.

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¿Cómo sienten los bebés?

Y es que tu hijo recién nacido tiene sensaciones y emociones: es una persona.

  • Es capaz de sentir bienestar y desesperación, frío y calor, hambre y saciedad, de sentirse desprotegido o completamente seguro y querido.
  • Él vive y siente solo el presente. No recuerda el pasado ni puede pensar en el futuro.
  • No tiene pensamientos racionales pero sí memoria emocional. Lo que siente, lo que vive día a día se almacena en un área de su cerebro emocional: el hipocampo.
  • Cuando duerme, en la fase de sueño superficial, sueña. Si le observas mientras lo hace, le verás sonreír o hacer pequeñas muecas.
  • Sin embargo, el recién nacido no es capaz de calmar su angustia o su estrés por sí mismo. Aún no sabe autorregularse. Te necesita para hacerlo.
  • Porque tu hijo o se siente bien o se siente mal, no tiene término medio.

Se trata, por lo tanto, de que esté bien, porque si no, puede sufrir. Y la mejor manera de lograrlo, sin duda, es practicar el piel con piel.

Sobre tu cuerpo puede satisfacer todas sus necesidades básicas: calor, alimento y protección. Eso contribuye a su desarrollo físico y emocional.

Por eso no es extraño que muchos recién nacidos se tranquilicen y se duerman profundamente cuando los colocamos sobre el cuerpo desnudo de su madre. En los brazos del padre también se siente protegido.

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La experiencia del tacto en los bebés

Una parte muy importante de la comunicación del recién nacido con sus padres ocurre a través del tacto.

El bebé dispone de unos 50 receptores del tacto por centímetro cuadrado de su piel, unos cinco millones en toda la piel. Entre ellos hay receptores de la presión, del dolor, de la vibración y de los cambios de temperatura. Es en las manos y alrededor de la boca donde más se concentran.

Cuando lo tomes en brazos sentirá esa presión agradable, firme pero cariñosa, el calor de su madre, en definitiva, tu amor a través de la piel. Si tú estás nerviosa y preocupada, sus receptores de presión captarán tu tensión. Si por el contrario, estás relajada, también lo estarán tus músculos, lo que le tranquilizará.

El padre tiende a tomar al niño en brazos con más vigor que la madre, y suele zarandearlo suavemente, obteniendo una expresión de excitación en su carita. Las caricias suaves, como palmaditas lentas, ejercen un poderoso efecto calmante sobre el bebé inquieto. Las rápidas lo estimulan si está tranquilo.

Además, acariciar su espalda no solo es un gesto dulce que te permitirá calmar al bebé, te relajará a ti también. Este tipo de contacto es tan intenso y poderoso que consigue que el cerebro de la madre segregue oxitocina, una hormona que nos relaja y que permite tranquilizar al bebé, al mismo tiempo que facilita esa percepción de enamoramiento mutuo.

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¿Por qué el contacto anima su independencia? El establecimiento de un apego seguro

Si tu hijo es feliz, no solo se sentirá muy bien ahora, sino que será más probable que sea feliz el día de mañana.

Si ha establecido una relación de apego seguro contigo, sabe que responderás a sus necesidades, y lo sabe porque lo ha experimentado muchas veces, por lo que llorará menos y se irá haciendo más autónomo y, con los años, más independiente.

El apego seguro permitirá a tu hijo desarrollar las herramientas que necesita para enfrentarse a los retos que le pondrá la vida.

Se ha comprobado que los niños que establecieron una relación de apego seguro con sus madres obtienen mejores resultados en las pruebas de comprensión emocional, habilidades verbales y competencias sociales.

La clave no es que nosotros sintamos que los queremos, sino que nuestros hijos también se sientan queridos por nosotros.

Así ayuda el método canguro

Hace 24 años que oí hablar del contacto piel con piel por primera vez, cuando estaba investigando sobre la lactancia materna en bebés prematuros. De hecho, al principio le llamábamos método canguro.

Me sorprendió que esos bebés tan frágiles se sacaran de las incubadoras y se colocaran desnudos en contacto piel con piel con sus madres.

Me sorprendió mucho, porque en aquella época, en la mayoría de las unidades neonatales de los hospitales españoles, los prematuros permanecían sin salir de la incubadora durante semanas y meses, y no se permitía que nadie los tocara. Sin embargo, ya hacía años que el método canguro se practicaba en Colombia, donde nació, en algunos hospitales de Estados Unidos y en los países nórdicos.

Mis colegas y yo logramos que, en 1994, la primera de nuestras prematuras disfrutara del canguro con su madre. Poco a poco el método se generalizó. Las madres y padres veían a otros aplicándolo con sus hijos y enseguida pedían hacerlo ellos. La instauración de este protocolo coincidió con la de la alimentación del prematuro con leche materna.

Y es que son muchos los beneficios del contacto piel con piel:

1. Regula su temperatura corporal.

Nosotros temíamos que nuestra primera prematura se enfriara o no tolerara bien el proceso, pero su temperatura aumentó hasta los 37 grados y se mantuvo estable todo el rato.

Aprendimos cómo los recién nacidos estaban preparados para disfrutar del contacto piel con piel, cómo aumentaba la temperatura sobre su madre y cómo se recuperaban del estrés del parto.

2. Facilita su agarre al pecho.

También aprendimos que son capaces, por sus propios medios, de acceder al pecho materno y mamar. Incluso habiendo pasado ya el posparto inmediato, esas famosas dos primeras horas, si tenían hambre, se dirigían hacia el pecho y mamaban.

3. Mejora el vínculo con la madre.

Para ella, practicar el canguro representa acercarse a su hijo física y emocionalmente, superar sus miedos, familiarizarse con él y aprender a manejarlo –solo hay que ver sus expresiones y las caritas de los bebés en canguro para darse cuenta–.

Y es que no me canso de repetir que el cuerpo de la madre es el mejor lugar para el bebé.

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