Las emociones enseñan

7 claves para aprender de la experiencia

Anna R. Ximenos

Decía Aldous Huxley que la experiencia no es lo que te sucede, sino qué haces con lo que te sucede. ¿Cómo exprimir las valiosas lecciones de la vida cotidiana?

Desde el punto de vista de la psicología tradicional, durante mucho tiempo se pensó que el aprendizaje era un asunto exclusivo de personas en crecimiento y desarrollo. Actualmente se considera que el aprendizaje no tiene edad, siempre y cuando no exista un deterioro neurológico.

Más aún, hoy en día se acepta que la edad adulta es un periodo de rápido crecimiento cognitivo y no uno de estabilidad o retroceso como se pensaba. También se ha visto que el adulto tiene la potencialidad de desarrollar vías de pensamiento más avanzadas y que está dotado de mayor capacidad dialéctica.

“Una espina de experiencia vale más que un bosque de advertencias” James Russel Lowell, poeta.

Ahora bien, ¿qué significa realmente aprender a través de la experiencia?

Los fundamentos psicológicos del aprendizaje

A priori parece evidente que estas palabras describen un concepto que va más allá del aprendizaje convencional y académico; estamos hablando de un tipo de aprendizaje que conecta directamente con las emociones y la salud emocional.

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Jean Piaget, uno de los teóricos más importantes sobre el desarrollo cognitivo infantil, ya nos explicó, hace años, la importancia de la vivencia emocional en la experiencia del aprendizaje.

Para que un aprendizaje se integre como tal, son necesarios dos momentos: uno inicial en el que se asimila, es decir, cuando nos enfrentamos a una nueva situación desconocida; y un segundo momento, llamado acomodación, en el que aquello desconocido se convierte en significativo y adquiere estatus de permanencia.

Aprender no consiste en apropiarse de conocimientos, sino en adaptar la situación actual a una nueva propuesta de situación.

En este proceso de asimilación - acomodación, necesario para afianzar el aprendizaje, las emociones juegan un papel decisivo.

Claves para aprender de la experiencia

Antiguamente se consideraban poco importantes y siempre se daba más relevancia a la parte racional del ser humano. Actualmente está fuera de toda duda que si logramos conocer y conectar las emociones que experimentamos en el centro de nuestro ser y saber qué es aquello que estamos sintiendo exactamente, podremos vernos de forma más objetiva y aprender de nuestra propia trayectoria vital.

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Querer aprender de uno mismo

Para poder aprender hace falta partir del supuesto de que se puede hacer: aprender a vernos y analizarnos, a interrogarnos sobre nuestra propia vida, sobre nuestros actos y las repercusiones de los mismos.

Por otro lado, no somos seres inscritos en la nada, vivimos en relación, por lo que siempre habrá otras personas y distintas situaciones de las que podamos aprender, con las que podamos medirnos.

Saber observar

Muchos de nosotros conocemos personas que pasan por la vida sin ver nada. Todo habla, pero ellas no escuchan. Para observar hace falta abrir los ojos y mirar a nuestro alrededor para, de este modo, poder vernos.

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Saber escuchar

Si queremos aprender, tenemos que escuchar. Esta es una tarea que, aunque lo parezca, no es nada fácil. Hacerla bien nos puede ocupar la vida entera.

El psicólogo Carl Rogers decía: “Si un ser humano te escucha, estás salvado como persona”.

Formularse preguntas

Solo cuando se realizan preguntas se pueden buscar respuestas. Hay que hacerse preguntas constantemente, poner en tela de juicio lo que hacemos. Hay que cuestionarse lo que a primera vista parece claro e indiscutible. Siempre es bueno interrogarse.

Hacer autocrítica

No hay aprendizaje sin autocrítica. En Occidente, tendemos a realizar un peligroso abuso de la lógica: con frecuencia se trata de una forma de manejar los hechos y su interpretación con el fin de defender aquellas ideas y comportamientos que nos interesan. Sin embargo, para poder aprender hay que romper la lógica racional y estar más abiertos a nuestras emociones.

“Una vida usada cometiendo errores no solo es más honorable, sino que es más útil que una vida usada no haciendo nada” George Bernard Shaw, dramaturgo

Abrirse a las críticas

Este suele ser un excelente camino para el aprendizaje. Las críticas requieren que se genere un clima en el que se pueda expresar libremente la opinión.

Aun así, no todas son certeras y bienintencionadas, por lo que hay que saber valorarlas. Criticar no es demoler, es saber discernir.

Leer incesantemente. Y hacerlo con criterio y actitud crítica. Nos conviene tener nuestra mente abierta y receptiva a cualquier lectura que ensanche nuestro horizonte vital.

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Compartir la experiencia

Explicar y compartir la experiencia propia y escuchar y analizar las experiencias ajenas es un buen camino para el aprendizaje. En la vida podemos cruzarnos con personas excepcionales de las que podemos aprender. Y con otras que también nos pueden enseñar. Nadie es tan pobre que no tenga nada que dar y nadie tan rico que no tenga nada que recibir.

Si aprendemos a querernos a nosotros mismos en cualquier circunstancia, a ser más generosos con los demás, a aceptar los errores y fracasos por muy dolorosos que sean, lograremos ser capaces de seguir aprendiendo y de mejorar nuestras actitudes día a día.

En definitiva, conseguiremos ser más felices.

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