Humor para mantener una pareja feliz

Cómo cultivar el humor en la pareja

La vida de pareja pone a prueba nuestra capacidad para afrontar decepciones, pero también deja aflorar lo mejor de cada uno. El sentido del humor lo facilita.

Begoña Odriozola

Psicóloga

Los recién enamorados actúan como si les hubiese alcanzado un rayo lleno de energía. Miran a su pareja con una sonrisa desarmante, encuentran ingeniosas todas sus frases, ninguna de sus acciones se les antoja vulgar. Años después, esa visión puede caer hecha añicos.

¿Por qué se agrió aquel buen humor? ¿Qué fue de aquella mezcla insólita de tolerancia y receptividad?

La capacidad de reír, de fijarse en lo brillante de una experiencia, de relativizar la importancia de los defectos propios o ajenos, de apreciar la belleza, reside en nuestra mirada.

Siendo así, no es menos cierto que cuando alguien se acerca a sus congéneres con esa actitud, cuando afronta la vida y las relaciones con distensión y optimismo, puede contagiar ese talante a las demás personas.

No existen ni huevos ni gallinas como entes diferenciados. Estamos ante una especie de círculo virtuoso: quien tiene sentido del humor se toma las cosas con swing, y al enfocar las situaciones con ese punto de distancia y de relatividad aumenta su capacidad de maniobra y de convicción.

Conviene hallar el modo de entrar en ese círculo... y todos lo hemos hecho alguna vez.

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El humor es un gran compañero

El sentido del humor destila la sal, la chispa y la gracia que solo uno mismo puede añadir a su vida. Es lo que permite sobrevivir a las tormentas de la existencia y ganar sabiduría con ellas.

El humor evita que el desánimo nos venza en tantos momentos; hace que la tensión propia y ajena se relaje incluso cuando el problema no esté resuelto o no tenga solución.

En el caso de la vida de pareja, el humor ayuda a asumir las decepciones de forma constructiva, a buscar una solución creativa a los conflictos... y a compartir y a apreciar a fondo los buenos momentos.

Winston Churchill dijo: "La imaginación consuela a los hombres de lo que no pueden ser; el humor les consuela de lo que son".

Nadie puede desarrollar sentido del humor y saborear sus amargas ventajas si no entiende y acepta que la vida tiene sus propias leyes, que nada depende enteramente de uno, que la mayoría de las cosas que disfrutamos son fruto de la participación directa e indirecta de muchas otras personas y seres. Tenerlo presente nos hará más humildes y agradecidos.

Todo, sea dentro o fuera de uno mismo, está en constante cambio. Y es el hecho de asumir retos y enfrentarse a las dificultades lo que permite crecer y aprender.

No es difícil encontrar humor en las situaciones humanas más extremas y duras: se ríe en los hospitales, en los tanatorios, en las guerras, en los campos de refugiados... o tras un divorcio. Se ríe con el corazón henchido y con el corazón roto. En todos esos casos, reír ayuda a no perder la cordura.

Pero no se trata solo de no enloquecer. El sentido del humor ayuda también a disfrutar de la vida mientras la tenemos, a ver su lado amable y, desde luego, facilita mucho las relaciones sociales.

Consolidar la relación a través del humor

El sufrimiento, el dolor y la obsesión pueden aislar a una persona y volverla más egocéntrica. El sentido del humor, por el contrario, la abre a los demás y la hace más atractiva.

Quien se relaciona con desenvoltura, sin preocuparse excesivamente por la imagen que dará, la valoración que obtendrá ni cómo adaptarse a lo que cree que se espera de él, puede mostrarse más espontáneo, más relajado y, cómo no, más divertido.

La clave para ello es aceptarse tal como se es, sin desperdiciar energía en un juego de suposiciones y apariencias.

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Una pareja debe ser capaz de comunicarse adecuadamente, cultivar una buena relación de amistad y ayuda mutua, y desarrollar un modo compatible de entender la vida y encarar lo cotidiano.

Consolidar eso a lo largo del tiempo no es fácil. Para que la relación sea rica y satisfactoria se requieren también dos elementos esenciales: una idea global e integrada de pareja o familia, que resista los avatares cotidianos y... ¡mucho sentido del humor para no olvidarlo!

Los poderes del humor

El humor aporta esa comprensión de que dos personas pueden estar juntas y contentas sin necesidad de ser iguales; entendiendo y aceptando que las cosas, el otro, la relación, rara vez son como uno ha planificado o pensado... pero que, si no se planifican, ¡salen mejor!

En la vida de pareja, ser capaces de emplear el sentido del humor ayuda a:

  • Mantener la solidez del vínculo. Reír juntos, reírse de uno y de ambos a la vez, ayuda a sentirse más próximos, más cercanos emocionalmente. La risa, además, nos hace más atractivos a los ojos del otro, con una ventaja añadida: no es posible enfadarse durante mucho tiempo con alguien que nos hace reír. La moderna sexología afirma, además, que las parejas que ríen juntas tienen más relaciones sexuales y de mayor calidad (¡no es un chiste!).
  • Estimular el juego. Conectar con la alegría, desarrollar la capacidad de hallar belleza en las cosas más pequeñas y cotidianas, de dar brillo y color a la vida conyugal... es fácil a través del humor.
  • Expresar sentimientos conflictivos. Cuestiones que podrían generar tensión y ansiedad pueden abordarse de manera más controlada y divertida.
  • Disminuir la tensión. Reír brinda alivio frente a las tensiones; disipa las preocupaciones y la frustración; las emociones negativas parecen desvanecerse... La risa neutraliza las amarguras y el estrés del día. Es posible que el problema no desaparezca pero, al menos, se obtiene esparcimiento y energía para afrontarlo con más posibilidades de éxito.
  • Ampliar la perspectiva. El humor permite verle más matices a la realidad, entender mejor al otro, ser más flexible y tolerante. Ayuda a no tomarse las cosas tan "en serio", como si fueran cuestiones personales; a percibir el lado positivo incluso en medio del malestar. Atenúa la tendencia a fijarse prioritariamente en lo negativo de las experiencias y ayuda a desarrollar una actitud más optimista ante la vida.
  • Elevar el estado de ánimo. El humor minimiza el dolor producido por los desencuentros, malentendidos y discusiones; ayuda a no quedarse atrapado en estados negativos. Paralelamente, se generan otras emociones positivas, como el amor, la esperanza, la alegría...
  • Resolver problemas. El sentido del humor mejora la predisposición de ánimo para centrarse en los recursos psicológicos y en las habilidades y capacidades positivas propias y ajenas. Eso facilita mucho encarar los problemas, definirlos y buscar soluciones consensuadas.
  • Conocerse y adaptarse mejor. A veces una persona se puede quedar atrapada en su empeño por querer cambiar a la pareja, obstinada en que entienda que las cosas deberían hacerse como ella dice, o rabiando porque el otro es diferente a como se pensaba. En estos casos, el sentido del humor, con la perspectiva y amplitud de miras que proporciona, nos hace más compasivos y permite una mayor aceptación mutua.

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El humor es una recompensa cerebral

Las investigaciones sobre los distintos estados cerebrales que se producen en los momentos de bienestar han hallado que la risa y el humor activan el llamado "sistema de recompensa", es decir, las mismas zonas cerebrales que se estimulan con el amor y otras experiencias placenteras, así como con el consumo de ciertas drogas.

Eso explica por qué tras un episodio de intenso humor experimentamos una sensación de euforia y nos sentimos más energéticos.

A su vez, se sabe que la capacidad de reír está relacionada con la zona prefrontal de la corteza cerebral –la parte más evolucionada del cerebro humano–, encargada de procesar todas las secuencias de acontecimientos y de establecer relaciones entre distintas actividades y sus consecuencias.

Por eso el sentido del humor tiene mucho que ver con la capacidad de ser creativo con los conceptos, de hacer una asociación inesperada entre dos ideas o situaciones que en teoría no deberían tener relación, y con la capacidad de ver las cosas con una óptica totalmente diferente a la habitual.

Por esta razón, quien desee desarrollar un buen sentido del humor tiene que ser capaz de "soltarse", empezar a no tomarse las cosas tan en serio (que no es lo mismo que a la ligera), estar dispuesto a aprender intensamente de todas y cada una de las lecciones de la vida, arriesgarse a ser más flexible, a dejar de aferrarse al control, a confiar más en que, tarde o temprano, encontrará el modo de salir de apuros.

Más allá de la ironía

Dentro del humor, por supuesto, existen categorías. Una pareja puede recurrir al humor para expresar agresividad, hostilidad o afán de dominio.

Pocas cosas hay más cercanas al resentimiento y más alejadas de la autocrítica que una frase sarcástica. Es fácil que el destinatario replique con otro comentario hiriente en vez de con una sonrisa.

La ironía implica un grado mayor de refinamiento. Bordea un terreno resbaladizo y puede decantar la balanza hacia el buen o el mal humor, en función de las personas, el tema, las circunstancias...

La ironía saca a la luz cuestiones conflictivas y pone a prueba la capacidad para afrontarlas con madurez y amplitud de miras. El tono es crucial en el humor. Un atinado aforismo de José Camón Aznar dice: "Buen humorista: la frase puede ser verdad con solo cambiar el tono".

En este caso la entonación dulcifica el mensaje, le quita su posible aguijón. Con un tono adecuado –impregnado de amor y humanidad– podemos soltar una frase lapidaria que provoque risa en la pareja. Pero esas mismas palabras podrían ser también motivo de llanto, pues quizá describen una situación con un componente dramático.

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¿Sexo sin humor? ¡No gracias!

Cuando los psicólogos y sexólogos preguntan a sus clientes qué les atrajo de su pareja, la mayoría de respuestas que obtienen son: "su simpatía", "me hacía reír", "su sentido del humor"...

Al indagar en parejas más veteranas, como las que se mantienen satisfactoriamente unidas veinte años después, la respuesta unánime, aunque no única, es: "el sentido del humor".

¿Quién quiere estar con alguien con el que no puede reírse? Pero si al principio nos reíamos, nos esforzábamos por agradar y hacer reír al otro... ¿por qué puede resultar tan difícil después?

Vivir en pareja aporta una estabilidad emocional y una dulce familiaridad que por otro lado puede constituir una trampa.

Si una pareja se deja llevar por esa comodidad, por la tranquilidad de lo rutinario en sentido positivo, si empieza a darlo todo por sentado y sobreentendido, la ilusión se extingue. Eso merma también el deseo sexual, que en algunas personas desaparece del todo.

Ninguna pareja recupera el deseo sexual y logra la satisfacción en ese terreno más íntimo si no vuelven a reír juntos y por separado de las alegrías y de las dificultades. Porque, de hecho, qué es el sexo sino el juego desinhibido, espontáneo y entregado de dos almas metidas en dos cuerpos que se aceptan mutuamente tal como son –cuya piel posee la hermosura de lo liso, lo rugoso, lo suave, lo seco, lo frío, lo cálido–.

Dicen que el sexo, sin amor, no es lo mismo pero, en la cama, estimula más una risa que una promesa romántica y, si no, ¡hagan la prueba!

Una forma eficaz y humana de seducir

Reírse sinceramente de uno mismo no resulta amenazador para la pareja, por lo que no contribuye a avivar ningún fuego abrasador (no, ¡no se trata de sexo!).

Quien lo hace está demostrando seguridad, autoestima, inteligencia y creatividad mental, las cuales, en sí mismas, ya constituyen una fuente de atractivo personal y erótico. Implícitamente, la persona viene a decir: "no, yo tampoco soy perfecto, pero ¿qué tal si hacemos un guiso con nuestras imperfecciones mutuas?".

Alguien capaz de aceptar sus propios defectos también puede mostrar comprensión por los de su pareja o, como mínimo, no desesperar. Y si el otro se siente comprendido y aceptado, ¡ya está desarmado! ¿Quién puede resistirse a ello?

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A reír también se aprende

El humor es como el sueño: surge espontáneamente en las condiciones adecuadas. Para estimularlo es conveniente:

  • Saber gestionar el estrés y la ansiedad. Esmerarse en todos los frentes: físico (respiración, relajación, ejercicio, sueño), psicológico (planificar el tiempo, distinguir entre lo esencial y lo accesorio, entre lo que depende de uno y lo que no), espiritual (recordar que estamos "de paso").
  • Cultivar una actitud positiva. Al final del día, antes de acostarse, buscar una cosa buena que se haya aprendido; una de la que se haya disfrutado y otra de la que sentirse orgulloso, riéndose o no de ello.
  • Aceptarse como persona única y especial, dotada de virtudes y defectos, con toda la potencialidad para vivir con felicidad y plenitud.
  • Cuidar a los amigos. Pasar tiempo con ellos, abrirse a conocer gente de muy distinta procedencia y personalidad.
  • Preguntar mucho y escuchar más. Buscar ocasiones para reírse y rodearse de personas optimistas y alegres, con objetivos personales, de quien se pueda aprender y a quien se pueda aportar algo.
  • Hablar de lo que os apasiona y de lo que os ha hecho reír o sonreír durante la jornada. Evitar compartir únicamente las dudas y los miedos con la pareja.
  • Reírse de uno y de lo que sucede. Si fuéramos el guionista de una serie televisiva, ¿qué momento del día elegiríamos por su comicidad?
  • Ser asertivos. Es decir, aprender a expresar los sentimientos y deseos; a defender los propios derechos sin herir a los demás pero con un estricto respeto hacia uno mismo.
  • Jugar, bailar, permitirse ser espontáneo. ¿Qué puede pasar? ¿Qué se haga el ridículo? ¡Hay quien cobra por ello!

Tres libros para entender el humor

  1. Amor y humor; Eduardo Jáuregui, Ed. RBA
  2. El chiste y su relación con lo inconsciente; Sigmund Freud, Alianza Editorial
  3. The Psychology of Humor; Rod Martin, Elsevier Academic P.

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