Resistencia aprendida

Cómo la infancia pudo marcar mi carácter y de qué forma cambiarlo

Carmen Vázquez. Psicóloga y psicoterapeuta gestáltica.

Nuestra identidad se forma en los primeros años de vida por contacto con nuestras figuras de referencia. De cómo somos con ellas y de cómo dicen ellas que somos surgen las tendencias de nuestra personalidad: sumisa, resiliente, dominadora o humana. ¿Qué rasgo predomina en ti? Descúbrelo.

La resistencia entendida como “el equilibrio necesario entre dos fuerzas o tensiones opuestas”, es un concepto muy poco estudiado y elaborado en psicología y en psicoterapia. Sin embargo, Laura Perls, una de las creadoras de la terapia Gestalt, insiste en la importancia de su estudio y de sus aplicaciones en el campo del bienestar y del desarrollo humano. Y es que, gracias a la resistencia, las personas formamos nuestra individualidad, identidad y personalidad.

Esta resistencia individual se forja en la infancia y de ella depende en buena parte nuestra personalidad. ¿Cómo te marcó a ti el equilibrio de fuerzas durante tu infancia a tu resistencia? ¿Cómo ha afectado eso a tu forma de entender el mundo y relacionarte con él? Con un sencillo test puedes averiguarlo para intentar cambiar lo que no te guste.

Resistencia: cómo se forja el molde de nuestro ser

Cuando oímos la palabra resistencia, generalmente la asociamos a “defensa”, y esta siempre implica un ataque. Pero su significado no se refiere solo a algo de lo que tengamos que defendernos. La resistencia, en términos de física, es un fenómeno necesario para el equilibrio y el mantenimiento de la forma; podríamos definirla como “la acción de contrarrestar una fuerza”. Por tanto, siempre, en la resistencia, hacen falta dos elementos que se opongan entre sí.

A fin de entender mejor a qué nos referimos cuando hablamos de la resistencia aplicada a las personas, pensemos en los elementos necesarios para hacer un bizcocho, unas galletas o un flan: una masa, generalmente cremosa (no sólida); un molde que la contenga mientras se cuece en el horno con el calor adecuado y, por último, un tiempo decocción. Los mismos elementos necesitará un alfarero para hacer sus jarras, jarrones o tazas; o quien fabrica piezas metálicas como tornillos, tuercas y planchas.

Estos ejemplos se basan en el concepto de resistencia entre el molde y la materia a la que dará forma: gracias a este “equilibrio de fuerzas”, obtenemos unos objetos que identificamos con claridad, nitidez, solidez, forma y volumen.

Por analogía, podríamos decir que, al nacer, somos esa masa y que nuestros primeros moldes fueron aquellas personas emocionalmente importantes durante nuestros primeros años de vida.

Artículo relacionado

adolescencia retos transformacion

Los 6 grandes retos de la adolescencia que dan forma a nuestra personalidad

Test para saber cómo influyeron en tu forma de ser

Nuestros padres, hermanos y el resto de las personas con las que nos relacionamos mientras somos pequeños nos ofrecen vivencias con las que experimentamos y conformamos nuestros contornos y límites. El resultado es, poco a poco, nuestra imagen corporal y nuestra forma de ser o personalidad. Para comprobarlo, solo debemos responder en una hoja de papel a dos preguntas básicas:

  • “¿Cómo soy?”

En la respuesta incluiremos aspectos tanto físicos como psicológicos con los que nos identifiquemos o que los demás identifiquen con nosotros. Por ejemplo, si somos responsables, imaginativos, distraídos, cariñosos, malhumorados, un poco gorditos (incluso cuando objetivamente no lo seamos), tercos como una mula… La lista puede ser tan larga como queramos.

  • “¿Quién y cómo me lo decían?”

Para contestar, deberemos recordar qué personas en nuestra infancia se referían a nosotros directa o indirectamente y de qué manera lo hacían (cómo era su tono de voz, la expresión de su cara…). Se trata, por ejemplo, de evocar cómo se expresaban nuestros padres cuando hablaban de nosotros a otras personas.

Identficar nuestro patrón de comportamiento

Las respuestas a estas cuestiones hablan de la resistencia que hemos tenido que ejercer para conformar nuestra identidad y nuestra personalidad. Lo ideal sería que hubiese un “equilibrio de fuerzas” entre nosotros y nuestros padres, esto es, la medida justa de la socialización y de la educación. Pero no siempre es así. Por eso, a veces se dan algunos desequilibrios que originan patrones de comportamiento a lo largo de nuestra vida.

Apartir de nuestras respuestas a las preguntas de “¿Cómo soy?” y “¿Quién y cómo me lo decían?”, podemos clasificar nuestras características en alguno de estos cuatro tipos de personalidad.

  • El sometido

Si nuestros padres fueron demasiado enérgicos y rígidos, forzaron en muchas ocasiones nuestra capacidad de resistir, quebrándola.Esto hizo que nos sometiéramos a sus presiones y, como resultado, tengamos poca o ninguna iniciativa, seamos dependientes y, generalmente, sumisos. Estaremos pendientes de las necesidades y deseos de los otros, tratando de complacerlos.

  • El resiliente

Si de pequeños vivimos situaciones de riesgo para el equilibrio psicológico, y la soledad y la privación emocional fueron habituales, puede que hayamos desarrollado un endurecimiento hacia las peticiones y deseos de los demás. Hemos crecido siendo rebeldes, temerarios, pendencieros y provocadores, buscando el desacuerdo y las peleas.

  • El dominador

Si nuestros padres no opusieron resistencia a nuestros deseos, porque no sabían poner límites, hemos crecido sintiéndonos superiores a los demás e imponiendo nuestras necesidades y voluntad a cuantos nos rodean. El egoísmo y la insensibilidad son nuestras características dominantes.

  • El humano

Con el equilibrio entre nuestros padres y nosotros mismos crecimos sabiendo reconocer qué necesidades y deseos podemos satisfacer y cómo podíamos hacerlo. Así pues, sabemos ceder a algunos deseos de los demás, comprometernos y respetar al otro, hablar y negociar. Nos afecta el dolor y el sufrimiento ajenos. Somos solidarios aunque nos ocupamos también de nuestras necesidades y de nuestra felicidad.

Artículo relacionado

etiquetas infancia marcan personalidad

Quítate la máscara

Qué hacer con los resultados

Una vez que hayamos terminado, seguramente nos haremos una idea de cómo nos ha conformado nuestro pasado y de quiénes somos hasta ahora. Llegados a este punto, puede que nos preguntemos si es posible el cambio. Pero nada es definitivo en la personalidad. Psicológicamente, las personas somos muy flexibles.

Nuestro pasado no nos endurece de tal forma que no sea posible la transformación.

No importa la edad, ni la situación social, ni ninguna circunstancia interna o externa. Siempre existe la posibilidad de cambiar lo que no nos gusta de nosotros mismos.

Cuando no cambiamos es porque no hacemos lo adecuado y porque seguimos manteniendo las mismas pautas de resistencia en nuestras relaciones adultas, día tras día.

Nada es determinante. Cualquier característica psicológica de nuestra forma de ser es modificable; por eso es tan importante el autoconocimiento y la aceptación de que, si nos lo proponemos, podemos cambiar. Fritz Perls, padre de la terapia Gestalt, decía: “lo que importa no es lo que han hecho de nosotros en el pasado sino lo que hacemos nosotros, en el presente, con lo que han hecho de nosotros en el pasado”.

En realidad, podemos llevar a cabo unas sencillas tareas específicas para cada uno de los distintos tipos de resistencia. Al poco tiempo, notaremos pequeños cambios que nos llevarán a otros y así sucesivamente hasta ser quien, de verdad, queremos ser.

  • Para el sometido.

Pide a una persona cercana que te acaricie o te dé un masaje, de modo que sientas tu piel y el tono de tus músculos. Practica también el decir “sí” o “no”, según sean tus deseos y necesidades. Finalmente, regálate cada día un pequeño capricho que sea solo para ti.

  • Para el resiliente.

Date, de vez en cuando, un baño de espuma con el agua muy caliente y siente cómo todo tu cuerpo se afloja. piensa en alguien que sepas que te aprecia y, mentalmente, agradéceselo. Y, por último, ¿puedes pensar en algo que te haría llorar?

  • Para el dominador.

Acaricia a tus seres queridos y siente su piel. Sorprende con algún detalle a una persona cercana y experimenta cómo te sientes. Pregúntale a alguien qué puedes hacer por él y hazlo.

  • Para el humano.

Continúa como ahora; sigue disfrutando con el dar y el recibir, tanto física como emocionalmente.

Todo esto es solo el esbozo de un campo de estudio y de análisis fascinante. Se trata simplemente de una pequeña muestra de la importancia de la resistencia en nuestra vida, pero también de cómo está en nuestras manos la posibilidad de cambiar lo que no nos guste.

¿Deseas dejar de recibir las noticias más destacadas de cuerpomente?