Negocia con tu juez

¿Cómo te juzga tu voz interna?

Carmen Vázquez

Todos conocemos esa voz interna que juzga nuestras acciones y pensamientos. A veces nos ayuda a adaptarnos al mundo, pero otras se convierte en un juez severo que nos condena a la rigidez. Cuando esto sucede, ha llegado el momento de sentarse a hablar con él con sinceridad.

Somos seres sociales y estamos hechos para vibrar y reaccionar a todo lo externo a nosotros. Por lo tanto, además de pensar en nosotros mismos como seres individuales e independientes, es imprescindible –e inevitable– concebirnos en términos de interrelación. Nuestras emociones no pueden desarrollarse sin la relación con los demás: miramos hacia nosotros y hacia el exterior.

Nuestro “juez interno” es una especie de árbitro que hace de filtro entre nuestra percepción interior y el mundo exterior. El juez interno es quien juzga, analiza y determina nuestros comportamientos, nuestras opiniones y nuestras necesidades. Este juez, que se forma durante nuestra infancia, puede ayudarnos o condenarnos. Debemos negociar con él.

¿Miras hacia dentro o hacia fuera?

Los seres humanos somos, por encima de todo, creadores de nuestra realidad. Para sobrevivir a nuestro entorno en las mejores condiciones, somos capaces de hacer ajustes creativos a lo largo de toda nuestra vida. Los primeros ajustes creativos los hacemos durante nuestra infancia, cuando aprendemos recursos y estrategias en nuestro medio familiar y social para poder sentir que pertenecemos a nuestra familia –con sus características y “manías”–, pero que también somos nosotros mismos, formando nuestra personalidad como reacción a ese entorno y dentro de nuestras posibilidades.

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Estos ajustes creativos se pueden clasificar en dos grandes bloques: los ajustes fijados en el polo de lo externo y los fijados en el polo de lo interno. Cada uno de estos bloqueos, fijaciones o rigideces organizan aspectos característicos de nuestra personalidad que nos hacen dirimir el significado de los acontecimientos de una manera típica y nos dan una explicación un tanto sesgada del mundo. Con esta explicación de nosotros mismos y del mundo actuamos y vivimos.

  • Una persona fijada básicamente en la “mirada externa”. Suele ser complaciente, servicial y totalmente entregada a los demás. Su realidad, su modo de captar el mundo, es siempre en base a quienes le rodean, en función del punto de vista, los deseos y las necesidades de los demás. Siempre está de acuerdo con lo que dicen y necesitan los demás y, en casos muy extremos, carece de criterio y de vida propia. La infancia de esta persona está caracterizada por la falta de atención de los adultos de la familia. Siempre hubo alguien que tenía más necesidades, un padre, un hermano o un familiar cerca no muy enfermo o necesitado.

Ha crecido aprendiendo a dejar a un lado sus sensaciones y sus necesidades para atender y colaborar con el familiar enfermo. Su único polo de referencia es la “mirada hacia fuera”.

  • A las personas fijadas en la mirada interna, les sucede lo contrario. Es fácil deducir que quien solo tiene ojos para sí mismo es una persona egocéntrica, que únicamente tiene en cuenta sus necesidades, sus deseos y sus criterios. Ellos son el único eje de su realidad. Este tipo de personas crecen siendo el centro de atención de sus familias o de uno de sus progenitores, principalmente la madre, que se desvive por atender y complacer las demandas de su hijo, por caprichosas que sean.

Esta persona en su vida de adulto hará de sí misma, sus necesidades y sus deseos el eje de su vida y de cuantos le rodean.

Esta falta de ritmo en el baile entre mirada interna y mirada externa necesita ser compensada, y siempre lo va a ser de un modo creativo. ¿Y quién se encargará de ello? Nuestro “juez interno” es la figura que trata de equilibrar esas miradas. Nos juzga, nos analiza y nos determina.

Qué nos dice la voz interna

Estamos hechos para este ritmo de ir y venir de lo externo a lo interno, y cuando hemos aprendido a estar fijados en uno de los polos, el juez interno se encarga de recordarnos cuál es “nuestra obligación”, como un modo de reforzar el ajuste creativo que hicimos en nuestra infancia y mantenerlo activo a lo largo de nuestra vida.

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Las personas fijadas básicamente en el polo externo, cuando experimentan una necesidad o un deseo personal, “escuchan” la voz interna que les recuerda que si piensan en ellos, posponiendo o no atendiendo a los que le rodean, son egoístas, miserables y malas personas.

A las personas fijadas en el polo interior, esta voz interna se encarga de recordarles que cada uno va a lo suyo, que si no nos ocupamos de nosotros nadie lo hará, o que la gente no es agradecida, por lo que no merece la pena ocuparse de ser atento con nadie. La intención inicial del juez es ayudarnos a que nos adaptemos a nuestro entorno.

Lo que sucede es que el entorno, nuestras necesidades y nuestra propia identidad cambian a lo largo de la vida, y el viejo juez puede dictar algunas sentencias que no nos resulten precisamente favorables, sino que nos condenen a la fijación y la repetición.

Cuando esto sucede, es hora de sentarse a hablar con él y renegociar nuevas leyes, más flexibles y actualizadas, que no obedezcan a mandatos caducos, sino que amplíen nuestras posibilidades de libertad personal.

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Cómo renegociar las leyes con tu propio juez

Los desencuentros con nuestro juez interno son una buena oportunidad para revisar valores y conductas y restablecer el equilibrio entre la mirada externa y la interna. Este ejercicio puede ser un buen punto de partida:

  1. Recuerda algo externo de lo que disfrutes realmente: música, paisaje, lectura... Date cuenta de las sensaciones físicas que experimentas y de lo que piensas y sientes al atender a tu elección.
  2. Ahora piensa en alguien a quien te sientas vinculado emocionalmente. Hazte consciente de las sensaciones que te crea, de lo que esperas de esa persona y qué espera ella de ti habitualmente.
  3. Contrasta las sensaciones y sentimientos producidos por tu primera elección con las sensaciones y sentimientos creados al pensar en la persona elegida. ¿De qué modo interfieren entre sí? Escucha las conclusiones de tu juez interno y los argumentos que te da sobre cómo decidir entre tus necesidades y las de los demás. Este baile de lo externo a lo interno te permitirá extraer una conclusión sobre cuál es el predominio de tu fijación y cómo actúa tu juez para tratar de afirmarte en uno de los polos en lugar de permitirte el balanceo entre ambos.
  4. Descubierto cómo actúa tu juez interno, deja de atender sus consejos y trata de experimentar cómo sería tu vida fijado en la otra polaridad. Explora tus sensaciones y sentimientos. ¿Cómo cambiaría tu vida si fuera así para siempre? Cuando tengas claro tu auténtico deseo, céntrate en los pasos necesarios para alcanzarlo y recuerda que la verdadera satisfacción está en el equilibrio entre el deseo de uno mismo y el de los demás.

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