Hablar sin palabras

Los niños son maestros del lenguaje no verbal: ¿cuidas el tuyo?

Ramón Soler

El lenguaje gestual y corporal muestra deseos, necesidades y emociones. La forma en la que los padres lo utilizan puede influir en cómo somos en la edad adulta.

Los gestos, las expresiones faciales, la postura corporal o la mirada, conforman el lenguaje no verbal, una forma de comunicación que complementa a la palabra y que dice de nosotros mucho más de lo que pensamos.

De hecho, Barbara y Allan Pease, en su mítico libro El lenguaje del cuerpo, afirmaban que la mayor parte de nuestra comunicación es no verbal.

Este tipo de lenguaje intuitivo, irracional y automático, se halla codificado en nuestro cerebro más primitivo.

Pensemos que, evolutivamente hablando, el lenguaje no verbal apareció de mucho antes que el verbal.

Para nuestros antepasados homínidos, el poder captar las intenciones de los animales que habitaban en su zona suponía una cuestión de vida o muerte. Leer los gestos de los depredadores les ayudaba a decidir, en fracciones de segundo, si iban a ser atacados o no.

La especial sensibilidad de los niños al lenguaje no verbal

Seguro que has notado que los bebés se sienten muy cómodos con algunas personas, mientras que con otras se muestran inquietos e intranquilos.

Evidentemente, los niños reaccionan ante los diferentes tonos de voz, pero gran parte de este sexto sentido de los bebés para “filtrar” a las personas también se debe a su capacidad para captar el lenguaje no verbal.

En nuestra especie, los cachorros humanos se muestran especialmente receptivos al lenguaje no verbal.

Durante los primeros 6 o 7 años de vida, en los que aún no se ha desarrollado del todo el pensamiento racional, el cerebro medio, el intuitivo, es el que predomina y, precisamente, ahí es donde se procesa el lenguaje no verbal.

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Por este motivo, debemos prestar especial atención a cómo nos comunicamos gestual y corporalmente con los niños.

Los gestos o las miradas que utilicemos pueden impactarles tanto o más que las palabras. Tengamos en cuenta que, cuanto más pequeños, más emocionales e intuitivos son, por lo que el lenguaje no verbal deja mucha más huella, en ellos, que las palabras.

Esta especial sensibilidad hacia los gestos puede influir positiva o negativamente en la psique de los niños.

  • Si cuidamos nuestro lenguaje no verbal, conseguiremos reforzar la confianza de nuestros hijos en nosotros, lo que nos ayudará a mantener con ellos una comunicación fluida y sana. Una mirada amable y una postura acogedora hace que sientan cariño y cercanía.
  • Sin embargo, un niño también puede percibir que los padres siempre van con prisa y apenas se paran a mirarles a los ojos, y pueden asimilar ese estrés como la forma natural de afrontar la vida.

La violencia invisible del lenguaje no verbal

En mi consulta, muchas personas me explican que sus padres nunca les pegaron ni les gritaron porque “con una mirada, te dejaban paralizada”. Imaginemos cómo se debe sentir de vulnerable un bebé o un niño pequeño al recibir una mirada tan cruel de la persona que ama y tiene que proteger su vida. Obviamente, esto deja huella en los adultos.

A este tipo de manipulaciones y control a través del lenguaje no verbal, al no ser tan llamativas, no se les da tanta importancia como, por ejemplo, a un bofetón, porque no dejan una huella física. Sin embargo, el efecto sobre la personalidad de una persona puede ser igual de demoledor.

Las criaturas que viven a diario este control no verbal terminan adaptándose a lo que los mayores esperan de ellos y, cuando crecen, se convierten en verdaderos especialistas en leer el lenguaje no verbal para responder, automáticamente, a los deseos de los demás. Es posible que nos sintamos identificados con esta conducta.

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Para evitar que nuestros hijos sigan este mismo camino, debemos prestar especial atención a nuestra actitud a la hora de comunicarnos con ellos, no solo para no dañarles, sino también para ayudarles a que su infancia transcurra tranquila y libre de tensiones.

Nuestro lenguaje no verbal (cómo les miramos, de qué forma nos acercamos a ellos...) resulta una herramienta indispensable para que puedan sentirse queridos y protegidos, lo que les facilitará el poder desarrollarse libres.

Cuidar la comunicación no verbal también es importante con otros adultos

  • Cuando alguien se enfrenta a una situación complicada, puede percibir mucho más con un gesto, con una mirada o con un abrazo, que con la palabra.
  • A veces, en la vida, saberse acompañados y queridos puede ayudarnos mucho más que una profunda charla.
  • Un gesto amable, de comprensión, de amor, de ternura, puede llegar a ser mucho más valioso que todas las palabras del mundo.

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