Cultura de la violación

¿Cómo intentan justificar sus actos los violadores?

Manuel Gámez-Guadix

Tras una violación, los agresores suelen buscar justificaciones tópicas para minimizar o relativizar las consecuencias de sus actos.

Existen procesos psicológicos que empleamos para justificar actos reprobables, y que operan especialmente en situaciones grupales.

Pautas habituales de autoexculpación

Estas justificaciones buscan protegerse psicológicamente racionalizando acciones que son difíciles de justificar. Entre estos procesos cabe identificar:

Difusión de la responsabilidad, desindividualización y percepción de anonimato

Las personas tienden a implicarse en comportamientos agresivos cuando otros miembros del grupo también lo hacen; piensan que la responsabilidad no recae en uno mismo.

En este sentido, la acción grupal promueve una mayor percepción de anonimato y una menor autorregulación del propio comportamiento.

Etiquetaje eufemístico

Les permite reformular los hechos violentos de una manera aparentemente positiva a través del lenguaje. “Era solamente un juego”, “fue una relación sexual consentida” o “los hombres tienen impulsos sexuales que no pueden reprimir”.

Minimizar las consecuencias de la violación

Pensar que las consecuencias de la violación son menores de lo que realmente son. Ideas como “no tiene importancia” o “no le va a pasar nada por esto”.

Culpabilización y deshumanización de la víctima

Los agresores desplazan la responsabilidad a la víctima para justificar su conducta: “ella también lo disfrutó”, “en el fondo ella también quería”, “era muy promiscua...”. También piensan que la víctima no experimentará emociones o traumas como consecuencia de la agresión.

Todas estas excusas y justificaciones surgen de la interacción entre factores individuales y sociales.

A nivel individual, la baja empatía y la impulsividad son elementos claves.

A nivel social, las actitudes machistas que justifican el "derecho" a humillar a la mujer, junto con la percepción de que son compartidas y reforzadas por otros hombres, son la "tormenta perfecta" de las violaciones.

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