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El tesoro oculto de las crisis

Demián Bucay

Cuando admitimos estar atravesando una ‘crisis’ suele acompañarnos una lamentación. Pero toda crisis no es más que una transición hacia un nuevo lugar, y la buena noticia es que puede ser mucho mejor.

En el mundo actual, con sus vertiginosos cambios, sentimos con frecuencia que la forma en la que estábamos acostumbrados a manejarnos ha dejado de funcionar. Además, existen momentos vitales en los que debemos enfrentarnos a que nuestras ideas, valores y conductas ya no resultan útiles.

Es en esos momentos cuando hablamos de estar atravesando una crisis: un intervalo durante el que lo que creíamos saber parece haberse transformado en ignorancia y todavía no hemos encontrado nuevos modos ni nuevas ideas. ¿Cómo enfrentarnos a este proceso de transición?

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La leyenda de Huangdi, el emperador

Cuenta la leyenda que el emperador más grande de toda la historia de China fue Huangdi, conocido como el Emperador Amarillo.

Huangdi nació en un tiempo en el que China todavía era un mosaico de pueblos y tribus dispersos por todo el territorio. Las ancianas decían que Huangdi había sido concebido mientras su madre era aún virgen, fecundada por un rayo.

El pequeño Huangdi creció muy rápidamente, y aprendió a caminar, a hablar, a montar a caballo y a utilizar la espada y la lanza con asombrosa facilidad y gran destreza. Pero, además, el niño tenía otros dones, pues parecía que podía conversar con los espíritus de la naturaleza.

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El oso negro

Un día sucedió que el jefe de la tribu murió en una cacería. Dado que no estaba claro quién debía ocupar su lugar, muchos apuntaron a que fuera Huangdi, sosteniendo su origen divino. El chamán de la tribu, que codiciaba para sí mismo el puesto vacante, adujo que Huangdi no había atravesado la ceremonia de iniciación y que, por lo tanto, era todavía un niño. Pero Huangdi tenía ya trece años y los ancianos de la tribu exigieron que se le iniciara.

El chamán, que era el encargado de leer en el humo sagrado qué prueba de iniciación debía atravesar cada joven, prendió las brasas rituales y, aunque no veía claramente los símbolos, proclamó con voz grave aquello que sabía que pondría fin al destino de Huangdi: “¡El oso negro!”.

Todos en la tribu se quedaron horrorizados ante el anuncio del chamán, pues sabían que no había animal más temible y poderoso que aquel, y estaban seguros de que un muchacho de la edad de Huangdi jamás podría derrotar a un oso negro en combate. Sin embargo, la palabra del chamán era inapelable, así que el joven Huangdi fue enviado a los bosques con la orden de no regresar hasta que no tuviera prueba de su enfrentamiento con el oso.

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Huangdi partió y, por varios días, nadie tuvo noticias de él. En la tribu, muchos lo daban ya por muerto, mientras que otros opinaban que seguramente habría huido. Finalmente, al atardecer del cuarto día, la figura de un oso apareció en el horizonte. Los aldeanos temieron por sus vidas, pero, cuando la figura se acercó aún más, pudieron comprobar, sorprendidos, cómo, encaramado sobre el oso, iba Huangdi.

Al llegar al poblado, el joven descendió del animal y le acarició la enorme cabeza ante las miradas incrédulas de todos y el gesto disgustado del chamán. Quedó claro que Huangdi había superado la prueba de iniciación, así que ocupó el lugar de jefe de la tribu y recibió el nombre de Señor de los Osos, título que conservaría hasta el día en que, muchos años después, se convertiría en emperador de toda China.

Una etapa de transición

Una crisis no es más que un momento de cambio, un tiempo en el que las viejas estructuras caen y en el que otras nuevas deben tomar su lugar. Pero suele ocurrir que, entre una cosa y otra, hay un tiempo de incertidumbre, un momento en el que parece que nos encontramos en punto muerto: un tiempo en el que lo viejo ya no es; y en el que lo nuevo aún no es; como en la historia de Huangdi, en la que un líder muere y en la que el siguiente todavía no puede ocupar su lugar.

Incluso puede que a veces nos parezca que estamos frente a un desafío demasiado grande, frente a un monstruo invencible que amenaza con devorarnos.

Aliarse con la incertidumbre

Pero es aquí donde la historia de Huangdi puede ayudarnos, pues nos recuerda que en ocasiones las batallas no se ganan oponiéndonos a algo sino aprendiendo a convivir con ello, domesticándolo, convirtiendo lo enemigo en amigo. Si Huangdi hubiese intentado, sin más, matar al oso, lo más seguro es que hubiese terminado muriendo o huyendo, como muchos en la tribu creían.

No se trata de vencer la crisis, pues eso nos deja impotentes frente a algo que es mucho más grande que nosotros. Se trata, más bien, de encontrar una manera de “subir a sus lomos”, de convertirla en nuestra aliada, de aprender lo que tiene para enseñarnos. Si conseguimos hacerlo, nos volveremos, como Huangdi, mucho más sabios y poderosos.

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