Aprender a amar

Un entrenamiento para tu corazón (y no hablamos del músculo)

Pax Dettoni

Si queremos poder recurrir a la inteligencia del corazón, nos hará falta desarrollarla: para ello debemos estar bien provistos de valentía, honestidad y perseverancia.

Usar la inteligencia del corazón no es algo que podamos desear y que automáticamente se cumpla. Aprender a escuchar a nuestro verdadero yo y no confundirlo con las voces de nuestros miedos, o de nuestros prejuicios, o de nuestros apetitos, es un trabajo constante que exige consciencia y, sobre todo, un entrenamiento diario, igual que asumimos que para tocar un instrumento tenemos que practicar y practicar hasta que la música pueda fluir como si no hubiera técnica detrás.

Un entrenamiento para conocernos mejor

Primero somos lentos y torpes, queremos dominar nuestras emociones y pensamientos, pero no siempre podemos. Después, a base de práctica, somos más diestros, y un día lo conseguimos.

Tenemos claro que tenemos que aprender a escribir y a leer, que tenemos que aprender matemáticas, física, geología, biología... pero ¿y aprender a conocernos y a escucharnos? Quizá porque asumimos que ya sabemos hacerlo, vivimos tantas veces atrapados en el miedo, el odio, la frustración...

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El autoconocimiento es una disciplina, requiere de práctica constante para que una vez aprendida fluya en nosotros la capacidad de escuchar a nuestro corazón de una forma natural, auténtica y verdadera. ¿Fácil? Si lo fuera, todos ya habríamos aprendido y viviríamos en armonía con nosotros mismos en sociedades donde reinaría la paz. ¿Es una utopía? ¿Por qué?

Depende de cada uno de nosotros, de nuestro nivel de compromiso con nosotros mismos, con nuestro destino. Podemos convertir nuestra vida en un gimnasio para fortalecer esos músculos que permitirán que nuestro yo alcance su destino, en lugar de caminar por los senderos que otros prefieren.

Los cinco músculos de nuestro corazón

Podemos imaginar que el corazón tiene cinco músculos que hay que entrenar, y que se corresponden con cinco virtudes:

  • La prudencia nos dispone a usar la razón para discernir en toda circunstancia lo que es bueno para nosotros y a escoger los medios justos para lograrlo. Podríamos decir que diferencia la acción del impulso.
  • La justicia consiste en dar a cada uno lo que le corresponde con equidad. Es la voluntad firme de que el prójimo tenga lo que le es debido. Implica un respeto hacia las otras personas y hacia el bien común.

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  • La fortaleza nos asegura que aun en los tiempos difíciles tendremos la firmeza y constancia de actuar movidos por el amor y la confianza. Nos dará la fuerza necesaria para mantener buena cara al mal tiempo.
  • La templanza modera el placer de satisfacer nuestros deseos más instintivos procurando un equilibrio. Nos asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos corpóreos y los mantiene en los límites que creemos saludables.
  • La caridad. Con ella practicamos el amor incondicional. Es la virtud por excelencia y es la que la inteligencia del corazón nos invita a ejercer, haciendo también uso de todas las otras.

Cada situación en la vida es una oportunidad para poner en práctica cada uno de estos músculos (o los cinco a la vez). Si los fortalecemos, aprendemos a amar, aprendemos a amarnos a nosotros mismos y a los demás.

Aprendemos a conectar con el ser que allí habita, el verdadero yo que conoce nuestro destino.

Aprender a amar es un proceso, igual que aprender a escribir o a tocar el violín, y en él necesitaremos aliarnos con la voluntad primero y, después, cuando ya hayamos aprendido, podremos dejar que el amor fluya con naturalidad.

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¿Cómo ejercitar la inteligencia del corazón?

Todos los seres humanos tenemos corazón, por lo tanto, todos tenemos la capacidad de conocer a quien allí habita, es decir, de conocernos a nosotros mismos. Con la práctica podemos hacer de nuestro corazón el dueño de casa y poner nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestras acciones a su servicio.

Cada uno de nosotros tiene un destino y la capacidad de alcanzarlo, solo necesitamos aprender a escuchar la voz de nuestro verdadero yo y seguir sus directrices. La inteligencia del corazón nos ayudará.

Cuando alcancemos esta meta en nuestro quehacer, será difícil que encontremos egoísmo en nuestros actos; es más probable que encontremos auténtica bondad. Como decía Aristóteles: “Solo haciendo el bien se puede ser realmente feliz”.

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Para desarrollarla necesitaremos cinco elementos:

Coraje

En el viaje a nuestro corazón deberemos conocer todo aquello que somos, y es probable que veamos cosas que no nos gusten, que tendemos a juzgar negativamente y que preferiríamos que no formasen parte de nosotros.

El coraje nos ayudará a continuar a pesar del dolor, aprendiendo a no juzgarnos.

Solo conociendo y aceptando lo que somos podremos superarnos, como decía san Agustín. El coraje también nos servirá cuando algunas personas de nuestro entorno nos cuestionen, poniendo en duda que seamos capaces de cambiar. Con coraje tendremos siempre la firmeza para continuar.

Humildad

Cuando decidimos caminar hacia dentro, cuando aceptamos que hay un verdadero yo en nosotros que queremos descubrir y que se manifieste, aceptamos que no lo sabemos todo, que estamos de paso por la vida para aprender. Nos ponemos en disposición de descubrir nuevos aspectos, de desechar antiguas creencias y de cambiar.

La humildad también nos ayudará a ver en cada error un “regalo de los dioses” para mejorar. Nos ayudará a aceptar ser aquello que somos, con todas nuestras limitaciones y sin perder de vista nuestras capacidades. No hay autenticidad sin humildad.

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Perseverancia

Solo con la práctica diaria aprenderemos más y más cómo usar la inteligencia del corazón. Solo con la perseverancia podremos acabar con la costumbre, que es la que nos produce la sordera que nos impide escucharnos a nosotros mismos. Aprenderemos que nada es inmediato y que el trabajo constante da sus frutos a la larga. La voluntad se alimenta con perseverancia.

Honestidad

A veces es muy fácil mentirse a uno mismo, o no escucharse del todo. A veces es más cómodo no hacerse caso. En este proceso la honestidad será nuestra aliada, ya que nos permitirá ver nuestra realidad tal cual es, limpia de aquellos miedos que nos limitan llevándonos al autoengaño.

Con esta honestidad empezamos a poner en práctica algo que será fundamental en nuestro aprendizaje de la inteligencia del corazón: la aceptación sin juicio de aquello que somos.

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Paciencia

Nuestra tendencia quizá sea buscar y esperar rápidos resultados concretos fruto de nuestro trabajo interior. Es probable que, con frecuencia, se nos olvide que estamos en un proceso. Y la característica de los procesos es que no hay nada estático, sino que todo está en constante cambio.

Responsabilidad

La capacidad de asumir nuestra parte de responsabilidad en todo aquello que nos ocurre nos permitirá ver más allá de lo que las situaciones aparentan y podremos descubrir qué aspectos podemos cambiar, pues descubrimos que dependen de nosotros.

La responsabilidad nos dará la licencia para el cambio que exige el proceso de autoconocimiento, así como el uso de la inteligencia del corazón.

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