Resurgir tras una crisis

¿Qué es la resiliencia y cómo desarrollarla?

Dra. Mònica Pimentel

La capacidad de resistir, superar situaciones adversas, salir fortalecido y aprender de los errores con humor. Eso es la resiliencia. Te enseñamos a practicarla.

Todos conocemos a alguien que en algún momento de su vida ha atravesado una crisis importante –una enfermedad, la jubilación, un divorcio...– y ha salido reforzado de ella.

Nosotros mismos, en situaciones difíciles, hemos activado estrategias personales que hasta entonces no sabíamos que estuvieran a nuestro alcance. Otras veces, estimulamos a un familiar o a un amigo cuando se ve envuelto en una situación complicada. Le proporcionamos una mentalidad más positiva y de adaptación. Le alentamos. Él se rehace antes y supera ese percance mucho más vigorizado.

Uno de los valores importantes que obtenemos al ser resilientes es que delante de cada nuevo conflicto somos más constructivos.

A partir de esta realidad, vemos que cuando cruzamos una crisis, la experiencia nos brinda un fortalecimiento interior y un resurgimiento de fuerzas edificantes. Este aprendizaje nos ayudará en las próximas etapas problemáticas:

  • Somos más firmes, creativos y resolutivos.
  • Redescubrimos el extraordinario potencial que poseemos, nuestra energía interior.
  • Ganamos autoconfianza y seguridad.

Por el contrario, si frente a una mala experiencia nos refugiamos en emociones como el rencor, la ira, el enfado o el resentimiento, quizá nos estemos encallando en la desesperación o en la tristeza.

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El tesoro oculto de las crisis

¿Se puede aprender a tener resiliencia?

Entonces, ¿las personas resilientes poseen una capacidad especial? ¿Tienen una virtud congénita? ¿O la resiliencia es una actitud que se puede desarrollar? La verdad es que las personas resilientes van construyendo su entereza.

  • Son muy luchadoras. Buscan y encuentran soluciones por ellas mismas o con ayuda de los demás.
  • Ponen en práctica estrategias innovadoras sorprendentes.
  • Refuerzan sus vínculos personales y de grupo (familia y amigos). Sus “colaboradores incorporados” las apoyan y ayudan a ser resilientes.
  • Prefieren tener esperanza y no caer en la depresión.

Sin embargo, no nacen con esta capacidad, van aprendiendo a ser resilientes poco a poco. Al lograr resurgir, el laberinto de la vida se mira con otros ojos.

  • Si después del divorcio te agobiaba organizarte en casa, ahora aplicas dinámicas que te aligeran.
  • Si te asustaba discutir con alguien, ahora te confrontas con más autoestima.
  • Si has sufrido maltrato, ahora te defiendes y pones tus límites y barreras.

Frente a una nueva encrucijada, reconoces un mayor número de posibilidades. Construyes nuevas alternativas. Esto te permite ir creando realidades más enriquecedoras.

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Resilencia: recuperarse ante la adversidad

Esta virtud tiene mucho que ver con la novela Robinson Crusoe. Tras naufragar, el protagonista empieza a manejarse con restos que han quedado en el barco embarrancado y construye su propio sustento: comida, cobijo y abrigo. Aprende a ver el lado bueno de las situaciones. A valorar más lo que puede disfrutar que lo que le hace falta. Y esta actitud le proporciona bienestar. Crusoe agradece todo lo que tiene, es y ha conseguido. Pone en práctica sus recursos y sale restablecido.

La resiliencia, además de ser una aventura de exploración externa, es un viaje que enriquece nuestro autoconocimiento.

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