Sentir para aprender a sentir

El apego y el rechazo se dan cuando no somos conscientes de que lo que sentimos está dentro, no fuera. Los sentimientos los generamos nosotras mismas.

¿Qué sientes cuando piensas algo desagradable de alguien? ¿Y cuando piensas algo agradable? En cualquiera de los casos, si te fijas, la primera que se resiente eres tú. Sergi Torres en este video te abre una puerta para entender algo imprescindible sobre lo que sentimos: sea lo que sea, lo decidimos nosotras mismas.

¿QUIÉN GENERA LO QUE SIENTO? YO
Me resulta fascinante ver cómo aún no sabemos sentir. No sabemos sentir lo que sentimos mientras lo estamos sintiendo. Es como si hubiera una desconfianza entre muchos sentimientos y una dependencia de muchos otros. Los que nosotros describimos como desagradables los rechazamos y los que son agradables los deseamos o intentamos que no se marchen, pero detrás de esa inmadurez emocional se gesta otro espacio en cuanto a relación muy interesante que es el apego y el rechazo. ¿Qué quiero decir? Pues que cuando yo no sé sentir, cuando yo no estoy siendo consciente de que lo que siento soy yo quien lo genera con mis interpretaciones, entonces paso a creer que lo que siento es debido a lo que ocurre, a lo que me dicen, a cómo suceden las cosas.

Imaginaos que yo tengo un amigo que viene a verme y siento alegría. Entonces pensaré que es por causa de mi amigo y voy a pegarme a esa amistad, la voy a necesitar, voy a necesitar a ese amigo para seguir sosteniendo la alegría, porque yo no sé sentir alegría. Lo mismo ocurre desde el otro lugar. Imaginemos que viene el pesado de mi amigo y empiezo a sentir agobio, fastidio e incluso un poquito de ira porque recuerdo lo que me dijo la última vez. Esto hará que empiece a rechazarle y creeré que lo que estoy sintiendo es debido a su presencia, sin darme cuenta de nuevo de que estoy teniendo ciertos recuerdos, de que estoy interpretando lo que me está diciendo… Por lo tanto, estoy en las mismas. Al no saber sentir mi ira, al no saber sentir lo que siento, voy a rechazarle y, cuando le rechazo, estoy rechazando una parte de mí mismo que va a generar un dolor.

Es muy lógico que cada vez que piensas algo desagradable de alguien, el primero en resentirse seas tú, y cuando piensas algo bonito de alguien, el primero en experimentarlo seas tú. Es debido a que tú siempre estás sintiéndote a ti mismo y, en el fondo, no tiene nada que ver con lo que ocurre.

¿LO QUE SIENTO NO TIENE NADA QUE VER CON LOS DEMÁS?

Sí que es verdad que parece que cuando viene mi buen amigo se detona esto tan agradable y que cuando viene mi mal amigo se detona esa cosa desagradable, pero cuando empiezo a ser honesto conmigo mismo y me abro a sentir, vuelvo a descubrir que ese apego, ese rechazo y esos sentimientos están siendo decididos por mí. Es posible que desde un lugar inconsciente, pero “mi buen amigo” y “mi mal amigo” son mis maestros, se convierten en aquellos gracias a los cuales yo puedo ver desde dónde yo estoy decidiendo sentir lo que siento ahora. Esto solo lo puedo ver si dejo de hacerles responsables a ellos de lo que yo estoy sintiendo.

Entonces, tanto el apego como el rechazo se resuelven cuando los asumo y voy descubriendo mi inmadurez a la hora de sentir las emociones que sin darme cuenta las proyecto hacia fuera haciendo responsables a los demás.

¿ASUMIR LO QUE SIENTO RESOLVERÁ EL CONFLICTO EN MIS RELACIONES?

Esto que estamos exponiendo no tiene luego un efecto directo en el comportamiento o la actitud que tú vas a tener con estos dos amigos, porque tú puedes decirle al amigo con el que estás incómodo: “Mira, mejor vete y nos vemos en otro momento que no me siento a gusto”. Puedes hacerlo, siempre y cuando te hagas responsable de lo que estás sintiendo. La acción también estará alineada y será coherente.

Lo mismo ocurre con el amigo con el que tan a gusto te sientes. Tú le puedes decir: “No te marches todavía, quédate un rato más, juguemos a cartas o cenemos juntos”. Tú puedes hacer eso. El punto clave está en que muchas veces le pedimos al buen amigo que se quede o le pedimos al amigo con el que no estamos muy cómodos que se marche sin haber asumido primero nuestro espacio. Entonces esa decisión se convierte en una reacción y cuando reaccionamos, no disfrutamos, sufrimos y no creamos nada nuevo.

Sin embargo, cuando yo puedo asumir mi espacio interno, y una vez asumido, yo le puedo decir a mi amigo del alma que se quede y a la persona con la que me siento incómodo que se marche, porque estaré en paz con esa decisión, porque estaré en paz conmigo mismo, porque estaré abriéndome a sentir, estaré abriéndome a aprender a sentir lo que estoy sintiendo cuando estoy con esas dos personas.

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