La clave de la motivación

Dopamina: la sorpresa y las ganas de vivir

Ignacio Morgado

Cuando sucede algo bueno e inesperado el cerebro libera dopamina, que nos anima a seguir buscando placer y despierta nuestra motivación. ¿Cómo potenciarla?

La dopamina señala acontecimientos inesperados, es decir, los imprevistos.

La diferencia entre lo que esperamos, o no esperamos, y lo que en realidad acontece se llama error de predicción y es lo que hace que las neuronas del sistema mesolímbico liberen de repente, es decir, de forma física, una cantidad de dopamina que es directamente proporcional a la magnitud de ese error, a la diferencia entre lo que esperábamos que pasara y lo que en realidad ha acabado sucediendo.

Cuanto mayor es la sorpresa, mayor es la dopamina liberada, y esta aumenta como la motivación incentiva del sujeto. Además, facilita y refuerza las conexiones entre las neuronas que asocian la conducta emitida y el placer o refuerzo a que da lugar.

Esa es la razón por la que, ante un placer continuado, cuando la situación ya deja de ser novedad, se reduce la liberación de dopamina, se mantiene más débil. Y eso demuestra también que la dopamina, más que producir placer, motiva a buscarlo.

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La dopamina, dicho de otro modo, promueve la conducta para conseguir placer. Su impacto motivador se refleja de manera muy especial en la incontinencia que todos hemos experimentado a la hora de seguir comiendo una vez hemos picado algo que sabe muy bien en una celebración. Lo que hace el abrir boca con un canapé o una patata frita, más que despertar el apetito, es incrementar el deseo de repetir la ingesta para seguir disfrutando de esa comida durante mucho más rato.

El placer nos hace querer seguir viviendo

Ese parece ser el papel más relevante de la dopamina, pues más que incrementar el impacto hedónico, lo que aumenta es el valor incentivo del placer, el deseo, la motivación por sentirlo, haciendo más intensa y frecuente la conducta en curso que lo busca.

La motivación por conseguir placer quizá sea la clave para mantener en todo momento las ganas de vivir.

La investigación futura nos acabará indicando hasta qué punto este sistema es el más importante a la hora de conservar los deseos que mantienen e incrementan las ganas de vivir de las personas. Nos dirá también si la pérdida de esas ganas que se produce en las enfermedades –o la que padecen los mayores– tiene que ver con las pérdidas de dopamina o con disfunciones en el sistema motivacional que determina y si la restauración de sus niveles podrían revertirla.

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Por el momento, quizás no es exagerado empezar a pensar que la dopamina es una de las sustancias cerebrales más implicadas en mantener las ganas de vivir en todas las épocas de la vida. ¿Cómo estimular los niveles de dopamina en nuestro cerebro?

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Experimentar placer y tener la motivación por buscarlo e iniciar comportamientos tendentes a conseguirlo depende de los niveles de dopamina del cerebro. Conociendo los mecanismos cerebrales que los hacen posible, hay condiciones que parecen imprescindibles en un buen programa personal para mantener las motivaciones y el deseo a lo largo de la vida:

1. Llevar una vida sana

Si descuidamos la salud general del cuerpo, podemos acabar dañando los mecanismos de recompensa del organismo. Y, al contrario, cuidando la salud general, preservamos esos mecanismos. Por ello es esencial llevar una alimentación sana y exenta en lo posible de grasas saturadas, practicar ejercicio con regularidad y sin excesos y procurar dormir lo suficiente.

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2. Sorprender al cerebro

Comportarnos de modos que conserven los mecanismos de recompensa frecuentemente activos de un modo natural preserva la capacidad de sentir placer.

Este componente suele estar muy activo en los jóvenes, pues están viviendo de manera continua circunstancias variadas y novedosas altamente estimulantes de los sistemas motivacionales del cerebro. Pero es muy importante también que las personas mayores, sobre todo al sobrevenir los primeros síntomas de la neurodegeneración natural que todos acabamos padeciendo si vivimos lo suficiente, sigan sorprendiendo a su cerebro. Es entonces cuando se hace más necesario que nunca generar nuevas dosis de dopamina mediante un comportamiento lo más opuesto posible a un tipo de vida rutinario.

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Aunque no nos apetezca, hay que introducir variedad y novedad en todas las facetas de la vida. Salir, moverse, potenciar las relaciones sociales y de ocio, viajar, leer, pasear... Y mejor si lo hacemos en compañía: hay estudios que indican que la longevidad puede depender tanto o más de la vida social de las personas que de la alimentación o el ejercicio físico que hacen.

3. No abusar del placer

El reiterado abuso de los mecanismos naturales que nos permiten obtener placer (buscarlo siempre y tratar de obtenerlo de la manera más fácil y rápida) dispara el sistema motivacional de la dopamina.

Si no ponemos remedio a la situación, podemos acabar desarrollando conductas adictivas relacionadas con la comida o la bebida, el juego y las apuestas, el sexo, Internet, las drogas... Esas adicciones pueden empezar como resultado de una motivación incentiva pero que, con el abuso, acaba volviéndose cada vez más difícil de satisfacer.

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