La medicina de la felicidad

El efecto protector de las emociones positivas

Christophe André. Médico psiquiatra en París, autor de El arte de la felicidad.

Caminar con una sonrisa, mostrarnos agradecidos o rememorar cada noche los momentos agradables de la jornada es bueno para nuestra salud. El efecto protector de las emociones positivas está respaldado por las investigaciones científicas. Tenemos que comer bien, descansar... pero, sobre todo, esmerarnos en ser felices.

La interacción del cuerpo con la mente se ha subrayado desde siempre, tanto en Occidente (el Mens sana in corpore sano del poeta latino Juvenal) como en Oriente. Hasta no hace mucho, este enfoque no había convencido en absoluto a la comunidad médica, que afirmaba que se basaban en tradiciones más o menos antiguas en vez de en pruebas científicas.

Sin embargo, una oleada de recientes investigaciones científicas nos animan a prestar atención al papel que tienen las emociones en nuestra salud dándole la razón al filósofo Voltaire, quien escribió: “He decidido ser feliz porque es bueno para la salud”. De ahí la eclosión de las llamadas medicinas alternativas o complementarias, que se consagran a curar el conjunto del cuerpo y no solo una parte aislada.

Cómo el estado de ánimo sí influye en la salud

Los progresos de la medicina moderna diluyeron paulativamente el vínculo entre el cuerpo y la mente, induciendo a los profesionales sanitarios a centrarse en una “medicina de órganos” y a abordar el cuerpo como un cúmulo de entidades separadas. De ahí la aparición de especialidades (nefrología, neumología, psiquiatría...) e, incluso, subespecialidades: en los servicios de cardiología, ya no se encuentran cardiólogos generalistas, sino especialistas en enfermedades coronarias, en arritmias, en hipertensión...

Artículo relacionado

optimismo ciencia bienestar salud aprendizaje

La ciencia lo demuestra: puedes (y debes) ser más optimista

Esa especialización creciente ha permitido grandes progresos, particularmente en la atención a trastornos en su fase aguda, pero también dejó perplejos a muchos pacientes (y a sus médicos) en el caso de patologías crónicas, ya que estas implican, en general, a múltiples órganos y, sobre todo, al cerebro. Por ello, la ciencia nunca abandonó el estudio de la interacción entre las emociones y la salud.

Como suele ocurrir en medicina, el interés se dirigió en primer lugar hacia la enfermedad y las disfunciones del vínculo cuerpo-mente. En los años cincuenta, con sus trabajos sobre el estrés, Hans Selye fue el primero en replantear los mecanismos endocrinos por los que nuestro mecanismo reacciona a las presiones y exigencias del entorno. A partir de ahí se hicieron un gran número de investigaciones sobre el impacto que producen en nuestro cuerpo estados psicológicos problemáticos como el estrés, la ansiedad o la depresión.

Artículo relacionado

como-gozar-disfrutar-mas-de-la-vida

Disfruta más de la vida

Los primeros en demostrarlo en pacientes fueron cardiólogos, quienes en los años sesenta descubrieron que las emociones hostiles (resentimiento, irritación, cólera, mal humor...) provocan daños en las arterias coronarias y, por lo tanto, un riesgo mayor de infarto de miocardio. Más adelante, se llevaron a cabo trabajos sobre el papel protector y favorable para la salud de las emociones positivas. Los beneficios de las buenas relaciones sociales, la sonrisa, el buen humor, la relajación o la meditación se fueron demostrando de forma incontestable. Y prudente: la convicción actual es que las emociones positivas no son capaces (o no lo son todavía) de curar por sí solas una patología ya implantada. En cambio, representan un factor protector que ayuda a mantener una buena salud a quienes gozan de ella.

La felicidad: una nueva forma de medicina

En la actualidad, el posicionamiento de la comunidad científica sobre los vínculos cuerpo-mente es más mesurado y, a la vez, más completo. Más mesurado porque ya no se considera que el estrés pueda “fabricar” enfermedades por sí solo. En cambio, es, sin duda, un factor de riesgo demostrado, como lo son la genética, la alimentación o el sedentarismo; de hecho, es el gran agravador de todas las patologías. Y más completo porque ya no se contenta con pensar que hay que limitar el estrés, sino que, por el bien de nuestra salud, nos invita a cultivar el bienestar físico y emocional, como recomendaba Voltaire.

Nos hallamos, pues, en los albores de una forma nueva de medicina que toma en cuenta al ser humano en su integridad, y no únicamente a sus órganos. Pero esto implica cambios para todos, no solo para los médicos. Es un modelo que supone una fuerte implicación de los pacientes: se nos requerirá cada vez más que nos impliquemos en nuestra salud. Comer bien, moverse, no dar excesivas vueltas a ideas negativas y esforzarse en ser felices: estas son las nuevas exigencias para las personas que desean estar sanas el mayor tiempo posible.

Artículo relacionado

Frases de psicología

60 frases de Psicología, con explicación

De ahí la inquietud de algunos que consideran que nos acercamos poco a poco a una forma de dictadura del bienestar. Lo cierto es que todo progreso en nuestros conocimientos aporta también una parte suplementaria de responsabilidad. Si en lo que respecta al medio ambiente ya no podemos ignorar que algunos de nuestros comportamientos dañan el planeta, lo mismo sucede con el propio bienestar: sabemos que nuestro estado de ánimo pesa en nuestra salud. Una razón más para esmerarnos tranquilamente en ser felices, ¡al menos algunos instantes cada día!

3 ejercicios para aplicar la psicología positiva

Entre los ejercicios de psicología positiva cuyos beneficios se han comprobado científicamente, existen algunos que son bastante fáciles de practicar (aunque solo la regularidad los hará eficaces):

  • Duérmete cada noche pensando en tres pequeños momentos felices de la jornada. Aunque el día haya sido difícil, esfuérzate en rescatar tres paréntesis apacibles. No te contentes con pensar en ellos: siéntelos, revive su recuerdo en tu cuerpo. Sonríe suavemente lo más a menudo posible: mantener una expresión sonriente facilita la llegada de emociones agradables.
  • Realiza cada día alguna acción que haga bien a otras personas: ayudar, dar ánimos, saludar...
  • Practica ejercicios de gratitud. Cada semana, tómate el tiempo de pensar en lo que debes a otras personas, todo lo que has recibido del prójimo y regocíjate con estos momentos de atención y afecto.

¿Deseas dejar de recibir las noticias más destacadas de cuerpomente?