Ecología en tu vida emocional

¿Cómo deshacerse de las emociones tóxicas?

Los residuos tóxicos, las energías contaminantes y la sobreexplotación de los recursos también pueden aplicarse a la vida emocional, vista como un ecosistema.

La ecología emocional es el arte de gestionar nuestras emociones y sentimientos de forma que su energía promueva conductas que aumenten nuestro equilibrio personal, favorezcan nuestra capacidad de adaptación, la mejora de nuestras relaciones y el respeto y cuidado de nuestro mundo.

Dos valores están profundamente unidos a este planteamiento: la responsabilidad y la conciencia del impacto emocional global.

Si bien no somos responsables de lo que sentimos, sí que lo somos de lo que hacemos con lo que sentimos. Y nuestras acciones y nuestra pasividad tienen consecuencias.

Ya nadie pone en duda que es preciso cuidar el entorno. Poco a poco tomamos conciencia de que es importante no contaminar porque nos estamos jugando nuestro porvenir y el de la vida del planeta.

La ecología emocional traza un paralelismo entre la ecología ambiental y el mundo afectivo.

De la misma forma que no se considera admisible lanzar residuos tóxicos a un río –porque las plantas, los peces y el propio río pueden morir– tampoco podemos permitirnos ir lanzando indiscriminadamente partículas emocionales tóxicas al exterior.

Los seres humanos y la naturaleza somos sistemas interdependientes.

Nuestro ecosistema afectivo y natural es frágil y somos responsables de protegerlo.

¿Se pueden reciclar las emociones?

La gestión de las propias emociones no es delegable. Debemos reciclar nuestros residuos emocionales a diario.

De no hacerlo así corremos el riesgo de utilizar a quienes nos rodean como contenedores para volcar nuestra tensión y toxicidad no procesada.

Recibimos lo que lanzamos y si no nos gusta lo que nos llega conviene revisar lo que emitimos.

Nuestro mundo se ha convertido en "zona irritable". La globalización lo facilita. Las distancias son cada vez menores y hacen que todo parezca más pequeño.

Nos contagiamos costumbres, deseos, ansias, ideas, emociones, conductas... Mucha información que debe ser procesada adaptativamente si queremos mantener el equilibrio.

La gestión incorrecta de nuestro clima emocional interno repercute en el empeoramiento del clima emocional global, que se deteriora debido a una mezcla de analfabetismo emocional e irresponsabilidad.

Esta incompetencia no solo genera mayor sufrimiento e infelicidad en uno mismo, sino también en quienes nos rodean, dado que se pueden contaminar con nuestro caos.

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¿Qué es la contaminación emocional?

El contagio emocional negativo es el fenómeno por el cual lanzamos, al exterior o al interior de nosotros mismos, residuos emocionales.

Fluye a mayor velocidad que el contagio positivo. Se contagian conductas, ideas y emociones desadaptativas que nos producen dolor y debemos aprender a filtrar.

El clima emocional global podría definirse como el resultado de la interacción de las emanaciones emocionales que cada persona aporta al medio.

Podemos ofrecer alegría, ternura, gratitud, sensibilidad, amor, serenidad... o bien ira, resentimiento, envidia, angustia, miedo... En función de cuál sea la tonalidad emocional dominante obtendremos unos resultados u otros.

No solo se calienta la Tierra por las emisiones de dióxido de carbono: padecemos también un calentamiento emocional global que se manifiesta en multitud de signos, como una lluvia ácida que daña nuestra piel y el resto de células del organismo.

¿Qué ocurre con los residuos tóxicos propios?

Hace más de medio siglo, Cesare Pavese decía: "Se acumulan rabias, humillaciones, barbaridades, angustias, llantos, frenesíes y al fin nos encontramos con un cáncer, una nefritis, una diabetes, una esclerosis que nos aniquila".

Acumulamos residuos emocionales que deberían ser eliminados por higiene. Su retención nos causa desequilibrio y enfermedad.

De forma lenta, insidiosa y progresiva nuestro entorno va acumulando residuos tóxicos o materiales inflamables que emanamos y luego "respiramos".

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Así nos vamos contagiando unos a otros y amplificamos el caos, el sufrimiento y la destrucción.

Este calentamiento emocional global tiene consecuencias, precios demasiado elevados que no nos podemos permitir pagar. Algunas de sus consecuencias son:

  • Adicciones como forma de huida.
  • Sufrimiento global.
  • Aumento de los miedos y fobias.
  • Agotamiento.
  • Caos emocional.
  • Conductas violentas: mobbing, maltrato físico, verbal o psicológico.
  • Desesperanza.
  • Corrupción.
  • Enfermedades ansioso-depresivas.

¿Cómo gestionar mejor las emociones?

"Vivimos una de esas situaciones decisivas en que la diferencia entre la solución violenta y la solución anticipada puede significar la diferencia entre la destrucción y el fértil desarrollo de nuestra civilización" (Erich Fromm) ¿Qué eliges: formar parte del problema o ser parte de la solución?

Para encontrar un estilo de vida emocionalmente saludable, se puede seguir el modelo CAPA, palabra que resume los cuatro ejes en la conducta de la persona: Creativa, Amorosa, Pacífica, Autónoma.

Debemos dar una salida no agresiva a nuestro caos. Es preciso aprender a cultivar la mente para que sea más flexible y capaz de comprender que no existe una realidad única y que somos interdependientes.

También hay que gestionar de forma emocionalmente más ecológica las emociones y dirigir su energía hacia la mejora individual y colectiva.

Es importante elegir bien los objetivos y las personas en las que invertimos energía emocional para no despilfarrarla.

Tenemos que centrarnos en aquello que podemos controlar y mejorar –nosotros mismos– en vez de empeñarnos en cambiar a los demás.

Movernos por el empuje de las emociones positivas como la alegría, la curiosidad, la confianza, la valentía, la generosidad o el amor, en lugar de hacerlo por coacción, un falso sentido de la obligación, lo que dirán los demás, egoísmo o interés tendrá resultados mucho más beneficiosos incluso aunque se trate de la misma acción.

Por último, se pueden crear espacios protegidos para especies emocionales en peligro, como: la ternura, el amor, la serenidad y la gratitud.

De esta forma se cuida el clima emocional, evitando las contaminaciones por quejas, rumores, insultos, juicios de valores, menosprecios.

Un relato para reflexionar

–Maestro, ¿qué debo hacer para no ofenderme tan a menudo? Algunas personas hablan demasiado y otras son ignorantes; algunas son injustas y otras me invaden.

–¡Pues vive como las flores!

–¿Y qué es vivir como las flores?

–Pon atención a esas flores –continuó el maestro, señalando unos lirios–. Nacen en el estiércol, sin embargo son puras y perfumadas. Extraen del suelo todo lo que les es útil y saludable, pero no permiten que lo agrio de la tierra manche la frescura de sus pétalos. Es justo asumir la responsabilidad de los propios errores, pero no es sabio permitir que los defectos de los demás te incomoden. Es su responsabilidad y no tu culpa. Y si no es tuya, no te guardes la ofensa dentro. Ejercita la virtud de rechazar el mal que viene de fuera y perfuma la vida de los demás haciendo el bien. Eso es vivir como las flores.

Para saber más

Jaume Soler y Mercè Conangla han publicado estas obras en RBA-Integral:

  • La ecología emocional
  • Sin ánimo de ofender
  • La vida viene a cuento

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