Cultivar las relaciones personales

La felicidad se contagia: ¡elige bien tus amigos!

Margarita Tarragona

¿Las personas de tu "bubuja social" son felices? Las investigaciones en psicología positiva sugieren que tener contacto social frecuente y directo con una persona feliz aumenta en un 15% las probabilidades de serlo también. Rodearte de personas positivas puede ser fundamental para sentirte bien mental y físicamente.

Hace años, cuando un médico evaluaba el estado de salud de un paciente, generalmente solo le preguntaba sobre los síntomas y su enfermedad. Más recientemente, los doctores también indagan sobre cuestiones como la dieta que sigue la persona y si practica algún tipo de ejercicio, pues los hábitos de conducta y el estilo de vida tienen un impacto importante en la salud.

Las investigaciones actuales sobre el bienestar sugieren que sería importante incluir además en la historia clínica preguntas sobre la vida social del consultante: con quién pasa el tiempo, cuántos amigos tiene, a quién acude en caso de una emergencia y cómo es su red social de apoyo.

En la actualidad, sabemos que las relaciones interpersonales desempeñan un papel fundamental en el bienestar de las personas. Elegir bien quién forma parte de tu red de personas, o lo que ahora llamamos "burbuja social", puede ser trascendental para nuestra felicidad.

Tener amigos puede reducir el riesgo de mortalidad

Hay investigaciones que demuestran que cuanto más fuerte es la red social de alguien, menor es su riesgo de mortalidad; y que, al revés, la falta de una red social sólida implica un riesgo de mortalidad comparable al de fumar o al de tener la presión arterial alta. Las personas con pocos lazos sociales tienen casi el doble de riesgo de morir de enfermedades del corazón y son dos veces más propensas a sufrir catarros.

Decenas de estudios científicos han evidenciado una relación entre los lazos sociales y la actividad del organismo, sobre todo en lo que se refiere al corazón y el sistema cardiovascular, el funcionamiento hormonal y el sistema inmunitario.

Estudios científicos han evidenciado que quienes gozan de una red social sólida tienen mayor esperanza de vida.

¿Y qué decir del impacto que tiene mantener buenas relaciones sobre nuestro bienestar emocional? Aquí encontramos una correlación muy clara entre la calidad de nuestros vínculos y el nivel de felicidad o satisfacción que disfrutamos.

Se ha observado que un elemento común a las personas que se declaran más felices es, precisamente, que tienen buenas relaciones interpersonales. Decir que “el ser humano es un ser social” es casi un tópico, pero es tan tópico como cierto. Nuestro sistema nervioso está “cableado” para que nos conectemos y establezcamos relaciones con los demás.

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Cuando esta tendencia natural se desarrolla adecuadamente y somos capaces de establecer relaciones de apego seguras, es más probable que nos sintamos satisfechos y contentos con nuestra vida, será menor el riesgo de desarrollar una depresión, tendremos mejores habilidades sociales, ayudaremos más a los demás e, incluso, tendremos más probabilidades de obtener un buen empleo.

El investigador Tom Rath, experto en prácticas de desarrollo basadas en las fortalezas personales, sintetiza los resultados de muchos estudios sobre el bienestar a nivel mundial y señala que el bienestar general es una combinación de cinco elementos, entre ellos, el bienestar interpersonal o social: tener amor y relaciones fuertes en la vida.

Además de la cantidad y de la calidad de nuestras relaciones, el tiempo que pasamos conviviendo con otras personas es también importante. Hay datos que sugieren que, para estar bien, necesitamos aproximadamente seis horas diarias de contacto social –esto incluye el contacto con los compañeros en el trabajo, en la escuela, en casa...–.

Las investigaciones de la empresa Gallup acerca de los factores que influyen en el nivel de felicidad de las personas han revelado que quienes tienen a un amigo cercano o a "su mejor amigo" en el trabajo están más involucradas en lo que hacen, producen resultados de mejor calidad y padecen menos accidentes laborales.

El efecto contagio: buenas y malas influencias

Además de ser reconfortante, los sentimientos de los demás se contagian e inciden directamente en nuestro estado de ánimo. Hay evidencias de que las emociones “se contagian”: las personas sincronizamos nuestro estado de ánimo con el de quienes nos rodean, y nuestras emociones se influyen mutuamente.

Los científicos han observado que las relaciones interpersonales no solo afectan a cómo nos sentimos, sino que influyen enormemente en nuestras expectativas.

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En la Universidad de Harvard, James Fowler y Nicholas Christakis realizaron en 2008 un estudio fascinante a este respecto: durante más de 30 años, hicieron el seguimiento de 12.000 personas, y concluyeron que las probabilidades de que alguien fuera feliz estaban directamente relacionadas con la felicidad de las personas con las que esa persona estaba conectada.

Si tenemos amigos alegres y sus hábitos de vida son saludables, aumenta la probabilidad de que nos "contagiemos". Aquel dicho de “Dime con quién andas y te diré quién eres” parece ser más cierto que nunca.

Es decir, tener contacto social frecuente y directo con una persona feliz aumenta en un 15% las probabilidades de serlo también. Y no solo eso, un hallazgo inesperado fue descubrir que las relaciones “de segunda mano” también nos afectan: si nuestro amigo tiene un amigo que es feliz, las probabilidades de que nuestro amigo lo sea aumentan en un 15%, pero lo increíble es que las nuestras también se incrementan en un 10%, aunque no conozcamos a esa persona.

Uno de los autores de esta investigación, el doctor Christakis, asegura que estos datos subrayan que la felicidad no es únicamente una cuestión individual, sino que somos parte de una serie de redes en las que el bienestar de cada uno influye sobre el de los demás.

El impacto de nuestra vida social en la salud

Otras de sus investigaciones indican que tanto lo positivo como lo negativo se “contagian” socialmente: si, por ejemplo, tenemos una relación directa con un fumador, las probabilidades de fumar se incrementan en un 61%; y la probabilidad de que fumemos también aumenta en un 39% si fuma un amigo de nuestro amigo, aunque no tengamos una relación directa con él.

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Asimismo, se ha comprobado el efecto contrario: dejar de fumar es contagioso. Conforme el tabaco se ha vuelto menos aceptado socialmente, sobre todo en los lugares de trabajo, se ha observado que las personas han dejado de fumar también en sus hogares y con sus amigos.

Algo similar ocurre con los hábitos de vida saludables. Si nuestro mejor amigo hace mucho ejercicio, se triplican las probabilidades de que nosotros también estemos activos físicamente. Y si su alimentación es variada y saludable, la probabilidad de que comamos alimentos sanos aumenta hasta cinco veces.

Tom Rath, junto con el psicólogo e investigador Jim Harter, de la empresa Gallup, concluyen en sus trabajos que las personas con las que convivimos, al igual que nuestras amistades, pueden tener más impacto sobre nuestra salud que la historia familiar.

Una de las relaciones más importantes en la vida de una persona es, sin duda, la relación de pareja, y la calidad de la interacción entre sus miembros también repercute en el bienestar individual.

Una investigación estudió los efectos del estrés marital sobre la salud. En ella, 42 parejas casadas fueron conducidas a un hospital donde les practicaron pequeñas heridas en los brazos a todos los cónyuges y les colocaron un aparatito para medir la velocidad a la que cicatrizaban. Se observó que las personas que tenían problemas en su matrimonio tardaban el doble en sanar que las parejas que se llevaban bien.

Cómo potenciar el poder protector de nuestros contactos

En resumen, nuestro bienestar y el de los demás están profundamente entretejidos, así es que, para estar bien, debemos cuidarnos y también a los demás.

Tom Rath nos ofrece tres consejos con el fin de conseguirlo:

  • Pasar seis horas cada día en contacto con otras personas. No hace falta que la interacción sea siempre cara a cara; también son válidas las conversaciones telefónicas, los correos electrónicos u otras formas de comunicación a través de las nuevas tecnologías.
  • Fortalecer nuestra red social: cultivar nuestras relaciones con la familia, los amigos, los vecinos y nuestros compañeros de trabajo, de modo que, poco a poco, vayamos creando lazos más estrechos.
  • Mezclar la vida social con la actividad física: por ejemplo, caminar con un amigo mientras charlamos, en lugar de hablar sentados. De esta manera, nos “contagiamos” también de una conducta sana.

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