efectos del autoritarismo

Autoridad sostenible: educando con el ejemplo

El complejo de inferioridad y el ideal de omnipotencia infantil pueden limitar el desarrollo. La alternativa familiar y social a la educación autoritaria es la autoridad sostenible.

Claudia Truzzoli

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El psiquismo se forma a partir de las primeras impresiones recibidas en el trato con otros humanos. Durante la infancia, aprendemos lo que es el amor, pero también se asienta en nosotros el resentimiento cuando el trato recibido es denigrante.

Las consecuencias de una educación autoritaria

La humillación y la inseguridad, la falta de sostén afectivo, son gérmenes de cultivo que pueden desembocar en conductas autodestructivas o en conductas asociales de diversa gravedad; y en otros casos, en una degradación de la autoridad en autoritarismo.

Una educación que mortifica y llega a extremos humillantes, sostenida por una ideología que pone el acento en que la letra con sangre entra, puede generar varios tipos de respuesta psíquica.

  • Una de ellas es la sumisión y la idealización de personajes que representan una fuerza que el sumiso vive como absoluta. Son los que apoyan a líderes autocráticos que sostienen gobiernos despóticos, con la vana esperanza de contagiarse de su fuerza, o bien son seres anulados que tienen serias dificultades para desarrollarse de manera autónoma.
  • Otra posible respuesta psíquica a una infancia humillada es la identificación con el agresor, convirtiendo a la persona que ha sufrido un trato mortificante en un personaje que devuelve el golpe, que humilla y mortifica a los demás siempre que puede. Es la historia de muchos líderes de regímenes autocráticos, que han sido considerados por sus pueblos como héroes salvadores, sobre todo por representar un imposible yo ideal, propio de las fantasías de omnipotencia infantil, que no tienen límites a la hora de ambicionar potencia y poder.

Cuando alguien queda seducido por un personaje que encarna imaginariamente a una figura de este tipo, le está proyectando la posibilidad de ser omnipotente, ambición a la que el yo infantil nunca deja de aspirar.

Los dirigentes de masas saben explotar muy bien esta fantasía y ofrecen a sus devotos seguidores una ilusión de pertenecer a un cuerpo social que agranda su dimensión psíquica. No hacen falta argumentos racionales para justificar las acciones nacidas del autoritarismo porque este no se funda en la fuerza de la razón, sino que su razón es la misma fuerza, la imposición, lo que queda ejemplificado en una frase tan corriente como: “es así porque lo digo yo”. Una frase que obliga al sometimiento o a la rebelión ante toda manifestación de autoridad, que es otra de las consecuencias negativas que puede causar el autoritarismo.

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Predicar con el ejemplo: el padre simbólico

La autoridad sostenible se diferencia del autoritarismo en la misma medida en que se diferencia un padre imaginario de un padre simbólico.

  • Un padre imaginario transmite la falsa impresión de ser dueño de todo el saber, de todo el poder, sin nada ni nadie que lo obligue a ninguna privación de sus deseos, que hace de su voluntad arbitraria la ley para los demás, pero no para sí mismo.
  • Un padre simbólico, en cambio, es un padre sometido a la misma ley que intenta hacer respetar a los otros, que actúa con una responsabilidad acorde con su función.

Este es el padre que se gana el respeto de sus hijos, el gobernante que se gana el respeto de sus votantes, porque actúa reconociendo los límites propios y enseña con su ejemplo, poniendo límites que ayudan a crecer porque fomentan la autonomía y el desarrollo del sujeto educado de esa manera. Una dependencia necesaria que apunta a una independencia posterior.

Un padre simbólico se gana el respeto de sus hijos porque actúa reconociendo los límites propios y dando ejemplo.

La autoridad sostenible y respetada por los otros se fomenta con el amor y la razón, sabiendo poner límites y renunciando a gozar de una situación de poder frente a los más frágiles, siendo capaz de sostener una fuerza basada en la necesidad de ejercerla cuando hace falta, y no para satisfacer un deseo ególatra que busca reafirmarse con la sumisión de los otros.

Si no se pone coto a la ambición humana de poder, esta puede extralimitarse con las consecuencias nefastas para la vida familiar y social, engendrando individuos que nunca tienen bastante en su afán acumulativo de riquezas con las que sostener su imagen ostentosa de poderío y acercarse de esa manera
al ilusorio yo ideal de la omnipotencia infantil.

¿Cómo podemos ejercer una autoridad sostenible?

Es necesario un aprendizaje de los límites que cada uno de nosotros tenemos sin que eso signifique una humillación para no caer en semejantes desatinos. Pero ese aprendizaje tiene que estar reforzado y equilibrado con el reconocimiento y el aliento dado a nuestras aptitudes para que se vaya cimentando la confianza en sí misma de la persona en formación.

Eso se logra con mayor facilidad cuando quienes desempeñan la tarea de educar –primero en la familia y más tarde en la escuela– son personas que distinguen la autoridad respetable del autoritarismo. Buscan el estímulo y la motivación más que el sometimiento; la comprensión de las circunstancias que ponen en riesgo la caída de las motivaciones y la búsqueda de soluciones, más que el castigo de quienes no cumplen.

La autoridad sostenible no es la ausencia de límites ni la falta de pago de una deuda que se contrae cuando se comete una transgresión a normas o deberes. Los hijos distinguen muy bien cuándo son castigados con razón, porque cuando el castigo es arbitrario, genera mucha confusión y ansiedad.

La autoridad sostenible pone el acento en la responsabilidad de cada uno y tiene que saber fomentarla, mantenerla y hacer pagar de alguna manera a quien no quiere asumirla. Tener unos padres o una figura singular, como podría ser el caso de una familia monoparental, con una posición de autoridad sostenible, es el mejor ámbito para un desarrollo psíquico saludable, que capacite autonomía y creatividad.

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Eso nunca será posible con la obediencia ciega y el sometimiento incuestionado a cualquier figura despótica que exija esas actitudes, puesto que anulan el pensamiento crítico y solo sirven para sostener el poder de aquellos sujetos que necesitan compensar su falta de fuerza psíquica con un despliegue de fuerza externa.

Lo mismo da que sean gurús de una secta, líderes de movimientos de masas o políticos ambiciosos, lo que los diferencia son los ámbitos en donde se mueven y lo que los asemeja es el engaño de la imagen de sí que quieren vender para tener en su poder la voluntad de quienes los idolatran.

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