Niñas de papá

Tu padre y tú: la hija del héroe

Mireia Darder

Identificarse con el padre y negar parte de nuestra condición femenina nos complica ahora la vida y las relaciones. Exigentes con nosotras y nuestras parejas, necesitamos redescubrirnos.

"Nadie te querrá nunca tanto como yo”, “Eres la princesita de papá”, “No te pareces a tu madre, sino a mí”... Son como golosinas para su tierno ego.

Pero hoy sabemos que dar a una niña la impresión de que la relación paterno-filial es “especial” en detrimento de la materna puede dar lugar a una identificación excesiva con el padre. Y un exceso de dependencia de la figura paterna –como también lo sería de la materna–, acabar en un desarrollo posterior inadecuado y disfuncional.

¿Querías ser como tu padre de mayor?

La psicoterapeuta Maureen Murdock, autora de La hija del héroe (Neo Person Ediciones), describe a las mujeres que de pequeñas se identificaban en exceso con el padre como “incapaces de reconocer ninguna vulnerabilidad, demasiado exigentes consigo mismas y muy desconectadas de sus emociones”.

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Se trata de pequeñas que nunca se identificaron con la madre. Desde niñas, optaron por formar equipo con su padre queriendo ser como él, como los hombres. Con el tiempo, acabaron relegando a la oscuridad su naturaleza femenina y, con ello, parte de sus valores, deseos y capacidades.

Los antiguos griegos describieron esta circunstancia con el mito de Atenea, la diosa que no nació de una madre, sino de su padre, Zeus, quien la extrajo de su propia cabeza. Y este mito está más de actualidad que nunca: actualmente la sociedad favorece este proceso.

En realidad, podríamos hablar de una auténtica masculinización de la sociedad, ya que se concede mucha más importancia a los valores masculinos de competitividad, agresividad y capacidad de producción que a la capacidad afectiva y cuidadora.

Las mujeres se están convirtiendo en exclusivas hijas del padre, en vez de continuar con el linaje femenino, perdiendo la fuerza de la vida para pasar a tener la fuerza de la razón. Un tipo de raciocinio típicamente masculino que, aunque valioso, deja de lado la intuición, la integración, y plantea algunas carencias a nivel emocional.

Pero ¿qué significa que Atenea salga de la cabeza de Zeus en lugar de hacerlo de otro lugar del cuerpo? Según Maureen Murdock, que va a estar sujeta a los ideales que tiene el hombre sobre ella, es decir, va a estar condicionada por lo que piensa que tendría que ser en lugar de por lo que es.

Eso también significa que las hijas se alejan de la madre, ya que, para ser respetadas, no han de ser como ellas, que representan la naturaleza. También significa que las hijas no son tan importantes como los hijos, ya que ellos son los que transmiten la pureza del linaje.

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"Hay que salir del enfoque patriarcal"

Hoy en día, muchas mujeres reproducen en su vida adulta las características de padre. Sobre todo en el ámbito profesional, la mayoría nos hemos puesto en una carrera para ser igual que los hombres, y lo cierto es que lo hemos logrado en gran medida. Hemos asumido que podemos hacer lo que queremos y no estar supeditadas al hombre... pero a costa de ser como él. Hemos renegado de nuestra naturaleza y la hemos controlado. Y si no lo hemos hecho, nos hemos considerado tontas o poca cosa, de segunda categoría, porque lo valorado era lo típicamente masculino.

¿Cómo se llega a ser una hija del padre en lugar de una hija de la madre naturaleza?

Básicamente sucede cuando el padre y la madre no tienen una buena relación, en el sentido de que cada uno de ellos no ha asumido su rol en la pareja. En ocasiones, la causa raíz es que la madre o el padre tienen carencias afectivas que vienen del pasado. En algunos casos, las tienen los dos y el nacimiento de una hija se aprovecha para cubrir esas carencias.

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Para el padre, se trata de la posibilidad de tener una relación con una mujer diferente –la hija– que lo entienda realmente y no lo censure en su día a día. Entonces la hija se convierte simbólicamente en una madre permisiva y una amante complaciente, cosa fácil, ya que para la hija el padre es como un dios. Entonces se siente valorada y reconocida, pero no en el lugar que le toca.

Sin duda alguna, a la hija no le corresponde dar nada de todo esto. Además, cuando ocupa este rol, se aleja de la madre y se convierte en su rival. Y este alejamiento la separa también de sí misma y de su propia naturaleza.

También puede crearse esta particular relación padre-hija cuando la madre está ausente y, por lo tanto, la hija ha de ocupar su lugar. En estos casos, las hijas ya adultas pueden tener dificultades con sus parejas porque no sabrán qué lugar ocupar en la relación con los hombres.

Al haberse instalado en un lugar que no les corresponde, no sabrán cómo colocarse de igual a igual con sus compañeros. Así, se creerán superiores y serán muy exigentes con ellos. También les costará relajarse en sus relaciones de pareja y sentirse apoyadas, ya que no tuvieron un auténtico apoyo por parte de sus madres y nunca pudieron sentirse seguras como mujeres.

En su infancia, no tuvieron un modelo de mujer con el que pudieran identificarse de forma positiva. La clave para salir de esta situación es reconocer que la madre también tiene cosas buenas e incluso mejores que el padre. Solo desde ese lugar se podrá disfrutar de una buena relación con los hombres.

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