Libérate de la mirada paterna

¿A quién quieres más, a mamá o a papá?

Mireia Darder

La excesiva identificación de las mujeres con su padre puede tener implicaciones sobre su propia imagen y las relaciones de pareja que establecen como adultas.

Como dice el psicoterapeuta alemán Bert Hellinger, formulador de la teoría de las Constelaciones Familiares, para la mujer el camino hacia el hombre pasa por reconocer y valorar adecuadamente a la madre.

Si la hija se identifica demasiado con el padre, es en gran medida porque lo ha convertido en su dios. Este dios se convertirá más tarde en su implacable juez interior, el que le dictará qué valores y comportamientos están “bien” y cuáles están “mal”, qué está o no está permitido y con qué grado de exigencia se realizan las desviaciones de esta conducta “divina”. Sin embargo, se trata normalmente de un dios/hombre represor, normativo, que crea culpa y al que hay que obedecer.

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Esta es, sin ninguna duda, una imagen extremadamente limitada de la masculinidad; deberíamos tener presente que así como existe un dios represor, normativo, que crea culpa y al que hay que obedecer sin cuestionar, también existe otro dios, protector, bondadoso y amoroso. Se trata de una imagen menos difundida, pero no por eso inexistente.

En nuestras manos está valorar y nutrir este modelo de paternidad –y masculinidad– basado en el amor. Solo de este modo la relación con la hija será de respeto y se la tratará de manera que se sienta protegida y cuidada.

Dentro de este modelo, la hija ocupará su lugar y verá a su madre al mismo nivel que a su padre. Y comprenderá y sentirá que ambos forman una pareja equilibrada que ella puede reproducir en el futuro.

Cómo encontrar tu espacio como hija con paso seguro

Para romper esta relación de dependencia, recuperar tu lugar como hija y desde ahí convertirte en una mujer que integra plenamente su rol femenino como uno positivo, puedes seguir este método.

1. Piensa en tu ideal

  • ¿Cómo te gustaría ser si fueras perfecta o la mujer a la que aspiras ser?
  • Después escribe el ideal que crees que tiene tu padre sobre su mujer.
  • Observa las diferencias y similitudes y pregúntate hasta qué punto has estado tratando de cumplir su ideal y qué has perdido o ganado con ello.

2. Acéptate

Empieza a abandonar tu pretensión de perfección. Somos personas que algunas veces hacemos las cosas bien y otras no. Todos tenemos partes que nos gustan y otras que no.

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3. Haz una lista

  • Escribe las características de personalidad de tu padre con tantos adjetivos como puedas: alegre, afable, exigente...
  • Haz lo mismo con las de tu madre y las tuyas, y compara las tres listas.
  • Observa ahora con quién coincides más. Si tienes mucho más de uno que del otro, quiere decir que te has identificado con uno de los dos.

4. Detecta los opuestos

Fíjate en si alguno de tus rasgos más destacados representa la definición contraria a como son tus padres, pregúntate si lo has elegido conscientemente y si esa característica te está resultando útil en la vida.

5. Valora lo positivo

Cuando nos identificamos exclusivamente con el padre, perdemos la posibilidad de valorarnos como mujeres y llegar a serlo con plenitud.

Si es tu caso, trata de ver cuáles son las características positivas de tu madre –que seguro que las tiene– e intenta encontrar esos rasgos en ti.

Intenta determinar qué te has exigido para ser como él y cómo sería empezar a aceptarte con tus propias virtudes.

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6. Cree en tu poder

Las características que tenemos son herencia de nuestro padre y nuestra madre y no podemos renegar de ello.

La clave es darse cuenta de que eso no nos condiciona: lo que cuenta es lo que hacemos después con ello.

7. Visualiza la reparación

Imagina a tus padres ante ti y agradéceles lo que te han dado. Si te resulta difícil, piensa que gracias a lo que te dieron, sea positivo o negativo, has llegado a ser lo que eres.

También devuélveles lo que te entregaron y no te correspondía. Di en voz alta lo que se te ocurra.

Si tienes que llorar, hazlo; si quieres gritar, grita; si te sale rabia, déjala brotar…

A partir de ahí ya podrás ocupar tu sitio como hija de tus padres.

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