Un desarrollo sano

Sexualidad: cómo alimentar la capacidad de amar

Para Wilhelm Reich, es responsabilidad de los padres procurar a los hijos una sexualidad libre y sana. Estas son las pautas a seguir.

Jesús García Blanca

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Reich fue pionero de la recuperación de una mirada holística en la salud mostrándonos que cuerpo, mente y emociones son una misma cosa, un organismo vivo cuyo principio de funcionamiento es la energía vital primordial.

Las emociones son descargas energéticas que actúan en el organismo como en el ecosistema; orgasmos y tormentas son expresiones vitales de una misma fórmula básica que, según Reich, regula todos los flujos de energía en el universo: tensión-carga-descarga-relajación. Esta fórmula se manifiesta en toda la naturaleza con las mismas leyes: podemos observarla en los latidos del corazón, en la respiración, en las contracciones de una ameba microscópica o de una medusa, o en la carga y descarga de las nubes.

Los organismos vivos regulan espontáneamente los flujos de energía y en el mamífero humano esa autorregulación atraviesa varias etapas de maduración si se respeta su funcionamiento natural: desde la interacción erótica con el pezón de la madre durante los primeros meses hasta la genitalidad adulta.

Reich considera que las distorsiones en el desarrollo sexual son consecuencia de la represión ejercida socialmente por la familia, el sistema educativo, o la medicalización del embarazo y el parto.

Reich rompió así con los planteamientos freudianos que establecían etapas rígidas en el desarrollo sexual, que incluían una supuesta distorsión en la “fase anal sádica” o un “periodo de latencia” en el que la energía quedaba estancada para reaparecer en la pubertad. No deja de ser curioso que este periodo coincida con el de escolarización obligatoria y que el esquema freudiano de desarrollo infantil se haya convertido en armazón básico del sistema educativo normalizador.

A partir de la observación que antropólogos como Bronislaw Malinowski o Margaret Mead habían llevado a cabo en sociedades no autoritarias de las islas del Pacífico y de niños autorregulados, Reich explicó que estas distorsiones no eran naturales, sino consecuencia de la represión; no tenían un origen biológico, sino cultural. Desde esa óptica, la negación o la represión de la sexualidad infantil y adolescente perturba los flujos energéticos y provoca disfunciones físicas, mentales o emocionales, más profundas cuanto más tempranas hayan sido las frustraciones.

La familia patriarcal autoritaria; los sistemas educativos basados en la disciplina, el castigo y la autoridad; la medicalización del embarazo y el parto; una crianza presidida por la separación de la díada madre-bebé; la imposición de protocolos médicos... han dado como resultado una sociedad incapacitada para abandonarse a las emociones y a una sexualidad sana. Uno de los empeños de Reich fue crear las herramientas necesarias para promover un cambio social que posibilitara a las generaciones futuras un desarrollo natural abrazado a lo vital, a la libre sexualidad y a la capacidad de amar.

Pautas para el desarrollo de una sexualidad sana

Los adultos podemos favorecer las condiciones que permitan un desarrollo sexual sano de los hijos, autorregulado, en particular durante los siete primeros años de vida, en los que se forma la coraza:

  • Las relaciones sexuales durante el embarazo contribuyen a mantener una buena pulsación biológica y energética, que posteriormente también beneficiará al parto.
  • Tener un parto natural, ya que favorece el respeto a los ritmos biológicos de la madre y el bebé. Además, tras el nacimiento, ambos deben permanecer unidos como si el recién nacido fuese aún un feto.
  • Facilitar una vivencia satisfactoria de la oralidad potenciando la lactancia natural. Reich decía que lo que impulsa al bebé a contactar con el pecho de la madre no es tanto el hambre como el placer de chupar. Esta etapa dura hasta los tres años y en su tramo final la excitabilidad y el erotismo se va desplazando a los genitales. Forzar el control de esfínteres antes de su momento natural puede provocar una contracción crónica de la pelvis, anulando o dificultando el flujo de energía y la capacidad de placer.
  • Respetar sus acciones y sensaciones. Reich planteó la existencia de una genitalidad infantil en el periodo de los tres a los siete años, con la masturbación como forma de regulación energética. En esta etapa, a la vez que deberíamos ofrecer a nuestro hijo una referencia positiva de nuestra sexualidad, es importante satisfacer su curiosidad y valorar sus sensaciones como algo hermoso, sin limitar los juegos de exhibición placentera y respetando sin moralismos o bromas sus impulsos y necesidad de intimidad y encuentros con otros niños de su edad.

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