Vivir con incertidumbre

Miedo al cambio: 5 claves para vivir mejor la incerteza

Nos gusta lo conocido y la sensación de control. Aceptar que las certezas son solo una fantasía, abrazar el miedo, implica un duelo y un aprendizaje.

Silvia Díez, periodista y terapeuta
Silvia Díez

Terapeuta gestalt

Mireia Darder
Mireia Darder

Psicóloga clínica

El propio funcionamiento de nuestro cerebro es el principal impedimento para gestionar la incertidumbre inherente a la vida. Él necesita certezas y funciona con el objetivo de prever y anticipar el futuro. Le gusta creer que tiene el control y busca ante todo la seguridad convencido de que ésta existe. Así nos autoengañamos y nos escondemos de la realidad dentro de esta actividad cotidiana frenética que implica vivir.

Nuestro control sobre la realidad es una fantasía que deberíamos abandonar como primer paso para desarrollar la actitud que nos permita afrontar la incertidumbre que acompaña la vida. ¿Cómo lograrlo?

1. Comprende que no se puede controlar todo

El filósofo Byung-Chul explica esta inspiradora historia que se encuentra en el libro Simbad el Marino. «En un viaje, Simbad y su compañero llegan a una pequeña isla que parece un jardín paradisíaco, se dan un festín y disfrutan caminando.

Encienden un fuego y celebran. Y de repente la isla se tambalea, los árboles se caen. La isla era en realidad el lomo de un pez gigante que había estado inmóvil durante tanto tiempo que se había acumulado arena encima y habían crecido árboles sobre él. El calor del fuego en su lomo lo saca de su sueño. Se zambulle en las profundidades y Simbad es arrojado al mar».

Con esta parábola el autor de La sociedad del cansancio nos recuerda que damos por sentado erróneamente que las cosas son estables y permanentes. Afirma que el hombre tiene una ceguera fundamental. Que ni siquiera es capaz de reconocer sobre qué está de pie, y así contribuye a su propia caída.

Hoy la incertidumbre se ha hecho patente como consecuencia de la pandemia o el cambio climático. A esta incertidumbre colectiva se suman las personales que todos enfrentamos a lo largo de la vida por situaciones familiares, laborales, emocionales.

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2. Pregúntate cómo te afecta el miedo al cambio

Como señala Nassim Taleb en el El cisne negro: el impacto de lo altamente improbable (Ed. Paidós) somos como el pavo de Bertrand Russell que, como recibe alimento cada día, da por sentado que nunca llegará el Día de Acción de Gracias. Empleamos toda la energía en nuestras actividades diarias para vivir de espaldas a la muerte y a la incertidumbre, para no ver que la realidad es siempre cambiante, que todo es perecedero, incluso nosotros mismos.

Nuestra cultura occidental niega esta realidad: nos identificamos con nuestras posesiones y actividades cotidianas y no vemos más allá. Nuestro ego inflado y nuestras creencias y juicios nos ciegan, dificultan nuestra adaptación a los cambios e incrementan el miedo ante lo desconocido y lo nuevo.

Al aferrarnos a nuestra pequeña cosmovisión, nuestro miedo se agranda hasta incapacitarnos para adaptarnos y gestionar la incertidumbre. Pero en estos momentos en que el cambio se percibe a todos los niveles, esta actitud conservadora y apegada ya no se puede mantener. Por eso hemos entrado en shock.

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3. Analiza cómo vives el duelo ante el cambio

Se avecina un cambio. ¿Qué puedes hacer para transformar esta actitud de apego y gestionar la incertidumbre? Lo primero es asumir que estás de duelo y que tu cerebro está realizando un proceso de adaptación para enfrentarse al cambio y elaborar la pérdida. Estas son las fases del duelo ante un cambio o una situación de incertidumbre. ¿En cuál estás tú?

  • Colapso: El colapso es la primera etapa de este proceso. Es un momento de negación ante lo que sucede que tiene una función: protegernos y ayudarnos a sobrevivir. Nos proporciona el tiempo para seguir adelante a pesar de las emociones que nos embargan.
  • Miedo: Superada la negación, el cerebro entra en una especie de búsqueda desesperada en la que quiere volver a lo anterior, a lo conocido. Hasta que te das cuenta de que esto no es posible. Es entonces cuando el abismo se abre ante ti, la tierra se tambalea al comprender que ya no sirven las creencias y los hábitos anteriores. El miedo te atrapa. No puedes usar las viejas formas de actuar porque la realidad ha cambiado, pero aún no has construido una nuevas maneras de funcionar.
  • Aceptación. La buena noticia es que en un proceso de duelo todo puede acabar integrándose y el tiempo ayuda. Empiezas a salir de él cuando entras en conexión con la realidad y comprendes que debes reorganizarte internamente.

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4. Reorganiza tu mente ante la incertidumbre

«¿Cómo podemos hacerlo?» es la pregunta que se cierne sobre nosotros a nivel individual y colectivo. Esta última etapa del duelo implica reorganizar la nueva realidad y también integrar la muerte como una parte inherente a la vida.

  • Recordar que nos necesitamos los unos a los otros, que nos regulamos a través de los demás y estamos muy interconectados. Desprendernos de nuestro ego y desidentificarnos con el «tener» nos facilitaría «ser».
  • Para llegar ahí es fundamental expresar lo que sentimos, las emociones que ha generado esta situación. ¿Qué permiso te das para expresar frustración, enfado, miedo o dolor ante los cambios que vives?
  • Y además de llevar a cabo un proceso personal, necesitamos más que nunca rituales colectivos que nos ayuden a digerir los traumas vividos. La sensación de que la comunidad nos sostiene y que no estamos solos ante lo nuevo.
  • También es importante para desinflar el ego darnos cuenta de que no somos más importantes que otros seres vivos. Hacer un acto de humildad y reconocer la vida y la naturaleza como algo más grande que nosotros. Nos permite ser más flexibles, tener una actitud de aceptación ante lo que es y arraigarnos en el presente.
  • Reconectemos con la naturaleza como una fuerza que nos ofrece las respuestas a lo que no podemos entender y comprendamos que nuestro destino está estrechamente vinculado al de ella, porque no somos diferentes, sino que somos «uno». Cuando entramos en conexión con lo natural, todo empieza a recobrar sentido.

5. Abraza la meditación como camino hacia la realidad

La filosofía budista se basa precisamente en la impermanencia de las cosas y para enfrentarse a ella sin sufrimiento propone desarrollar distintas actitudes. A través de la meditación nos invita a calmar la mente, a anclarnos en el presente a través del cuerpo y de la respiración. Nos invita a dejar ir para salir de la prisión del ego,a desarrollar una actitud abierta, curiosa, que facilita la integración de la nueva realidad.

Como asegura Jeff Foster, autor de La más profunda aceptación (Ed. Sirio), la meditación es más que una práctica. «Es una forma de vida, una actitud amorosa y compasiva hacia nuestro dolor y nuestra angustia.(...) La meditación significa disminuir la velocidad, responder conscientemente a la intensidad del momento presente en lugar de reaccionar a él.

Si no sabes cómo empezar a meditar, quizá te interese el curso online de mindfulness de la Escuela Cuerpomente.

Sentir y bendecir nuestra incomodidad, en lugar de escapar con historias y culpar. Observar amorosamente nuestros pensamientos negativos, en lugar de ser absorbidos por ellos.(...). Es una meditación que dice «sí» a nuestros hermosos, rotos, feroces y tiernos corazones humanos, «sí» a nuestras imperfecciones y defectos, «sí» a nosotros, exactamente como somos, en este mismo momento de nuestras vidas».

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