Terapia musical

Musicoterapia: por qué evita el deterioro cerebral

Jordi A. Jauset. Divulgador científico

La memoria musical es la última que se pierde. En personas con demencia, escuchar una melodía conocida hace que se activen millones de conexiones neuronales.

En el año 2013, en una residencia geriátrica de Long Island, en Nueva York, una cuidadora tuvo la idea de ponerle unos auriculares a Henry, un anciano de 93 años, para que se distrajera escuchando música de los años 30, década que coincidía con los años de su juventud.

Henry padecía demencia y se pasaba todo el día sentado en una silla sin decir nada ni hablar con nadie. La agradable e inesperada sorpresa fue su reacción: a los pocos minutos, Henry parecía otra persona, hablaba, se reía, cantaba…

Fue tal el impacto que se elaboró un documental (Alive inside) que fue objeto de debate en varios centros internacionales de investigación que estudiaban los efectos de la música en el cerebro. Al poco tiempo, diversos profesionales de la salud de nuestro país imitaron el ejemplo y empezaron a promocionarlo en residencias geriátricas, observando cambios muy positivos en las personas.

¿Por qué la música tiene un efecto tan poderoso?

La música es un estímulo sencillo, económico, agradable y poco o nada invasor siempre que sea aceptado por la persona que la escucha. Si hiciéramos “cuentas”, nos sorprendería la enorme cantidad de horas que a lo largo de nuestra vida hemos compartido con la música en circunstancias muy diversas, unas alegres y otras nostálgicas, pero siempre ha estado allí.

Sin duda alguna somos seres musicales, en un sentido amplio de la palabra.

Los parámetros musicales (melodía, ritmo, armonía, tempo) nos afectan e influyen en función de nuestras características individuales –tales como nuestra cultura, formación musical, entorno o hábitos familiares–, lo cual facilita que todos tengamos una lista musical autobiográfica, la banda sonora de nuestra vida.

Seguramente nos resultaría fácil identificar distintos periodos de nuestras vidas citando una canción o melodía por el impacto que nos produjo en su día, cuyo recuerdo sigue allí en millones de conexiones sinápticas, nanométricas, en las profundidades de nuestro cerebro.

En las últimas décadas, la ciencia ha estudiado con tecnologías muy avanzadas las respuestas de la música en nuestro cerebro para investigar hasta dónde y cómo puede afectarnos, y los resultados no dejan de ser sorprendentes.

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¿Por qué la música nos ayuda en los malos momentos?

Se sabe que la música que nos resulta familiar, aquella que nos agrada, provoca respuestas asombrosas en personas con demencia. Sonidos, melodías o letras conocidas, especialmente de la época de la adolescencia, aportan recuerdos, apelan a nuestra atención, originando respuestas cerebrales en áreas prefrontales (memoria a largo plazo) y en aquellas relacionadas con las emociones, siendo por tanto una herramienta eficaz que facilita el acceso a recuerdos ya olvidados.

Música y neurociencia: lo que descubren los estudios

Hoy en día se conocen cuáles son las áreas cerebrales que conservan la información musical que forma parte de nuestra identidad, de nuestra música autobiográfica.

En el año 2015, Jacobsen y su equipo de investigación publicaron sus resultados en la conocida revista Brain citando que dicha memoria musical se almacenaba en el cíngulo anterior caudal y el área motora presuplementaria.

La sorpresa fue que incluso si estaban afectadas por el proceso patológico de una de las posibles causas del alzhéimer (placas beta amiloide), presentaban una menor atrofia cortical y una incidencia más leve en el metabolismo de la glucosa que otras áreas homólogas con los mismos niveles de afectación. Ello podría explicar que, aun en caso de un estado avanzado de alzhéimer, se conservara la memoria musical, pero aún se desconocen sus causas.

Sea lo que sea, la memoria musical es la última que se pierde, y este hecho es aprovechado para estimular e intentar continuar conectando redes y áreas cerebrales con nombres de personas, hábitos, recuerdos, superponiendo la letra a la música que aún se recuerda.

La música permite retrasar el deterioro cerebral.

La simple escucha de música, en personas con demencia, puede ser beneficioso, como muestran las evidencias, siempre que tenga un significado especial para ellas (conociendo su historial musical a través de sus familiares o personas cercanas) y que deseen o acepten escuchar música con una actitud positiva.

La escucha de música preferida también ayuda a la reducción del consumo de fármacos psicotrópicos y de los niveles de ansiedad en personas diagnosticadas con alzhéimer. Así lo muestra el estudio denominado Music and Memory, publicado en 2017 por la Brown University (EE. UU.), que analizó a 13.000 personas de 98 residencias.

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La escucha de música no cura la demencia.

Sus resultados quizás los valoremos como insuficientes, pero en términos de “instantes de felicidad” son muy valiosos. Esa distracción musical, el bienestar que se experimenta, los recuerdos que remiten de nuevo a la memoria son el resultado de la activación de millones de conexiones neuronales, de la liberación de neurotransmisores…

En esos momentos, su cerebro está estimulado y activo, y ese dinamismo es muy importante en personas con demencias, pues una reducida actividad cerebral acelera la morbilidad neuronal.

En función de cuál sea el estado de la persona, puede combinarse la escucha musical individual con la grupal acompañándose de movimientos de los miembros superiores y/o inferiores, con la socialización a través del canto, lo cual aumenta aún más la conectividad neuronal.

La música se presenta como una terapia que permite aportar una mejor calidad de vida para los pacientes.

Otra de las actividades recomendadas por los científicos es la lectura. Pero investigaciones actuales indican que la música es aún más eficaz para frenar o atenuar los efectos de la demencia.

Son múltiples los estudios que indican que las vías neurológicas de la memoria musical son más resistentes a la degeneración de las neuronas, y que la retención de información musical se prolonga en el tiempo sin mostrar una relación proporcional con el estado concurrente de pérdida de memoria de la persona, según el estudio del Dr. Janata del Centro de la mente y el cerebro, de la Universidad de California (EE. UU.)

¿Cómo se aplica la musicoterapia?

Los profesionales musicoterapeutas, especializados en esta terapia no farmacológica, están formados para aportar los mejores recursos y estrategias musicales que dinamicen y estimulen el cerebro: desde recursos muy simples a otros más complejos en función del estado de la persona y de si es un trabajo individual o grupal, pues ambos tienen sus beneficios.

El objetivo del profesional musicoterapeuta es mantener al máximo las capacidades cognitivas residuales intentando que conserve la autonomía el mayor tiempo posible, preservando así su calidad de vida y la de su familia.

Las técnicas musicales pueden aplicarse para que actúen sobre la atención o la memoria –a través de melodías conocidas–, o sobre el movimiento, para conseguir un mejor equilibrio postural evitando las perniciosas caídas. En definitiva, se intenta ofrecer una actividad que resulte motivadora, agradable y, a la vez, que ralentice la degeneración neuronal.

La estimulación visual mediante la observación de destellos de luz LED y la auditiva, mediante la escucha de tonos, de frecuencias de 40 Hz elimina la acumulación de proteínas amiloides y reduce la concentración de los ovillos de proteína tau (una de las probables causas del alzhéimer) pudiendo comprobarse la recuperación parcial de la memoria y de las capacidades cognitivas. Así lo muestra un reciente estudio del Instituto Tecnológico de Massachussets, publicado en 2019 por la doctora Li-Hue Tsai y su equipo, que realiza pruebas ya en personas, una vez se ha experimentado con éxito en ratones de laboratorio.

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¿Qué es la sonoterapia y cómo puede ayudar?

Otra técnica recientemente incorporada es la realidad virtual, que supone una estimulación muy activa para el cerebro. A través de sofisticados programas de software, elaborados según el historial de vida y musical de la persona, se recrean ambientes personalizados (visuales, olfativos, musicales, sonoros,…). Con ello se consigue una elevada dinamización neuronal en aquellas áreas correspondientes a las funciones más sensibles a la neurodegeneración. Con esta técnica, el Centro Alemán para las Enfermedades Neurodegenerativas, en combinación con imágenes cerebrales por resonancia magnética, además detecta fallos cognitivos asociados al alzhéimer. Todo un avance.

Activa tus neuronas con música

Escuchar música nos estimula.

Nuestro cuerpo se sincroniza al ritmo de sus notas y nos invita a seguirla con la voz, activando nuestra mente y emociones. Es una sencilla y divertida terapia adaptable desde la infancia hasta la edad adulta. Algunas simples pero eficaces claves para mantener las neuronas activas son las siguientes:

Escucha tu música preferida y disfrútala.

No importa el género musical, sino que sea de tu agrado, ya sea música clásica o actual. Lleva contigo tu playlist personal y disfrútala donde quiera que estés.

Si sabes la letra, cántala.

Te evocará recuerdos, a la vez que estimulará tus conexiones cerebrales y modificará tus niveles de neurotransmisores, lo que te aportará una agradable sensación de bienestar.

Queda con tus amigos para celebrar algo.

Siempre hay una buena ocasión para reunirse con los amigos, para celebrar, y la música no puede faltar. No solo os divertiréis, no solo echaréis unas risas. También las neuronas, agradecidas, se activarán, se sentirán llenas de vida y de dinamismo; y con ello, se activará la producción de las hormonas del bienestar y de la felicidad.

Muévete y baila, activa el cuerpo.

No solo lo agradecerán tus músculos sino también las neuronas y todo tu cerebro. El ejercicio físico, aunque moderado, estimula la generación de neuronas en el hipocampo, las que están relacionadas con la memoria. Así el cerebro se mantiene más sano.

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