Igualdad en la pareja

Dar y recibir: ¿el equilibrio es imposible?

Mireia Simó

Para que la relación de pareja prospere debe existir un equilibrio entre lo que aporta y lo que recibe cada uno. Pensar que cuanto más se da, más amor hay, es una creencia distorsionadora.

Roberto se acababa de separar y se sentía confuso porque no entendía qué había sucedido. Sonia, su pareja durante ocho años, había decidido romper la relación y una de las razones que le había dado fue que se sentía demasiado en deuda con él. Creía que no podía darle lo que él esperaba y esa sensación había ido creciendo cada vez más, llegando a agobiarla tanto que no podía convivir con ella.

Roberto estaba desconcertado. “No lo entiendo”, me decía. “Siempre tuve detalles, siempre estuve pendiente de lo que necesitaba, siempre la cuidé, le hacía regalos, le decía palabras bonitas, incluso, cuando me di cuenta de que se alejaba de mí, hice un mayor esfuerzo por dárselo todo. Y nunca le pedí nada a cambio. Es verdad que siempre he sentido que ella no me correspondía del mismo modo, pero nunca se lo dije; me conformaba con lo poco que recibía. Había aprendido que cuando amas a alguien hay que dar sin esperar nada a cambio.”

Roberto no podía imaginar que recibir tanto pudiera producir malestar a una persona. “¡Ya me hubiera gustado a mí recibir lo que yo le daba!”, dijo pensativo con un gesto de indignación y sorpresa al mismo tiempo.

Tratar al otro como quieres que te tratase: ¿un error?

Sin darse cuenta, acababa de describir lo que, en 1981, la psicoterapeuta gestáltica Sylvia Fleming Crocker definió como proflexión: hacer al otro lo que nos gustaría que nos hicieran a nosotros.

Algunas personas tienen dificultades para recibir, y entonces, a pesar de que el otro les dé mucho, todo cae en una cesta sin fondo. Es una situación muy frustrante tanto para el que no puede retener y, por lo tanto, no recibe, como para el que da, porque este puede tener la sensación de que aquello que preparó con tanto amor el otro no lo considera valioso.

La incapacidad para recibir de uno puede ser vivida como un desprecio por el otro.

Estas palabras tocaron profundamente a Roberto. Podía reconocer la sensación de frustración y desprecio que tantas veces había experimentado al regalarle algo a Sonia. Se dio cuenta de que hasta entonces lo había justificado todo diciéndose: “Bueno, es que ella es así. Sé que en el fondo le ha gustado”, en lugar de expresar cómo se sentía ante sus reacciones.

Recibir tiene que ver con nuestra autoestima

En la medida que podemos recibir, vamos acumulando pequeños gestos positivos a nuestro autoconcepto. Y sabemos que estamos recibiendo cuando eso nos toca el corazón, cuando podemos escuchar lo que la otra persona nos da y cuando podemos reconocer lo que experimentamos.

Las experiencias positivas que acumulamos nos impulsan a dar, participando en un intercambio fluido y sano.

Identificamos que algo se mueve en nuestro interior y podemos detenernos a saborearlo sin quitarle importancia y sin pasar corriendo a otra cosa para no conectar con ese gesto bonito, con ese regalo inesperado, con ese beso espontáneo o con esas palabras especiales. Cuando eso ocurre, acumulamos una experiencia positiva en nuestro interior que alimenta nuestro ser, que nos hace sentirnos valiosos y queridos, y desarrollamos sentimientos de amor que nos impulsan a dar, a devolver algo a la persona de la que recibimos.

Eso no significa que tengamos la obligación de hacerlo, sino que cuando este intercambio se da de manera fluida y sana, la reacción surge espontáneamente. Cuando uno recibe, siente el deseo de dar y se produce lo que Peter Bourquin, terapeuta gestáltico y pionero constelador familiar, llama una “dinámica de compensación”.

Como dice Bert Hellinger, creador del método terapéutico de las constelaciones familiares, “el amor mediante el cual las parejas crecen juntas empieza ya en nuestra infancia”. Así pues, vamos aprendiendo esta habilidad durante los primeros años de nuestra vida. Sin embargo, aunque es en la infancia cuando la empezamos a construir, también podemos aprenderla y desarrollarla en la edad adulta si no lo hicimos entonces.

¿Cómo equilibrar la balanza?

Una actitud que funciona cuando una persona tiene dificultades para recibir es darle muy poco a poco. Si se le da mucho de golpe, lo rechaza directamente porque no tiene “recipiente” donde contenerlo. Además de no poder valorarlo, se siente en deuda e incapaz de devolver aquello que le dieron aunque no lo recibió. Sin embargo, si recibe muy poco a poco, puede ir reconstruyendo ese fondo con pequeñas experiencias positivas.

Algunas habilidades nos facilitan tener unas relaciones sanas, con vínculos fuertes y duraderos, y entre ellas está la de saber recibir.

Durante su proceso terapéutico, Roberto pudo comprender la sensación de Sonia y descubrió qué había detrás de su propia manera de relacionarse. Se dio cuenta de que en muchas ocasiones lo que realmente le impulsaba a dar era su necesidad de recibir.

También reconoció que él no era claro pidiendo lo que quería, que no mostraba sus necesidades. En ese instante fue consciente de que la relación no le satisfacía, algo que había permanecido oculto hasta aquel momento, tal vez por miedo a la ruptura o a conectar con aspectos suyos que le producían cierta incomodidad.

Así supo que todo estaba relacionado con el desequilibrio entre lo que él daba y lo que recibía. Y aprendió entonces que dando mucho no siempre se ayuda al otro ni a la relación, que lo importante es el equilibrio y que cuando este se da la pareja se nutre, crece y se mantiene viva.

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