El tiempo es relativo

Percepción del tiempo: ¿la cuarentena se te está pasando lenta o rápida?

Carmen Vázquez. Psicóloga y psicoterapeuta

Como dijo William Shakespeare, "el tiempo es muy lento para los que esperan, muy rápido para los que temen, muy largo para los que sufren, muy corto para los que gozan; pero para quienes aman, el tiempo es eternidad".

Todos tenemos la experiencia de que el tiempo “vuela” cuando estamos disfrutando de una persona muy querida, o de un acontecimiento apasionante. Pero también sentimos que el tiempo se eterniza cuando asistimos a una actividad aburrida, que no nos interesa y de la que no nos podemos librar, o cuando estamos con alguien que no es de nuestro agrado. ¿De qué depende que el tiempo se nos pase rápido o lento?

Básicamente, podemos medir el tiempo de dos formas: objetiva y subjetivamente. El tiempo objetivo es, por decirlo de una manera sencilla, el que mide el reloj, por lo que también podríamos llamarlo “tiempo social”. Se trata de una convención, de un acuerdo global entre todos los seres humanos. El tiempo subjetivo, sin embargo, es nuestro reloj “interno”, que nos informa de nuestro propio ritmo con respecto al social.

Todos aceptamos que la hora “del reloj” es la hora con la que organizamos la vida, los hábitos, las costumbres… Así tenemos, por ejemplo, nuestro horario para las comidas, para trabajar, para el ocio, para descansar…

El tiempo subjetivo es un tiempo personal y único que corresponde al ajuste entre nuestro ritmo personal y el tiempo objetivo o social.

Pero el tiempo subjetivo tiene, además, otro matiz importante: cómo percibimos su transcurso. Un momento puede parecernos una eternidad, mientras que hay semanas que se nos pasan tan rápidas como un suspiro. El tiempo se enlentece o se acelera según lo que está ocurriendo en nuestro entorno, según la actividad que estamos desarrollandoo con quién estamos en ese momento; es decir, está íntimamente relacionado con nuestro interésy nuestra motivación.

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Cómo disfrutar de los tiempos de nuestra vida

En realidad, vivir es convertir el tiempo en experiencia; y si esta es grata… ¡muchísimo mejor! Sin embargo, todo tiene su momento y cada cosa su tiempo, lo que significa que también debemos dedicarnos a esos “tiempos de espera obligados” o hacer frente a situaciones difíciles en los que el tiempo se lentifica.

En muchas ocasiones, hacemos caso del refrán “el tiempo es oro” y buscamos la manera de transformar los tiempos “obligados” en tiempos “útiles”. Puede que esta sea una manera sabia de aprovechar el tiempo, pero no es la reflexión que nos ocupa. Se trataría de preguntarnos si, así, disfrutamos del tiempo. ¿Vibramos cada segundo de nuestra vida por el placer de estar vivos, por estar haciendo lo que hacemos en cada momento?

Disfrutar no es aprovechar el tiempo ni tampoco es divertirse. Disfrutar es la habilidad de estar centrado en lo que se está haciendo o viviendo en cada momento.

Disfrutar es aceptar cada instante de nuestras vidas poniendo en él todos nuestros sentidos, dejándonos sentir cada sensación, cada textura emocional, cada matiz que nos aporta esa situación en la que estamos inmersos. Es fluir y dejarse empapar por cada vibración de la vida.

Incluso lo más aburrido o doloroso resulta más pleno si estamos presentes, si nos entregamos a ello con los cinco sentidos, con la totalidad de nuestro ser. Y es que solo vivimos una vez, por lo que cada minuto es único e irrepetible.

El secreto para disfrutar de nuestra vida es aprender a disfrutar de cada instante de nuestra existencia, aceptando en cada momento lo que la realidad nos pone delante. El escritor estadounidense Paul Goodman decía en este sentido: “Vive la vida como tu corazón te diga que la vida debe vivirse, y el mundo se volverá un lugar mejor para todos”.

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Pasos para saborear tu tiempo

1. Busca tu ritmo de vida. No te cargues de actividades que lo único que consiguen es hacerte correr y estar continuamente estresado. Procura dejarte tiempos libres para estar contigo mismo.Y cuando no sean obligaciones, como el trabajo y otros compromisos realmente ineludibles, ajusta tu tiempo a tu ritmo personal.

2. Sintoniza con tu reloj corporal. Acuérdate de que prácticamente todos los procesos de tu cuerpo están controlados por tu reloj interno. El organismo confiere a cada hora un tinte personal. Algunas personas son diurnas, mientras que otras prefieren la noche. Ajustar una actividad a tu reloj corporal hace milagros.

3. Disfruta tu tiempo libre. La actividad continua nos roba fuerza, hace que los pensamientos profundos sean imposibles y desgasta las relaciones con los demás. Por eso, necesitamos un tiempo de sosiego, de ocio, de descanso.

4. Vive cada instante. Entrena tu percepción y tus sentidos para captar aquellos pequeños detalles del “aquí y ahora” que te reconfortan. Busca, a lo largo del día, en cualquier momento, pequeñas satisfacciones y matices nuevos en lo que estás haciendo. Encuentra la armonía que, a pesar del estrés y la monotonía, haya tu alrededor.

5. Aprendea estar centrado. Dedícate a hacer lo que estás haciendo en cada momento. Recuerda que cada momento es único e irrepetible y está cargado de magia. Aprende a descubrir esa magia.

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