Por un futuro mejor

Por qué devolver la libertad a los niños

Jesús García Blanca

La sociedad dispone de mecanismos e instituciones para que los adultos ejerzan un poder indiscriminado sobre los niños y controlen la infancia.

Ahí, en la oscuridad luminosa del mundo interior, donde todo es pulsación, irrumpe la vida. El nuevo ser es una explosión de vitalidad. La energía brota en su interior y pugna por expandirse, por desbordar unos límites aún desconocidos y conectar con el mundo.

Pero el mundo no está preparado para recibir ese enorme potencial viviente: el bebé no encuentra una sociedad organizada para comprender sus necesidades y respetar su desarrollo.

Comenzando por los protocolos del embarazo y el parto, y siguiendo por la escuela, nuestros hijos crecen en la rigidez y el sometimiento.

La importancia clave del nacimiento y el primer año de vida

El primer ecosistema de los cachorros humanos es el útero materno, que abandonan cuando están preparados para ello. El viaje a través de la vagina supone un masaje que estimula su sistema nervioso y despierta el desarrollo de órganos internos.

Y, una vez en el exterior, el cuerpo de la madre sigue siendo el ecosistema vital del bebé: el contacto piel con piel con la madre es imprescindible para un desarrollo completo del funcionamiento enzimático, del metabolismo del cerebro, de la regulación de las pulsaciones del corazón, del despliegue celular de los linfocitos recicladores y del sistema nervioso y su conexión con lo emocional y lo racional.

Artículo relacionado

desmedicalizacion-partos

Desmedicalizar la concepción, el embarazo y el parto

Las condiciones en las que se producen la mayoría de los partos hospitalarios perturban o bloquean esos procesos cruciales. Establecen un calendario rígido para el momento del parto y abruman a la parturienta y al bebé con protocolos agresivos que medicalizan excesivamente lo que debería ser un proceso vital espontáneo y gozoso.

Para favorecer ese desarrollo sano y armonioso de la vida, uno de los primeros cambios a abordar es devolver a las mujeres el control del embarazo y el parto.

También es preciso dar a las futuras madres y a los profesionales de la salud y la educación información veraz sobre los fundamentos de la vida y, en especial, sobre la importancia de la autorregulación en el animal humano y su necesidad primigenia de contacto con la madre.

Con ella mantiene –al menos durante el primer año– una simbiosis biológica que exige el permanente contacto afectivo, epidérmico, energético. De ahí la importancia de amamantar al bebé desde el primer instante de vida y hasta que este sea capaz de separarse de modo natural y sano.

Una parte importante de esa información deberá encaminarse a acabar con los tópicos antivitales profundamente arraigados en una sociedad que no comprende lo viviente.

“Es normal que llore”,“No dejes que se acostumbre a los brazos”, “No quiere el pecho”... son tópicos encaminados a facilitar supuestamente la separación de la madre para dejar al niño en manos de familiares, cuidadoras o en guarderías que aceptan bebés mucho antes de que estén biológicamente preparados.

Artículo relacionado

coger en brazos bebe dependiente

¿Quieres un bebé independiente y seguro? Cógele en brazos

No nos referimos a meros cambios de comportamiento individuales sino a una transformación de la sociedad íntimamente unida a un desarrollo vital funcional del ser humano.

Ello supone reformar las instituciones sanitarias y educativas, empezando por las que afectan al ciclo concepción-embarazo-parto-crianza. Se trata de humanizar los paritorios y las consultas, y de establecer bajas maternales que permitan que los bebés permanezcan con sus madres desde el momento del parto y hasta su primer año de vida.

Fomentar la autonomía del bebé

Una vez cumplido el primer año, si la relación biológica con la madre se ha establecido de forma sana y autorregulada, el bebé estará en condiciones de empezar a relacionarse con el exterior y de hacerse cargo de su autonomía de un modo natural y maduro.

Pero si este proceso de abrirse al mundo se dificulta debido a presiones, imposiciones, costumbres o creencias sociales o individuales, tendremos a un ser humano enfermo, manipulable, falto de autonomía, de capacidad crítica, de madurez intelectual y emocional: lo que el psicoanalista Wilhelm Reich denominaba un “pequeño hombrecito” que transmitirá sus debilidades a la siguiente generación.

Artículo relacionado

Matthew Appleton

"Hoy los niños están más controlados, no respetamos su libertad"

Reich escribió en 1952: “El futuro destino de la raza humana será creado por la estructura caracterial de los niños del futuro. En sus manos y corazones estará esta gran decisión. Tendrán que limpiar el caos del siglo XX. Esto nos concierne a nosotros, los que vivimos en medio de este caos. No debemos ser nosotros los que edifiquemos ese futuro. No podemos decir a nuestros hijos qué clase de mundo habría que construir, pero podemos equiparlos con el tipo de estructura caracterial y el vigor biológico que les harán capaces de tomar sus propias decisiones y encontrar sus propios caminos para construir de una manera racional su propio futuro y el de sus hijos”.

Los adultos han convertido la infancia en un estado de sitio en el que ejercen indiscriminadamente el poder utilizando instituciones especializadas en adaptar, normalizar, integrar y, en definitiva, controlar la infancia.

El problema actual de las escuelas: un debate que no se ha resuelto

Entre estas, se encuentra la escuela, que cumple esa función crucial de encierro y normalización.

La escuela hace lo contrario de lo que dice que hace, lo contrario de lo que debería hacer en una sociedad libre: convierte a los niños en masa, los disciplina, los aburre; difunde la incultura, fracciona el pensamiento, reprime la sensibilidad, promueve la insolidaridad y la competitividad, mata la espontaneidad y alimenta la frustración y el odio.

De manera que podemos decir que hay niños creativos, que investigan y que se divierten aprendiendo, a pesar de la escuela.

Artículo relacionado

escuelas creativas

Cómo son las escuelas alternativas y creativas

El debate sobre su carácter público o privado esconde lo fundamental: la escuela que padecen los niños es, en esencia, la misma. Cumple la misma función: fabricar ciudadanos obedientes, incapaces de pensamiento crítico y, por tanto, fácilmente manipulables por los poderes establecidos.

Si queremos proteger la vida y asumir un compromiso radical con los “niños del futuro”, deberemos también abordar otro cambio profundo: el de la institución escolar.

Hace casi cien años que el pedagogo Alexander Neill, defensor de la educación en libertad, y Wilhelm Reich sentaron las bases para esa transformación. Desgraciadamente, solo ha cuajado en lugares y momentos puntuales, aunque otros autores han continuado realizando valiosas aportaciones a esa tarea crucial, como los obstetras Michel Odent y Frédérick Leboyer, los psicólogos Henri Laborit y Alice Miller o los sociólogos Ivan Illich y Carlos Lerena.

Entretanto –con las contadísimas excepciones de aquellos niños que vivan cerca de alguna escuela que siga la senda de los autores mencionados–, quizá la única alternativa sea la decisión individual, fundamentada y consciente, de no abandonar a nuestros hijos en jardines de infancia o escuelas.

La normalidad no equivale a la salud. Más bien lo contrario: en la actualidad, lo normal es precisamente lo patológico. La salud se asienta en la autorregulación, lo cual exige cualidades extraordinarias de las que no disponemos. Pero podemos aprenderlas a partir de los niños, permitiéndoles desarrollar la enorme fuerza espontánea vital que traen consigo.

¿Deseas dejar de recibir las noticias más destacadas de cuerpomente?