Padres e hijos

Niños y pantallas: cómo prevenir la adicción y hacer un uso saludable

La adicción de los niños al móvil, las consolas y el juego online es una realidad para muchas familias. Gestionar el tiempo y el uso que los niños hacen del móvil y las pantallas es una necesidad.

Si revisamos cualquier encuesta sobre las preferencias lúdicas de niños y adolescentes españoles nos daremos cuenta de que los aparatos tecnológicos –ordenadores, teléfonos móviles, reproductores mp3, cámaras digitales, robots electrónicos y por supuesto las consolas o videojuegos– destacan claramente sobre cualquier otro objeto o juguete.

Estas preferencias no deben alarmarnos, pues adultos y niños vivimos inmersos en una realidad tecnológica que alcanza ya plenamente el mundo del ocio y el entretenimiento.

La propia oferta y mercadotecnia de estos aparatos es tan variada y atractiva que muchas veces son los propios padres u otros familiares quienes recurren a ella a la hora de hacer un regalo a los niños.

La paradoja viene poco después, e incluso algunas familias la formulan antes, cuando se plantea el tiempo que los pequeños –y no tan pequeños– dedican a jugar con sus consolas, a las redes sociales o a los vídeos de Youtube o Twitch. Es entonces cuando vienen las quejas porque parece que el niño está enganchado, estudia poco o se pasa mucho tiempo encerrado en la habitación.

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Existe una gran división de opiniones acerca de la bondad de estos aparatos y los beneficios que pueden aportar a nuestros hijos, de manera que en un bando están los claros detractores que hablan solo de lo perjuicios, y en otro los acérrimos defensores, que abogan por introducir a los niños desde bien pequeños en este mundo, porque es lo que se encuentran en la escuela y lo que se encontrarán en su vida adulta.

Lo que parece innegable es que las nuevas tecnologías no tienen vuelta atrás, sino que, bien al contrario, cada día avanzan más, hay que aprender a convivir con ellas y manejarlas.

Juegos digitales: entre la formación y la adicción

Para no caer en reduccionismos, conviene acercar esta polémica a lo que supone el juego en la evolución infantil, ya que se trata de una actividad fundamental para que los niños aprendan, crezcan sanos y tengan una buena socialización.

El juego, ante todo, proporciona placer a quien lo practica, pero no constituye solo una diversión. Mediante los juegos tradicionales –construcciones, muñecos, barro, cocinas, colores, instrumentos musicales, puzzles...– los niños van explorando su entorno, tienen nuevas percepciones y sensaciones, conocen sonidos, colores, identifican números y letras, es decir, van aprendiendo a la vez que se divierten y, no menos importante, entran en contacto con otros niños y adultos.

Jugando desarrollan todas sus capacidades (atención, memoria, destreza manual, imaginación...), expresan sus sentimientos (tristeza, alegría, compañerismo, egoísmo...) y aprenden que el mundo, como los juegos, está regido por una serie de normas.

Si atendemos, por tanto, a la definición y funciones del juego, y lo hacemos con ánimo crítico, bastantes juguetes clásicos no cumplen todos estos requisitos y nadie se echa las manos a la cabeza. Por el contrario, casi todos los «juguetes tecnológicos» cumplen muchos de estos requisitos y, como hemos dicho, no dejan de salirles detractores.

El punto negro de estas nuevas tecnologías, y ahí radican muchas de las críticas, es su gran atractivo, su infinidad de posibilidades, características que comportan una gran dedicación y corren el peligro de conllevar una adicción.

Los muchos atractivos de un universo virtual

Los videojuegos, tanto de ordenador como de consola, atrapan. Primero, por su amplia variedad, que hace que según la personalidad del niño encuentre siempre un juego u otro que resulta de su agrado.

En segundo lugar, los videojuegos generan una realidad virtual muy estimulante que permite al niño identificarse con el protagonista, ya se trate de un deportista, un cantante, un aventurero, un héroe o un villano.

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A través de esa identificación el niño se siente protagonista –aunque tiene claro que es un juego y no confunde su propia realidad con la realidad virtual en la que está viviendo–... y ningún protagonista suele abandonar su aventura.

De manera que el niño no dejará un partido de fútbol hasta el final y luego querrá seguir jugando su liga, o querrá ir pasando de pantalla en pantalla para vivir nuevas y desconocidas aventuras, o seguirá las vicisitudes de su muñeca favorita recreando su vida a través del juego, y todo ello gracias a unos escenarios gráficos increíbles y bandas sonoras que acompañan la acción.

Aunque luego hablaremos también de los distintos tipos de juegos, no podemos olvidar que existe una amplia gama de juegos educativos que permiten aprender un idioma, ampliar nociones de matemáticas, jugar al ajedrez o realizar todo tipo de construcciones, y también en un entorno muy agradable y mediante un diálogo interactivo con el ordenador.

¿Cuándo se pasa de la afición a la adicción?

El principal riesgo viene dado por la afición que crean. Los niños quedan ensimismados ante la pantalla y se olvidan de que tienen otras cosas que hacer (desde tareas a posibilidades de juego) y entonces surgen las discusiones familiares, los enfados, los castigos... De todos modos, no hay que ser alarmistas ni confundir la afición con la adicción.

Se puede hablar de adicción o dependencia cuando el niño se centra solo en esa actividad, ya sea jugar a la consola, al ordenador o chatear continuamente, y lo hace de manera compulsiva y exclusiva, de modo que cuando llega a casa se sienta ante cualquier pantalla, no le apetece ni merendar y a los padres les resulta muy difícil sacarlo de ahí.

Es decir, cuando la actividad se centra en la diversión y no en el uso para la búsqueda de información, cuando pierde el control sobre el tiempo que está conectado o cuando muestra un gran enfado, e incluso agresividad, al no poder conectarse o jugar.

Sin llegar a la adicción, una situación de mucho tiempo de enganche puede ser negativa para ellos mismos y para la vida familiar.

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Cómo prevenir los riesgos

Para no llegar a esa situación tan compleja, hay que tener en cuenta las siguientes consideraciones:

  • Somos un modelo para nuestros hijos y si nosotros somos los primeros en quedarnos ante el móvil o el ordenador, les estamos dando un mal ejemplo.
  • Hay que elegir los juegos en función de la edad del niño. Para ello hay que fijarse en las carátulas, ya que tienen la obligación de incluir tanto la edad recomendada como iconos descriptivos del contenido.
  • La personalidad del niño es casi tan importante como la edad. Si se trata de un niño muy ansioso, hay que buscar juegos que no incrementen su ansiedad, como podría ocurrir con los juegos de plataforma, en los que hay muchas dificultades que tienen que sortear para ir avanzando. Se evitarán especialmente aquellos de carácter violento o agresivo.
  • Para impedir que nos molesten en nuestras tareas, no debemos enviarlos a ver la televisión o a jugar al ordenador.
  • Procurar estar con ellos mientras juegan o chatean con sus amigos, sobre todo si se trata de niños pequeños, para ver con quién hablan y de qué.
  • Promover que compartan los juegos con amigos y hermanos, ya que es una manera de que se relacionen con otros niños y no se vayan quedando aislados.
  • Fomentar otras actividades de ocio, como la práctica de algún deporte, juegos de mesa, pasear con la familia, lectura...
  • Establecer un límite de tiempo a la hora de jugar, y que sea preferentemente durante los fines de semana, que es cuando tienen más tiempo libre.
  • Evitar los juegos inadecuados para su edad. Para los menores de 16 años no son apropiados los juegos de lucha, shoo­ter (disparos) y terror.

¿A qué edad se puede tener el primer móvil?

Una cuestión que se plantean los padres es cuál es la edad adecuada para que un niño pueda disponer de un móvil. La edad adecuada para que puedan disponer de un móvil está alrededor de los 12 o 13 años.

Es preferible que sea de tarjeta y no de contrato, para que aprendan a controlar el consumo. A esas edades debe ser básicamente una herramienta para comunicarse con los padres en caso de emergencia.

No debe ser un medio que los mantenga alejados del contacto con sus compañeros. Se les debe explicar que cuando se está con otras personas no es bueno aislarse navegando por internet o jugando.

Hay que educarles para que hagan un buen uso de las llamadas y mensajes de texto, solo cuando sea preciso. Y también enseñarles a ser responsables: apagarlo en clase, vigilar las fotos y vídeos que realizan, y que paguen ellos una parte del consumo, etc.

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El polifacético ordenador

El capítulo de la informática, más allá de los juegos de ordenador, merece unas consideraciones algo diferentes de lo que llevamos hablando hasta ahora, puesto que es un tema que los niños viven como algo más familiar y que ya está incluido en prácticamente todos los currículos escolares.

Los niños se acostumbran desde pequeños a ver a sus padres trabajando ante la pantalla, a presentar sus trabajos escolares en ordenador o atrabajar con las pizarras virtuales en clase.

Pero más allá de la utilización de las herramientas ofimáticas, el ordenador es la puerta por la que entran en contacto con el mundo y se convierten poco a poco en internautas: buscan información para sus trabajos, disfrutan de música y películas, se comunican con sus amigos mediante el chat, etc.

Pero, al igual que en el caso de los videojuegos, la entrada en la red puede conducir a una afición excesiva en la que pierden más tiempo del necesario y también unos riesgos como son el desconocer las personas con quienes se comunican, la autenticidad de la información que recaban, la posibilidad de ofrecer datos personales que permitan identificarles...

Cómo hacer un buen uso de internet

Para que los niños hagan un buen uso de internet los padres deben:

  • Vigilar el contenido de las páginas web que visitan los niños, advirtiéndoles de los riesgos que se corren al entrar en según qué páginas, poniendo filtros de seguridad y seleccionando solo las que resultan seguras. La siguiente página web del Ministerio de Ciencia y Tecnología permite obtener gratuitamente herramientas de filtro para contenidos no adecuados a menores: www.red.es/redes/que-hacemos/chavales
  • Estar atentos a las redes sociales que utilizan para vigilar con quién se están relacionando.
  • Recomendarles que no den nunca sus datos personales, ni dirección ni teléfono a nadie, explicándoles los riesgos.
  • Educarles en su uso estando con ellos de vez en cuando, limitando el tiempo de su utilización y advirtiéndoles de las páginas en que no deben entrar, hablando directamente de lo que es la pornografía infantil, la violencia en la red, etc.

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