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Qué hacer cuando el embarazo no llega y cómo afrontar la infertilidad

Cuando el proyecto en pareja de concebir un hijo se hace de rogar o se frustra definitivamente, la pareja recorre una montaña rusa de emociones. ¿Cómo superarla?

Una de cada tres parejas en nuestro país tiene subfertilidad, es decir, cierta dificultad para concebir un hijo.

La mayor parte de estas parejas conseguirán tener un hijo después de un tiempo más o menos largo, mientras que otras deberán renunciar al deseo de tener un hijo biológico.

Tanto la espera, mientras no se logra el embarazo deseado, como la confirmación de que existen problemas de infertilidad y deben tomarse medidas pueden comportar tensiones en la pareja. Ser conscientes de ello es el primer paso para afrontar el proceso con serenidad.

Los padres potenciales deben buscar la calma necesaria para pensar, sentir y decidir cómo afrontar su realidad por ellos mismos y qué pasos dar. En este artículo te contamos cómo afrontar emocionalmente que no un hijo no llega y qué pasos se pueden dar.

¿Qué hacer cuando los hijos tardan en llegar?

Cuando el embarazo no llega, primero hay que poder guardar la calma y convertir la espera en un tiempo rico en sentido. Se puede empezar por mejorar los hábitos de vida para ganar en salud física y mental, como cocinar comida natural, hacer ejercicio y practicar técnicas de relajación.

Puede ser un buen momento para plantearse cambios en el ámbito del ocio, la formación o el trabajo. En definitiva, hacer todo aquello que represente mejorar las condiciones personales en las que recibiremos el bebé.

Además de la preparación individual, es imprescindible potenciar la afectividad y la sexualidad de la pareja. Hay que buscar espacios para estar juntos sin presión, dando lugar a lo lúdico, a la sensualidad y al deseo. La concepción requiere cierto olvido del objetivo para dejarse fluir.

También es oportuno conversar sobre el proyecto de vida en común y el significado de ser padre y ser madre. Si existen conflictos pendientes es el momento para afrontarlos y resolverlos.

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Es un momento idóneo para descubrir posibles ambivalencias respecto a la paternidad o maternidad. Existen algunas personas que se ven arrastradas por el deseo de otras -el de la pareja, el de los padres, el de la sociedad que las rodea-, la oferta de la tecnomedicina, etc., con lo que surge una ambivalencia entre el propio deseo y el deseo de complacer a los demás.

Emociones ocultas como el temor o el resentimiento pueden estar boicoteando la consecución del embarazo. Hay que bucear en el inconsciente y dejarse sentir los posibles inconvenientes de tener un hijo.

¿Tienes miedo? ¿Estás verdaderamente dispuesto a renunciar a ciertas cosas para criar un hijo?

Qué es la infertilidad

La infertilidad es definida por la OMS como la falta de embarazo tras doce meses de relaciones sexuales regulares (2 o 3 veces a la semana) sin ningún tipo de protección.

Las parejas infértiles tienen la posibilidad de acudir a centros especializados en reproducción asistida para recibir tratamiento médico, pero los tratamientos para la infertilidad -la esperanza de muchas parejas deseosas de engendrar- suelen ser estresantes y no siempre dan los resultados esperados.

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Qué ocurre cuando se descubre la infertilidad

Ser madre y ser padre es un estatus muy valorado por gran parte de la sociedad –aunque no todas las personas quieren ser padres– y la infertilidad constituye aún un tabú del que cuesta hablar.

Cuando una pareja quiere tener un hijo que no llega y descubren que la causa es la infertilidad de uno de ellos, la pareja se puede desestabilizar. La persona estéril puede sentirse en deuda ante la fértil y, si finalmente se opta por la donación de óvulos o esperma, puede sentirse desplazada.

El donante puede ser vivido como el salvador y pueden aparecer sentimientos de rivalidad que contaminen las relaciones familiares.

Aunque la dificultad de tener hijos recaiga sobre uno, el problema de la infertilidad es de los dos y conviene que lo afronten unidos.

Tradicionalmente a la mujer se la ha asociado al papel procreador y se la ha culpabilizado por no quedarse embarazada. En algunas culturas podía incluso ser repudiada después de cierto tiempo sin "dar hijos al marido".

Los hombres pueden sufrir igual que la mujer si no pueden tener hijos. Aunque ciertamente el embarazo tiene lugar en el cuerpo de ella e inevitablemente sus vivencias de este tema serán más complejas. La mujer necesita sentirse escuchada y respaldada por su pareja.

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Por qué algunas personas sienten culpa

Muchas parejas posponen la edad de concebir para lograr una mayor estabilidad laboral y económica. Se ha comprobado que la fertilidad de la mujer disminuye con los años, por lo que es lógico que una pareja que empieza a intentarlo a partir de los 35 pueda tardar más.

En estas circunstancias la pareja está pendiente del avance del reloj biológico y vive con apremio la consecución del embarazo.

Esta situación puede empeorar con la presión del entorno. Los familiares preguntan, los conocidos comentan y la pareja acaba obsesionándose. No es fácil encontrar a personas que escuchen y comprendan este problema.

Cuando el bebé tarda más de lo que uno esperaba pueden aparecer sentimientos de culpa del estilo: "priorizar mi carrera profesional ha sido un error" o "nunca debí tomar anticonceptivos".

La culpa solo sirve para sentirse mal. Debemos pensar que con toda seguridad en el pasado lo hicimos lo mejor que supimos. Es necesario aceptar nuestra trayectoria vital y vivir el presente dejando espacio para la ilusión.

Pero junto a la ilusión y el deseo también anidan miedos y dudas. La incertidumbre puede magnificar estos miedos y generar ansiedad. Es bueno que los miembros de la pareja compartan los miedos con personas que puedan apoyarles.

Es habitual preguntarse si se está haciendo algo mal o si finalmente se conseguirá lo que tanto se anhela. Con la frustración repetida del deseo, pueden apoderarse de los miembros de la pareja la impotencia y el desánimo. Se experimenta la pérdida de la capacidad reproductora y del sueño de tener un hijo biológico.

También pueden invadirles los sentimientos de injusticia o ira al compararse con otras parejas que sí pueden procrear. Algunas cuentan que se sienten mal cuando ven a amigos felices por el nacimiento o cumpleaños de sus hijos. Pueden sentir vergüenza y humillación, lo que va minando la autoestima y la capacidad de sobreponerse.

En el seno de la pareja pueden crecer los recelos, los reproches y las culpabilizaciones.Si uno no desea tener hijos y cede al deseo del otro, planta la semilla de la desconfianza, que crecerá con las tensiones que provoca la infertilidad.

Infertilidad y desequilibrio emocional

Este cóctel de emociones tiende a intensificarse cuando la pareja se somete a la tecnomedicina. Al ponerse en manos de profesionales se asiste a la renovación de la esperanza y el consecuente peligro de hundirse de nuevo si la técnica empleada resulta fallida.

Algunas parejas hablan de una montaña rusa emocional donde en poco tiempo se pasa de la euforia a la depresión, y de la depresión a la euforia. Además se suelen aplicar tratamientos hormonales a las mujeres que fragilizan su ya precario estado de ánimo.

Tampoco es trivial el efecto que tiene la prescripción de relaciones sexuales programadas sobre la vida sexual y afectiva de la pareja. La espontaneidad y el placer del contacto íntimo se pueden ver anulados por el deber de cumplir unos horarios y unas frecuencias.

Ciertos tratamientos de reproducción asistida comportan un desgaste emocional. La pareja debe poder desacelerarlos o pararlos si el malestar psíquico es muy acusado.

Es mejor no llegar al límite de la resistencia psíquica. No se trata de tener hijos a cualquier precio.

Cada miembro de la pareja debe poder reflexionar sobre lo que quiere preservar del estrés, como los sentimientos de autoestima o el afecto por la pareja. Es muy recomendable recibir ayuda psicológica para decidir serenamente qué pasos dar y elaborar las emociones que van surgiendo.

Cómo afrontar la infertilidad

Estos consejos pueden ayudar a vivir la espera con serenidad y evitar posibles tensiones.

  • Evita obsesionarte. La idealización de la condición de padres, los juicios y las preguntas de la familia y conocidos suelen añadir leña al fuego a la ansiedad y acaban obsesionándote. Rodéate de personas que te comprendan y apóyate en las cosas positivas que hay en tu vida.
  • Aborda los conflictos de pareja. La infertilidad crea tensiones y activa conflictos en las parejas. Hay que conversar sobre aquello que perturba. También hay que evitar las culpabilizaciones y los recelos buscando solución al malestar.
  • Cuida la salud física y mental. Mejorar los hábitos alimenticios, procurarse descanso reparador y hacer ejercicio físico son tres pasos sencillos y eficaces ante la infertilidad. También se pueden practicar técnicas de relajación que ayuden a sobrellevar el estrés, o empezar un proceso de crecimiento personal.
  • Potencia la vida de pareja. Se trata de dejarse tiempo para tener relaciones sexuales sin prisas, potenciando la sensualidad, el afecto y la distensión. El humor y la creatividad son importantes cuando se tienen que ajustar las relaciones a unas horas y frecuencias determinadas.
  • Acude al médico. Nos conviene vencer posibles reticencias a buscar explicaciones y soluciones en la medicina tradicional o la alternativa. Un buen diagnóstico que establezca qué está pasando puede tranquilizar a la pareja y ayudar a diseñar el tratamiento más adecuado.
  • Elabora las emociones. La experiencia de la infertilidad despierta un sinfín de emociones, como miedo, ira, culpa o tristeza, que pueden dañar gravemente tanto al individuo y a la pareja como a la relación con los futuros hijos biológicos o adoptados. Por esta razón conviene tenerlas en cuenta y elaborarlas.

Tres técnicas de reproducción asistida

Puede ser de gran ayuda acudir a la medicina reproductiva , ya sea en la sanidad pública o en la privada. Conviene obtener un buen diagnóstico que determine las causas de la infertilidad y ver qué tratamiento sería el más adecuado.

  • Inseminación artificial. Consiste en depositar espermatozoides en el tracto genital femenino. Dependiendo del lugar donde se coloquen, puede ser intravaginal. intracervical, intrauterina, intraperitoneal o intratubárica. El semen puede proceder o bien de la pareja o bien del banco de esperma.
  • Fecundación in vitro. Se ponen en contacto uno o más ovocitos de la mujer con los espermatozoides en el laboratorio. Una vez fecundados, el embrión o embriones resultantes se transfieren al útero. Si hay embriones sobrantes, se congelan.
  • Estimulación de la ovulación. Se inyectan hormonas para aumentar las posibilidades de embarazo en mujeres sometidas a Técnicas de Reproducción Asistida (fecundación in vitro, inseminación, etc.).

La homeopatía y la medicina tradicional china pueden ser muy eficaces.

En cualquier caso necesitaremos profesionales que comprendan y apoyen los procesos emocionales por los que se pasa en estas circunstancias.

La vía de la adopción

Muchas parejas se plantean la adopción después de una larga espera y un infructuoso recorrido por diferentes técnicas de reproducción asistida.

Todos los expertos aconsejan dejar pasar un tiempo prudencial para digerir los sentimientos que se han movido con la experiencia de la infertilidad antes de empezar el proceso de adopción.

Los padres deben hacer un duelo por el hijo biológico ideal antes de poder acoger al hijo adoptivo. Si no se hace los padres podrían proyectar su dolor sobre el niño adoptado.

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Con la renuncia a ser padres biológicos y después de abordar la ira, el miedo y la tristeza que ha supuesto la experiencia de la infertilidad, la pareja quedará libre para crear un nuevo proyecto vital.

Con el tiempo volverá la motivación para desarrollarse y crecer como personas en cualquier otro ámbito de la vida. Si se realiza el duelo correctamente las personas salen enriquecidas. Empiezan una nueva etapa con otra forma de ver las cosas que las hace más generosas y creativas.

La experiencia de infertilidad comporta, pues, mucho sufrimiento para la pareja. Una larga espera, la confirmación médica de los problemas y la reproducción asistida generan tensiones que pueden afectar gravemente.

Por eso es básico saber cuidar de uno mismo y de la pareja. En muchos casos se requiere apoyo psicológico para elaborar las emociones y afrontar la realidad con serenidad.

Lecturas para acompañar la infertilidad

  • Cómo vencer la infertilidad; Juan G. Álvarez. Ed. La Esfera de los Libros
  • No puedo tener hijos; Mª Carmen Juan. Ed Plaza & Janés

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