Qué hay tras la falta de seguridad y qué consecuencias tiene

La confianza es una fuerza interior que nos impulsa, una actitud profunda de seguridad y bienestar con uno mismo. ¿Qué hay tras la inseguridad? ¿Cuáles son las consecuencias de perder la confianza en nosotros mismos?

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Para conocerse, aceptarse y con ello ganar confianza es necesario aprender a pensar racionalmente.

El ser humano tiene una tendencia biológica a pensar irracionalmente. No obstante, si lo desea, tiene la posibilidad de ejercitar su capacidad de elección y cambiar su sistema de creencias, trabajando para conseguir una mayor racionalidad.

Las creencias irracionales suelen expresarse en términos de obligación o exigencia. Algunas emociones negativas asociadas a ellas pueden ser ansiedad, culpa, ira, resentimiento... Suelen impedir el establecimiento y la consecución de nuevas metas.

Esas emociones pueden expresarse a través de pensamientos del tipo:

  • "Tengo que estar seguro de que todo lo que me proponga o desee saldrá adelante sin que surja ningún inconveniente o contratiempo"
  • "Si fracaso en el logro de un objetivo me bloquearé y sufriré mucho"
  • "Si confías en los demás te muestras más vulnerable y pueden hacerte daño"
  • "Se necesita tener a alguien más fuerte en quien confiar"
  • "Para embarcarme en un proyecto preciso la aprobación de todas las personas significativas en mi vida"
  • "Si anteriormente fallé, ¿por qué va a ser diferente esta vez?"

¿Por qué nos volvemos inseguros?

La vida abunda en situaciones que generan inseguridad, que ponen a prueba la confianza depositada en uno mismo. Si apostamos por nosotros y las afrontamos tenemos mucho terreno ganado, ya que lo que una persona piensa de sí misma suele terminar por cumplirse.

Si poco a poco alcanzamos diferentes objetivos personales, la autoestima se fortalece y el cerebro genera pensamientos del estilo: "¡qué bien me siento, lo conseguí!".

Otras veces no es posible lograr lo que nos proponemos, pero se nos brinda el beneficio de aprender de los errores y de que se generen posibilidades no previstas.

A largo plazo, la experiencia va mostrando cómo tras cada meta inalcanzada reside un mayor conocimiento, una capacidad de tolerar mejor las emociones negativas, aprender de ellas y emplearlas a nuestro favor. De ese modo el éxito otorga confianza para poner en práctica lo que el fracaso enseñó.

Hoy circula una creencia irracional frecuente: se tiene éxito porque sí, sin esfuerzo, por buena estrella. Pero la vida de quienes triunfan en alguna faceta suele estar llena de fracasos.

Se trata de personas que han construido su confianza desde la base y esta les ha ayudado a no bloquearse tras las decepcionesy a no paralizarse ante la duda.

El lastre de la coraza

Tras ciertas experiencias, algunas personas tienden a protegerse con una coraza por temor a volver a sufrir. Es preferible mostrarse paciente, hallar el momento de desprenderse de la armadura y estar preparado para confiar de nuevo.

Pero antes de lanzarse a vivir otras experiencias conviene dedicar tiempo y atención a curar las heridas.

Ser feliz no presupone la ausencia de dolor o tristeza. A menudo el sufrimiento reside en uno mismo y aparece precisamente cuando una persona se resiste a aceptar el dolor y las emociones negativas.

Estas últimas tienen un mensaje comprensible, avisan de que algo no va bien. Para superarlas hay que aceptarlas. La confianza en la vida, en los demás y en uno mismo viene de la mano de aprender a tolerar, asumir, analizar y por último superar las emociones negativas. De esta manera se evita que un bloqueo personal interfiera en el bienestar.

La desconfianza resulta útil en cierta medida, ya que confiar sistemáticamente no es posible ni positivo. Permite ser prudente y no lanzarse.

Para valorarse y ser valorado es necesario establecer límites, así como desconfiar si la información disponible lleva a intuir que no nos sentimos cómodos en ciertas ocasiones o con determinadas personas.

También es posible que la desconfianza inicial en un proyecto laboral o personal advierta de que no es el momento adecuado para embarcarse en él o de que no se poseen las habilidades o conocimientos suficientes.

Toda persona tiene sus propios limites y aceptarlos equivale a aceptarse como ser humano, con las imperfecciones que le hacen singular y genuino.

Problemas psicosomáticos de la falta de confianza

En ocasiones una persona se ve afectada por diferentes situaciones que si no aborda de forma adecuada pueden traducirse en síntomas físicos (ansiedad, dolor de cabeza, dolor de espalda, hipertensión...).

Cuando ciertas circunstancias han dejado huella a nivel interior en forma de situaciones pendientes de superar que prefieren olvidarse o reprimirse, el cuerpo puede enviar mensajes en un impulso natural para evitar su estancamiento.

Quien no goza de suficiente confianza en sí mismo, aplaza las decisiones y posterga los temas pendientes, mantiene una actitud de parálisis que puede llegar a reflejarse a nivel corporal.

Confiar en la capacidad para afrontar las diferentes situaciones no garantiza la ausencia de problemas de salud pero sí una mayor armonía y comunicación entre el cuerpo y la mente.

La importancia de abrirse a los demás

El recién nacido, tan indefenso, enseguida experimenta que su bienestar depende de los adultos. De ellos espera todo.

Si le dan calor, si satisfacen sus necesidades básicas y afectivas, y si le enseñan apoyándolo, el niño crecerá con confianza en sí mismo y en los demás.

Pero la felicidad no radica únicamente en uno mismo, también está en el darse a los demás: la generosidad, la amistad, la ayuda al desvalido, el apoyo en los momentos difíciles... pueden nutrir tanto a quien da como a quien recibe.

Por eso volcarse hacia los demás es una de las fuentes más preciosas de satisfacción, siempre que no implique la desatención.

Ninguna relación prospera sin confianza; por lo tanto de cada persona depende abrigar una buena confianza como punto de partida y garantía de la buena salud de sus relaciones. Esto permite salir en cierto modo de uno mismo, abrirse a los demás y mostrar la propia vulnerabilidad.

Se trata de un ejercicio necesario para que las relaciones (amorosas, familiares, fraternales...) se conviertan en un encuentro realmente sereno y cómodo que posibilite un enriquecimiento personal.

La confianza ante el amor

Confiar en uno mismo supone abrir la puerta para recorrer el camino de nuestra propia vida, y es también la esperanza y la ilusión con la que se mueve una existencia consciente de su sentido.

Para confiar en el amor es necesario que exista una confianza previa hacia uno mismo. Una persona que no se valora se esfuerza por llenar su vacío con la valoración de otra.

Existe la ilusión generalizada de que la fuente de la intimidad se encuentra en la relación con otro ser especial. El camino para llegar a la auténtica fuente de nuestra capacidad para alcanzar la intimidad, no solo en las relaciones amorosas, está en verse merecedores de esa confianza.

Es posible que una persona no tenga confianza en sí misma ni en sus posibilidades, quizá porque las experiencias que ha vivido o los mensajes que ha recibido de los seres cercanos le han hecho sentirse inferior, operando a veces a nivel inconsciente.

En esos casos, empezar a investigar cómo le afectaron esas circunstancias y actitudes será el primer paso para liberarse de su carga emocional.

La capacidad para la verdadera intimidad se basa ante todo en la confianza que se tiene en uno mismo y en cómo nos valoramos en cuanto a seres humanos.

Una base para superarse

La condición de seguridad y confianza en uno mismo solo puede nacer dentro de la persona, ampliando su equilibrio y fuerza personal.

La confianza es una virtud que nos ayuda a afrontar situaciones difíciles, la base a partir de la cual nos proponemos metas vitales. Pero también es algo que nos permite estabilizar el ánimo, no temer a los imprevistos y creer en los demás.

La confianza abriga cierta dosis de intuición de que lo mejor está por llegar. Esta actitud nos puede sorprender si nos mostramos abiertos a lo inesperado, dejando a un lado la rutina que en ocasiones puede resultar tediosa.

Como resume esta frase de Earl Gray Stevens: "La confianza, como el arte, nunca proviene de tener todas las respuestas, sino de estar abierto a todas las preguntas".

Libros para trabajar la confianza

  • Confianza y seguridad en uno mismo; Barbara de Angelis, Ed. Urano
  • Intimidad: la confianza en uno mismo y en otro; Osho. Ed. Grijalbo

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