Otros tipos de interés

Bancos de tiempo: una forma diferente de entender lo valioso

Sebastián Margulis. Diseñador gráfico y usuario del Banco de tiempo de Malasaña.

En un banco de tiempo podemos encontrar la ayuda u objetos que buscamos, y ofrecer lo que tenemos. El valor se basa en la dedicación personal, no en la moneda.

Un Banco de Tiempo (BdT) es un espacio para el intercambio de servicios y saberes en el que la moneda es la hora. Se trata de una herramienta de la economía social que deja fuera el dinero.

El de Malasaña, un barrio céntrico de Madrid, está constituido por más de 200 vecinas y vecinos que nos ayudamos a cubrir necesidades cotidianas, como arreglos en el hogar, apoyo en la crianza, clases... Por ejemplo, yo te reparo un electrodoméstico y tú das clases de física a una tercera persona... ¡Así llevamos más de 1.700 intercambios!

Los recursos con los que cuenta una familia que se integra en el banco de tiempo son múltiples y, casi sin querer, se van construyendo lazos entre vecinas y vecinos, que muchas veces se convierten en nuevas amistades.

Nosotros somos una familia con dos hijas de 18 y 10 años que lo utilizamos asiduamente. Es muy interesante ver cómo los adolescentes se integran de forma natural en él; nuestra hija mayor, que es bailarina, dio clases de danza oriental y de esa forma obtuvo horas para canjear por otros servicios.

Hemos ayudado en mudanzas e impartido talleres de regalos vintage, dibujo, alemán o software. A cambio, por ejemplo, hemos conocido a gente encantadora que ha dado clases particulares a nuestras hijas.

Una excusa para descubrir todo lo que puedes aportar

A la hora de completar el formulario de inscripción del BdT y especificar qué servicios queremos ofrecer, el reloj se detiene... y comenzamos a reflexionar sobre las muchas capacidades que tenemos.

Las horas de todos los socios valen lo mismo independientemente de la actividad que ofrezcan. Es decir, el tiempo de un electricista tiene el mismo valor que el de un profesor, un ama de casa, un abogado, un artista, un estudiante o un fontanero.

Por ejemplo, puedes dar clases particulares de matemáticas como primera opción y proponer también pasear perros o hacer un menú semanal para alguien que no tenga tiempo de cocinar. De esta forma, serás un socio más activo, captarás más horas para ti y se dinamizarán aún más los intercambios.

Visibilizando el trabajo no remunerado

El BdT supone una red de apoyo mutuo a nivel local, pero también tiene una proyección más amplia: nos permite luchar contra la estigmatización del desempleo.

En una sociedad en la que la identidad está íntimamente ligada al trabajo remunerado, cuando lo pierdes, bien porque te despiden, bien porque te jubilas, pierdes mucho más. Pero con el BdT tienes la posibilidad de mantener tu poder adquisitivo y seguir realizando trabajos que te gusten y con los que te sientas bien.

Los bancos de tiempo surgieron en Canadá en los años 70 como redes de trueque. Hoy son mucho más que una simple respuesta a la crisis; son una herramienta de inclusión social, multidireccional y transversal en edad, cultura y género.

Gestionado por las socias y socios interesados en ello, las reuniones del BdT son abiertas y las decisiones se toman en asamblea.

¿Qué puedes encontrar en una red vecinal?

“Malasaña se apaña” es una lista de correo complementaria al BdT. Está organizada por etiquetas que identifican el tipo de mensajes:

  • Tengo. Objetos que ofrecemos: “Voy a jubilar un portátil, ¿quién lo quiere?”.
  • Necesito. Cosas que precisamos puntualmente: “Necesito un taladro este fin de semana ¿Alguien me lo presta?”.
  • Curros. Ofertas de trabajo que hemos encontrado y pueden interesar a alguien: “En el instituto hace falta un profe de física para el curso que viene”.
  • Dudas. Por ejemplo, consultas sobre cuestiones técnicas o legales sobre un contrato...
  • Currillos. Son pequeñas tareas que no se pueden considerar un empleo, pero pueden ayudar a la economía familiar: “Busco a alguien que me ayude con la mudanza”.

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