Espontaneidad

Rutina, planificación, vida en bucle... ¡Atrévete a improvisar!

Francesc Miralles

Si tienes la sensación de vivir una y otra vez lo mismo, de estar en un bucle del que no sabes cómo salir, desactiva ese "piloto automático". Atrévete a improvisar y empezarás a dejar atrás la rigidez mental, a vivir momentos que te sorprenderán, a disfrutar de mejores relaciones con los demás.

En la hilarante y lúcida El día de la marmota, que en España se llamó Atrapado en el tiempo, Bill Murray es un meteorólogo arrogante que se queda atrapado en un mismo día, en el que se despierta una y otra vez hasta que logra cambiar sus prioridades. Muchas personas se sienten así. Su día a día se vuelve tan previsible que tienen la impresión de estar viviendo en un disco rayado. Esto puede llevar al aburrimiento y a la apatía, y destruir totalmente la propia creatividad.

Sin llegar a este extremo, hay personas que sienten que están viviendo en un bucle en el que todo es y sucede del mismo modo, y no son conscientes de que depende de ellas cambiarlo.

El exceso de trabajo, de obligaciones y compromisos puede contribuir a caer en esa inercia. Tienes la sensación de que “no puedes con todo”, de que vas ya al límite y que es mejor seguir esa inercia porque si haces algún cambio se vendrá todo abajo. Pero... ¿y si dejáramos que eso sucediera?

¿Tienes una mente demasiado rígida?

Hay que partir de un hecho claro: los días, en sí, no son iguales o diferentes; somos nosotros los que los hacemos así a través de nuestra actitud, de los hábitos que adquirimos y de nuestra capacidad para improvisar. El gran enemigo de la creatividad y la improvisación que dan color a la vida es la rigidez mental, que se manifiesta en la persona a través de estos síntomas:

  • Necesita tenerlo todo previsto y controlado, con lo que cualquier cambio de planes se vive como una amenaza.
  • Tiende a hacer las cosas siempre del mismo modo: en las tareas domésticas, al tomar el transporte hacia el trabajo o en la organización de este. Incluso en el tiempo libre sigue siempre las mismas pautas.
  • Funciona en “piloto automático”. No necesita tomar decisiones porque su vida avanza ya por unos raíles prefijados.
  • Cuando sobrevienen cambios, en su trabajo o en las personas que le rodean, le cuesta mucho adaptarse. Le gustaría que las cosas siguieran siempre como solían ser.
  • Es de ideas fijas también en sus convicciones personales. Le cuesta “cambiar de chip”.

Si perteneces a este grupo de personas demasiado rígidas, deberías plantearte practicar la espontaneidad. Uno de los beneficios de convertirte en un improvisador es que tonificarás el músculo de la creatividad, accediendo a nuevas oportunidades.

La magia de improvisar multiplicará tus recursos en cualquier situación, aumentando tu capacidad para resolver problemas.

Quien puede improvisar es consciente de su poder y no se angustia ante los cambios y dificultades, porque su creatividad le procura una solución para cada problema. Esto hace que pueda vivir con alegría y sin miedo, ya que si las cosas no tienen que ser de un único modo, hay infinitas posibilidades de salir adelante y ser feliz.

Improvisar nos hace flexibles y, además, mejora nuestras relaciones con los demás, nos hace mejores. Ya no necesitamos que se comporten de determinada manera, ni nos decimos el odioso: “Yo en su lugar…”
Al aceptar la naturaleza dinámica y variada de la vida, damos permiso a los otros para ser a su manera, sin intentar que cambien para adaptarse a nuestras rígidas pautas. También nosotros nos permitimos ser menos rígidos. En definitiva, improvisar nos permite bailar con las infinitas melodías y variaciones que nos propone la vida.

Aprender a improvisar

La clave para acabar con el aburrimiento vital está contenida en una sola palabra: improvisación. Al igual que un músico se libera de la partitura y empieza a disfrutar improvisando sobre un tema, introducir esa libertad en nuestra vida nos abre ventanas que ni siquiera sabíamos que existían. Sin embargo, ¿cómo improvisar si hasta ahora hemos escrito nuestra vida en papel pautado?

  • Localiza los “discos rayados” de tu vida. Identifica todo aquello que haces siempre de un mismo modo: tu camino a la oficina, las tareas en casa, los amigos que frecuentas, la manera en la que organizas el ocio. ¿Cuáles de estos hábitos e inercias podrían ser distintos?
  • Practica el “¿Y si…?”. Una vez sabido lo que hacemos siempre de la misma manera, podemos preguntarnos qué pasaría si hiciéramos las cosas de un modo totalmente distinto. Dale alas a tu imaginación y atrévete a plantear posibilidades disparatadas. Como Alicia en el País de las Maravillas: “A veces pienso hasta en seis cosas imposibles antes del desayuno”.
  • Descuadra solo una cosa a la vez. Si hasta ahora has seguido una vida previsible y ordenada, como la niña de la historia, intentar cambiarlo todo puede llevarte al pánico. Elige un solo aspecto de tu rutina y cámbialo con el espíritu de un niño que juega.

Examina cómo te sientes al haber introducido esa variación en tu día a día. Si la experiencia ha sido positiva, ve a por la siguiente.

  • Prueba cosas nuevas. A veces no se trata de cambiar aquello que ya haces y funciona, sino de iniciar algo que no has hecho nunca. ¿Hay algo que siempre quisiste hacer y hasta ahora no te has permitido? Aparca las excusas como “no tengo tiempo”, “esto no es lo mío” o “qué pensarán de mí” y aventúrate.
  • Deja de planificar todo lo posible. Hay cosas en nuestra vida que necesitan estar en orden, especialmente en el trabajo y en el cuidado de la salud, y otras que admiten muchas variaciones. Intenta no encarcelar en una agenda estas últimas. En el tiempo libre de cada jornada, en los fines de semana, en las vacaciones… atrévete a gozar de los planes de última hora.

7 Propuestas para romper con la rigidez mental

  1. Cambia de barrio. Somos animales de costumbres y acabamos yendo siempre a los mismos lugares por una falsa comodidad. Parafraseando el dicho “más vale mejor por conocer que bueno conocido”, si sueles ir siempre por los mismos lugares en tus momentos de ocio, la próxima vez cambia a una calle o zona por la que raramente pasas. ¡Déjate sorprender!
  2. Invita a cenar a personas que no se conocen entre sí. El juego se vuelve aburrido cuando juntamos siempre a los mismos jugadores, y eso sucede también con las conversaciones. Hay personas que cada vez que se reúnen hablan de lo mismo porque se mantienen en su zona de confort compartiendo recuerdos o anécdotas ya conocidas. Eso se rompe cuando nos atrevemos a poner alrededor de la mesa a amigos de diferentes ámbitos que darán lugar a charlas inesperadas.
  3. Desafía un imposible. Piensa en cosas que en el pasado no te parecían factibles: aprender a tocar un instrumento, un idioma, un arte plástica, un viaje a un lugar inhóspito… Como el cuento de Bucay del elefante atado a la estaca, es muy posible que a día de hoy sí puedas hacerlo. Elige uno y rétate.
  4. Puedes jugar con el azar. Siguiendo el método del protagonista de El hombre de los dados, la novela de George Cockroft, puedes realizar el siguiente ejercicio: ante una decisión para tu tiempo de ocio, escribe seis opciones totalmente distintas entre sí y lanza un dado, llevando a cabo la que haya salido aleatoriamente. Puedes realizarlo también con amigos o con tu familia.
  5. Activa tu sexto sentido. En lugar de dejarte llevar por recomendaciones o por tus gustos, entra en una librería y déjate seducir por algún título de un autor del que nunca hayas oído hablar. Infórmate del argumento en la contraportada, lee las primeras líneas y, si te resuenan, llévatelo. Los descubrimientos que se hacen sin ayuda procuran más placer.
  6. Improvisa en la cocina. Aunque es muy cómodo cocinar aquello que sabemos que nos sale bien, es más excitante atreverse con algo nuevo. Puede ser una receta que nunca hayas intentado, una variación de una que ya has hecho –sustituyendo ingredientes– o incluso inventarla, dejándote llevar por la inspiración.
  7. Frecuenta a gente extravagante. Una forma de afianzarnos en el arte de improvisar es tomar contacto con personas expertas en “vivir de oído”, esas que nos asombran con sus historias o que llevan a cabo iniciativas sorprendentes. Como dijo Bruce Lee al ser preguntado una vez sobre sus golpes inesperados: “Vosotros no sabéis lo que estoy a punto de hacer, pero yo tampoco”.

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