¿Qué hace bueno a un educador?

Los secretos de un profesor que deja huella

Un maestro puede resultar decisivo en la vida de un niño, tanto en cuestiones vinculadas con la enseñanza como con su forma de actuar.

Silvia Díez, periodista y terapeuta
Silvia Díez

Periodista y terapeuta gestalt

La señorita Thompson estaba muy preocupada. Teddy, uno de sus alumnos, siempre sabía cómo mostrarse desagradable.

Ella pretendía querer a todos sus alumnos por igual, pero con Teddy le resultaba imposible.

Un día, al revisar su expediente, le sorprendieron los comentarios de los anteriores maestros: todos lo consideraban un alumno excelente, pero su profesor de tercero señalaba que desde que la madre de Teddy había muerto su padre no mostraba interés por él, y si no se tomaban pronto "cartas en el asunto", su vida en casa acabaría afectándole. La señorita Thompson comprendió.

Por Navidad cada niño le trajo un regalo. Teddy le ofreció un brazalete de bisutería y un frasco de perfume medio vacío envueltos toscamente.

Todos los niños se rieron hasta que la profesora alabó el brazalete y se puso unas gotas de perfume en la muñeca.

"Señorita Thompson, hoy huele usted como solía oler mi mamá", le dijo Teddy al acabar la clase.

La señorita Thompson empezó a prestar a ese alumno una atención especial, a estimularlo, a alabarlo, y Teddy acabó el curso entre los primeros de la clase.

Un año después la profesora se encontró una nota de Teddy. Le decía que seguía siendo la mejor maestra. Teddy le siguió escribiendo incluso después de acabar la universidad.

En el día de su boda, Teddy le dijo: "Gracias por haber creído en mí, por haberme hecho sentir importante y haberme demostrado que podía cambiar".

Emocionada, la señorita Thompson le respondió: "Te equivocas Teddy: fuiste tú quien me enseñó a mí que yo podía cambiar. Hasta que te conocí, yo no sabía lo que era enseñar".

Esta historia, que cuenta el experto en PNL Robert Dilts, muestra cuán relevante puede ser un maestro en la vida de un niño.

Se habla mucho de la influencia de la familia, pero los jóvenes pasan más horas en la escuela, en el instituto y en la universidad que en compañía de sus padres, un tiempo del que se ignora completamente su repercusión en el alma del niño o del adolescente.

Recopilando cartas de los alumnos

Purificación Gato García, profesora de la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura, quiso abordar esa cuestión y, entre 1995 y 2004, recopiló innumerables cartas de alumnos a maestros, de entre las que seleccionó 180 en su libro Profesores que dejan huella.

La obra pone de manifiesto lo compleja y diversa que puede llegar a ser la relación entre alumno y profesor, y la trascendencia que puede adquirir un simple detalle o gesto del enseñante sin que él sea consciente de ello.

Artículo relacionado

Entrevista Anna Forés y David Bueno

"Un buen maestro trata a cada estudiante como único"

Purificación Gato señala tres formas de dejar una huella positiva: educar por lo que se es y por los valores que se transmiten, dar afecto y atención, y motivar a los alumnos.

Mientras que cuando un maestro suele ser recordado negativamente es por su incompetencia, su distancia e impersonalidad, o por el miedo que provocaba.

Profesores que dejan huella positiva

El profesor apasionado

¿Quién no recuerda con ternura a aquel profesor que se entregaba con entusiasmo a la enseñanza de su materia, contagiando a menudo su amor por ella?

Es fácil confundir la asignatura con el profesor que la imparte y estos enseñantes despiertan el placer por aprender e incluso más de una vocación.

"La sinceridad y la autenticidad son primordiales: el alumno tiene un radar especial para detectar cuándo se está interpretando un papel y cuándo se habla desde el sentimiento", señala Anna Forés, doctora en Filosofía y Ciencias de la Educación.

El maestro admirado por su personalidad y valores

El profesor puede ser un referente o un modelo al que el niño o el joven querría parecerse en ciertas facetas.

Esta admiración facilita la integración de valores positivos como honestidad, humildad, compromiso y sentido del humor, así como modos de comportamiento y de afrontar la vida.

"Además de dominar su materia, el profesor ha de ser consciente de que está tratando con personas en una etapa importante de su vida. Conviene que sea humilde y reflexione sobre lo que necesita cada alumno. Si existe buena ‘química’, cada profesor es para el niño una forma de ampliar el universo mostrado por los padres y de vislumbrar otras formas de estar en el mundo", precisa Neus Figueras, psicóloga infantil.

El profesor que cree en sus alumnos

El modo en que un maestro valora a un niño influye en su rendimiento.

Se realizó un estudio con un grupo de niños de nivel de inteligencia similar que se dividió en dos.

El primer subgrupo se asignó a un maestro a quien se le dijo que sus alumnos eran superdotados. El segundo subgrupo se puso en manos de un profesor a quien se le dijo que los niños eran lentos para aprender.

Un año después el subgrupo calificado como "superdotado" obtuvo puntuaciones más elevadas que en la primera evaluación, mientras que los "lentos" obtuvieron puntuaciones muy inferiores a las del primer examen.

Que una persona tan relevante como el profesor confíe en las capacidades del niño puede modificar la forma en que este se evaluaba a sí mismo hasta ese momento.

Un comentario positivo realizado oportunamente puede borrar etiquetas que pesan como losas en el presente o en el futuro.

La confianza y el apoyo son el mejor trampolín para progresar, sobre todo si el alumno atraviesa un periodo complicado.

"Frases del estilo: ‘serás un desgraciado, como tu hermano’, ‘nunca harás nada a derechas’... quedan grabadas a fuego, al igual que los castigos, la distancia y la impersonalidad. Ante estas situaciones se debería intervenir desde el trabajo en equipo", asegura la psicopedagoga Mónica de la Calva.

Artículo relacionado

efectos de las etiquetas de fracasados en el colegio

"En el colegio me etiquetaron de fracasada y me hicieron creer que lo era"

Profesores que dejan huella negativa

El profesor que exige y exige

El niño necesita tantas dosis de afecto como de exigencia. Sin esta no hay motivación ni rendimiento.

"El arte del maestro requiere saber calibrar dónde está el límite en cada caso, porque se fracasa tanto cuando se exige de más como cuando se exige de menos. Suele tenderse al mínimo esfuerzo; estimular al alumno implica, pues, sacar lo mejor de él y convencerle de su potencial. Pero si nos pasamos de la raya podemos sumirlo en la angustia", señala Anna Forés.

¿Qué hacer si el niño tilda a su maestro de exigente e injusto?

"La sobreprotección impide el desarrollo de la autonomía. Padres que estudian y hacen los deberes con sus hijos se sienten evaluados con las notas y se pueden dejar llevar por la rabia si no son las que esperaban. Antes de reaccionar, conviene dejar que el niño se desahogue sin tomar partido ni actuar. A menudo el niño busca el enfrentamiento para ganar comodidad."

"La queja del alumno contra el maestro es frecuente, pero pocas veces está justificada. Por ejemplo, suelen quejarse de los deberes. Pero el 75% los puede asumir perfectamente y solo un 25% tiene un problema real. Padres y maestros deben apoyarse y dialogar constantemente", aconseja Mónica de la Calva.

El profesor distante e indiferente

Entre las influencias poco deseables destacan los enseñantes que se limitan a soltar su rollo y marcharse.

¿Cómo se abordan los problemas que surgen en clase y en la vida de los alumnos, que pueden incluir la separación de los padres o a la muerte de un familiar, sin estrechar los vínculos humanos?

El papel del profesor es decisivo para canalizar vivencias que pueden llegar a ser traumáticas.

Los maestros que podrían calificarse como "ausentes", ante el miedo a hacerlo mal, optan por no intervenir.

Pero, la primera norma para educar a un niño es enseñarle a quererse a sí mismo. Cuando se pone distancia el mensaje que se emite es: "No eres importante para mí".

Los buenos alumnos suelen adaptarse, pero los que tienen dificultades son los más afectados.

Artículo relacionado

bullying profesor

Bullying: cuando el matón es el profesor

El profesor que infunde temor

Resulta aún más dañina la huella que deja un profesor que infunde miedo por sus amenazas, castigos o su manera de ser.

Suele tratarse de maestros autoritarios y poco democráticos, más preocupados por la disciplina o por sacralizar la asignatura que por el bienestar de las personas.

El miedo dificulta la comunicación y el estado de alerta bloquea el proceso de aprendizaje y mata el placer por aprender.

Un ambiente hostil disminuye el rendimiento, aunque es cierto que tener el control del aula resulta imprescindible en la tarea de enseñar.

"No se puede confundir autoridad con autoritarismo y un maestro siempre debe medir sus palabras. Lo peor que se puede hacer es ridiculizar o sacar a relucir ante la clase una confidencia que el alumno ha hecho en un momento determinado. Son acciones que marcan para toda la vida", señala Neus Figueras.

La clase abierta de Toshiro Kanamori

El respeto no se impone, se gana a pulso. Así lo hace Toshiro Kanamori, un maestro japonés cuya manera de enseñar ha dado la vuelta al mundo mediante el conmovedor y premiado documental Children full of life.

"¿Qué es lo más importante de este curso?", pregunta Toshiro el primer día de clase. "Ser felices", responden los alumnos.

"Sí, porque solo tenemos una vida y es preferible vivirla con alegría. La clave: pensar en los demás de manera auténtica".

En la clase cada día tres alumnos expresan en una carta lo que sienten y piensan.

Un día un niño narra la muerte de su abuela; la carta sirve para abrir los sentimientos del resto de sus compañeros ante la pérdida de un familiar querido. Otro día se abordan las burlas contra un compañero.

Kanamori enseña a los escolares a adentrarse en sus emociones y en las de los demás, les transmite el valor de la empatía, la compasión, la amistad, el trabajo en equipo... el valor de la vida.

A todos nos gustaría tener más maestros como él. O serlo.

Los secretos del buen maestro

  • Ser genuino. No hay peor maestro que el que no deja huella, algo frecuente en el sistema de educación actual. Un buen enseñante debe ser exigente y transmitir el gusto por aprender.
  • Aunar facetas. Para enseñar bien se dice que hay que ser en parte actor, en parte payaso, en parte sargento, en parte amigo y en parte padre.
  • Tratar a cada alumno. Las necesidades de un buen alumno son distintas de las de uno con problemas de aprendizaje. El primero necesita exigencia; el segundo, comprensión y valoración.
  • Alentar la autonomía. Las improntas de los maestros son importantes en el proceso evolutivo del niño, porque la escuela es la primera forma de salir del hogar y adentrarse en el mundo.

Artículo relacionado

profesores desaprender

Profesores: desaprender para enseñar

¿Cómo actuar ante los problemas?

La forma en que se afrontan los problemas puede contribuir a agravarlos. Por eso conviene cultivar estos aspectos:

  • El refuerzo positivo. Se obtienen mejores resultados reforzando los logros y el esfuerzo que castigando o criticando las conductas negativas. Las palabras de ánimo motivan más que un castigo ejemplar.
  • Un espacio de reflexión. Ante un alumno indisciplinado o de bajo rendimiento conviene plantearse los posibles motivos. "A veces los niños hacen lo que pueden, no lo que quieren. La indisciplina y la falta de concentración pueden estar relacionadas con tensiones familiares. No hay que juzgar de manera precipitada", señala Anna Forés.
  • Una pedagogía más sistémica. Marianne Franke-Gricksch explica cómo la pedagogía sistémica ayuda a resolver muchos problemas gracias a su enfoque que va más allá del individuo. Uno de sus alumnos perturbaba la clase y sus compañeros se enfrentaron a él. Entonces el chico se acercó llorando pidiendo ayuda a su maestra. "Solo le dije: ‘¡Tú eres uno de nosotros!’ Y pedí a los demás niños que hicieran lo mismo. A partir de ese momento todo cambió", asegura Marianne.
  • Mantener la coherencia. Cuando surge un problema, los padres deben seguir mostrando respeto por la labor del maestro. Criticarlo supone perder coherencia ante el niño, ya que la familia ha sido quien ha elegido la escuela para él. Y obstaculiza la resolución.
  • Estrechar el vínculo. Cuando el alumno es pequeño, las muestras de afecto ayudarán a estrechar el vínculo, lo que motivará a aprender. Durante la adolescencia, se debe buscar la complicidad. Recurrir al humor y salir del marco del aula permite establecer relaciones donde la disciplina queda al margen.

Para saber más

  • Profesores que dejan huella; Purificación Gato, Univ. de Extremadura
  • Children full of live; documental disponible en YouTube
  • Eres uno de nosotros; M. Franke-Gricksch, Ed. Alma Lepik

¿Deseas dejar de recibir las noticias más destacadas de cuerpomente?