Sensualidad: 6 estimulantes naturales para despertarla en invierno

La sensualidad nos llena de vida. Con ella podemos experimentar más allá de las limitaciones de la mente pero no siempre es posible disfrutarla como desearíamos. ¿Cómo volver a vivir con sensualidad

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Con la sensualidad, la sexualidad toma otra dimensión. La sexualidad sin sensualidad se ve reducida a los genitales pero se enriquece al incluir el tacto, el oído, la vista, el olfato y el gusto. De hecho, si la sexualidad carece del aspecto sensual pronto se llega a la monotonía y al consecuente aburrimiento.

A través de la sensualidad podemos vivir las relaciones plenamente y trascenderlas. ¿Pero cómo acceder a nuestra sensualidad cuando parece que ya no está presente? Vivir la sensualidad depende de uno mismo. Tomar la responsabilidad de ser más sensuales y en definitiva, más felices, no es cosa de otra persona.

Hay que percibir la sexualidad como una forma de conectar con lo más íntimo de uno mismo y el otro. Cuando profundizamos de esta manera en ella nos acercamos a experiencias que tienen qué ver con lo místico y lo espiritual. Podemos empezar por ir más despacio por la vida, escucharnos y escuchar nuestro entorno. Estos sencillos consejos te ayudarán a conectar con la sensualidad de forma natural.

1. Desbloquear la mente

El acceso a nuestra sensualidad pasa por reconectar con el cuerpo. Pero la mente puede llegar a interferir de tal manera que no sepamos ni por donde empezar.

Andamos demasiado distraídos con pensamientos, planes de futuro y otras fantasías, y dejamos de ver lo obvio que está a nuestro alrededor. Así, entre otras mil cosas, nos perdemos el piar de los pájaros camino al trabajo y el color de ojos del compañero de la mesa de al lado.

El predominio de la mente anestesia los sentidos. Y si no, prueba a quedarte en silencio y sin hacer nada por unos minutos. Observa qué pasa por dentro y te darás cuenta de lo difícil que es parar el discurso de la mente. Funciona incansablemente y no deja espacios vacíos para simplemente estar y sentir.

La sensualidad es un regalo que no podemos despreciar. Para desarrollarla es básico conocer la tendencia de la mente a invadir todo nuestro espacio interno con conversaciones inacabables. Cuando ella se hace la reina con sus consejos o sus prejuicios hemos perdido terreno para sentir.

Ponerle frenos a lo mental y desplegar lo sensual es una tarea que todos podemos hacer. Requiere tomarse el tiempo para ver, oír, sentir, degustar y oler, percibir la realidad en vez de imaginarla nos aporta un mayor contacto con nosotros, una mayor intuición y más capacidad de comunicarnos.

Es mucho más placentero vivir directamente que hacerlo a través de los filtros de la mente. Desplegar la sensualidad forma parte del camino hacia la felicidad.

Vivir la sensualidad implica aplacar la hiperactividad de la mente, anclarse en el presente y sentir el cuerpo. Al principio puede ser difícil porque estamos acomtumbrados a la intensidad y la rapidez de la mente, con la cual podemos saltar de un tema a otro, ir al pasado o al futuro.

La sensualidad despierta cuando nos quedamos con lo que hay aquí y ahora. Sencillamente respirar, abrir los ojos, afinar los oídos y agudizar el tacto. Nuestro cuerpo sale del letargo y empieza a captar informaciones nuevas.

Es un momento emocionante porque nos damos cuenta de la belleza en la que vivimos. Algo tan normal como la expresión de la cara de la mujer de la tienda donde compramos puede llegar a seducirnos como nunca antes.

2. Conectar con los demás sin prejuicios

Al adoptar una mirada receptiva cualquier estimulo se convierte en una obra de arte. Esta nueva actitud sensual tiene unos efectos que al principio solo notamos nosotros, pero que a la larga también perciben quienes nos rodean. Primero nos volvemos más sensibles e intuitivos, pudiendo discriminar mejor lo que nos gusta o nos hace bien de lo que no.

El mayor contacto con el cuerpo nos vuelve más conscientes de nuestras necesidades básicas, como por ejemplo la necesidad de afecto. También nos acerca más a nuestro mundo inconsciente, donde se almacenan incontables informaciones sin las cuales no podríamos sobrevivir.

En definitiva, de la sensualidad obtenemos un mayor autoconocimiento y más opciones y alternativas ante las diferentes situaciones de la vida.

Otra consecuencia de vivir con más sensualidad es la mejora de la capacidad de contacto y comunicación. En vez de quedarnos con nuestras expectativas y prejuicios, captamos con más precisión la realidad del otro.

Cuando conocemos a alguien nuevo, por ejemplo, en vez de ponerle una etiqueta del estilo "esta persona es cerrada, está triste y no me gusta", vamos más allá y nos fijamos en los múltiples detalles que la conforman.

Entonces nos damos cuenta de que quizá sus ojos caídos, que interpretamos como tristes, se iluminan cuando hablamos de algo que le gusta. También su silencio ya no nos disgusta porque en vez de clasificarlo como cerrado lo percibimos como misterioso.

De la misma manera actuamos con las personas conocidas de las cuales a menudo no esperamos nada nuevo. Sabemos que un amigo nunca viene a las fiestas, por ejemplo. Pero si dejamos a un lado lo que la mente o la experiencia del pasado nos dice, percibimos más información.

Y podemos sorprendernos al captar los ojos abiertos y la media sonrisa de nuestro amigo cuando organizamos la celebración de algún evento. No dando nada por hecho hacemos trabajar a los sentidos, que nos aportan un conocimiento más actual y ajustado de las personas.

3. Mantener el contacto con la naturaleza

El contacto con la naturaleza tiene un inmenso poder para despertar los sentidos. Un paseo por el monte, por ejemplo, ofrece infinidad de estímulos que pueden hacer vibrar nuestra sensibilidad.

Nos podemos deleitar con los colores de las hojas de los árboles, con la sensación de frío en la cara, el olor de la tierra húmeda o el ruido del viento susurrando entre las hojas.

También ir a la playa en los meses de frío ofrece un sinfín de sensaciones. La vastedad del horizonte que no alcanza la vista, el rumor constante de las olas, el sabor salado del aire o la humedad helada que poco a poco penetra en la ropa.

Encerrados en casa, protegidos con la calefacción y otras comodidades, nos alienamos de esta potente vitalidad.

No hace falta vivir en la naturaleza para darle espacio a la sensualidad, aunque recurrir a ella seguro que nos da un fuerte impulso. La ciudad también nos ofrece pequeños tesoros para gozar. Los mercados con sus coloridos alimentos, los cafés con su calor humano, el aroma matinal del pan recién hecho, las plazas con el barullo de niños jugando.

Abiertos a la belleza que nos rodea podemos llegar a sentir que nosotros y el entorno somos uno. Es un sentimiento de unión con la naturaleza, con las demás personas y con uno mismo que nos llena de paz y alegría.

4. Potenciar los cinco sentidos

Poner todos los sentidos en la comunicación íntima nos abre a la creatividad y a la ternura. El juego y el amor crecen cuando dejamos libres nuestros sentidos en una relación sexual. No es lujurioso sentir, disfrutar y hablar de los deseos o los miedos que puedan aparecer.

Al contrario: cuanto más abiertos estamos a experimentar con los diferentes sentidos y a compartir, más confianza y placer generamos.

Escoge el tipo de actividad que te permita avivar el sentido que tengas más dejado de lado.

  • Masaje sensitivo. Un buen masaje por todo el cuerpo tiene el poder de reactivar el sentido del tacto. Puedes recurrir a un profesional o a algún conocido. El masaje californiano y el sensitivo no buscan tanto el bienestar muscular como la sensación de experimentar la unidad psicocorporal a través de la piel. Pueden ser profundamente emotivos y hacen a la persona más receptiva.
  • Escuchar y bailar. Acudir a conciertos o dedicar un tiempo en casa exclusivo para escuchar la música que te apetezca es un buen aliciente para el sentido del oído. No es necesario respetar ningún estilo, lo importante es escuchar con atención y bailar con espontaneidad.
  • Mirada fotográfica. Para nutrir el sentido de la vista puedes adoptar algunas veces al día la mirada del fotógrafo. Se trata de mirar con plena atención, fijándote en la luz, los contrastes, los matices de colores, las distancias, la armonía del conjunto... En cualquier momento, cuando estés mirando algo, ensaya diferentes perspectivas y busca el mejor encuadre.
  • Comidas conscientes. Comer es una necesidad que satisfacemos a diario pero degustar y oler es un placer que a menudo no apreciamos. Cuando comemos estamos concentrados en la conversación o nos distraemos con nuestro pensamiento o cualquier cosa del ambiente. El reto consiste en poner de vez en cuando atención en la boca y la nariz, y captar las sensaciones que allí se generan. De ese modo se ingiere menos comida y se saborea mucho más.

5. Cuidar el cuerpo por dentro y por fuera

Es muy importante cuidar el cuerpo, el templo de la sensualidad, tanto por dentro como por fuera. Es decir, cuidar que la respiración sea de calidad, la alimentación sana y el descanso reparador.

También es necesario cuidar el aspecto físico para que refleje aspectos de nuestro ser interior. La ropa, la manera de movernos o de hablar son una expresión de quienes somos.

Si conseguimos esto, con seguridad nos encontraremos con personas que también hacen lo mismo. Las personas que se sienten completas atraen personas que también se sienten completas. Así pueden compartir el bienestar conseguido.

6. Afinar el tono del cuerpo

Las bases de la sensualidad las encontramos en el cuerpo. Con el cuerpo tenso es muy difícil sentir o expresar nada.

Nuestros músculos son como las cuerdas de la guitarra: si están tirantes emiten ruido y pueden romperse. La distensión continua tampoco es un estado ideal. Si las cuerdas están demasiado flojas suenan mal.

Es necesario un tono muscular adecuado para que nuestros sentidos vibren correctamente. Para ello hay que aprender a regularnos. Personas con tendencia al estrés necesitarán actividades que les ayuden a relajarse, y a las personas con tendencia a la laxitud les favorecerá todo aquello que las active.

Para afinar nuestro cuerpo ante todo hay que estar atento a cómo está y qué necesita.

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