¡Aprécialo!

El silencio permite que sucedan cosas extraordinarias

Cristina Martínez Gómez

Es un requisito para la comunicación en su sentido más auténtico, y también para la música.

El silencio forma parte de la vida; en cada instante uno tiene la oportunidad de atender a su interior y descubrir lo que el silencio le trae.

En la sociedad y con el ritmo en que vivimos estamos tan acostumbrados a los ruidos que incluso inconscientemente, y por tanto de forma automática, buscamos cubrir el tiempo con más ruidos, sonidos, palabras, etc. Sin embargo, cuando todo se apaga, al desconectar del teléfono móvil, la música, los correos electrónicos o cualquier otro hábito cotidiano, es posible darse cuenta de que surge algo más grandioso.

En el silencio aparece la magnitud de la vida, la simpleza, el fluir, la posibilidad de observar las cosas desde una perspectiva más amplia. Solo hay que darse permiso para estar con uno mismo o, mejor, para estar en uno mismo.

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Escuchar el silencio está al alcance de todos y no requiere rituales ni técnicas sofisticadas; se trata simplemente de querer escuchar más allá de los sonidos y aprender a disfrutar del silencio incluso cuando se está acompañado.

Escuchar el propio silencio requiere un acto de generosidad con uno mismo y de comprensión de los mecanismos de la mente. Los pensamientos se hallan en continuo movimiento, es algo que forma parte de la naturaleza humana. Pase lo que pase, la mente suele emitir alguna opinión al respecto.

A veces para criticarnos o exigirnos más, otras para analizar lo que ocurre en pos de la visión que juzga más adecuada. Si bien es cierto que la mente desempeña funciones vitales y cognitivas fundamentales para nuestra supervivencia y bienestar, también lo es que no puede resolver desde la lógica todas las cuestiones que nos suceden, pues hay aspectos que se le escapan y no alcanza a entender.

La mente también se equivoca. Es lo que suele ocurrir cuando se le da muchas vueltas a las cosas. Parece entonces como si la mente se atascara y, al no encontrar soluciones, repitiese el mismo razonamiento con la esperanza de hallar una respuesta. En esos momentos resulta muy útil desconectar del proceso y descansar.

Es entonces cuando el silencio nos da la oportunidad de observarnos desde otro lugar, sin enjuiciar tan severamente nuestros actos o decisiones, y reconociendo nuestras capacidades para resolver lo que nos inquieta. Muchos grandes descubrimientos son fruto de momentos de silencio en los que se produce lo que llamamos insights: instantes de intuición y claridad donde todo encaja y cobra sentido.

En esos momentos la mente deja de pensar para acceder a un espacio de mayor amplitud. En esos estados es donde surgen ideas novedosas y creativas. Podemos resolver situaciones que parecían complicadas y difíciles.

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Cómo cultivar el silencio

Simplemente hay que querer hacerlo, poniendo intención en ello y siendo amable con uno mismo. Se trata de ser consciente y decidir a qué se quiere prestar atención. A lo largo del día nos llegan numerosos estímulos externos que atendemos sin ni siquiera decidirlo. Esto no solo sucede con los sonidos sino también con las imágenes y mensajes de la publicidad, la prensa, internet, los establecimientos, etc., y que ya forman parte de la vida cotidiana.

Para cultivar el silencio ayuda en un primer momento apartarse de los ruidos o encontrar un espacio en el que estar solo. Es entonces cuando se puede comenzar a practicar, conociendo como es nuestro diálogo interno y reconciliándonos con él.

Respetar los pensamientos como parte de nuestro proceso mental y a la vez ampliar la visión interna a otros espacios libres de juicios es un camino que nos acerca a la quietud interior. Ese es el objetivo de muchos místicos y meditadores: el estado de conciencia plena, antesala de la iluminación.

En dicho estado todo es aquí y ahora, un instante de amplitud y plenitud. Pero una práctica así llevada al extremo puede apartarnos de la vida más que unirnos a ella. La cuestión sería, por tanto, hasta dónde es adecuado tener como prioridad tales estados.

La vida es amplia y compleja. Saber que tenemos en cada instante la oportunidad de detenernos para escucharnos es importante y muy eficaz. No es preciso, pues, retirarse a un templo, desconectarse de las rutinas diarias o aprender una técnica determinada. Basta con confiar en el propio instinto y sabiduría interior.

El silencio ayuda a estar consciente aquí y ahora y a tener más fuerza y presencia en la vida.

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Una capacidad latente

Todo ser humano tiene la capacidad de escucharse. Aprender a hacerlo de forma constructiva requiere respetarse y comprender que muchas de las cosas que una persona se dice a sí misma son fruto de un hábito mantenido durante buena parte de la vida.

El silencio requiere practicar la escucha interior y, a veces, eso puede asustar. Pero quien se atreve a cruzar ese primer umbral de la escucha suele descubrir espacios muy amables y enriquecedores en su interior.

Hay personas que huyen de su silencio para no oír lo que no les gusta de sí mismas. Sin embargo, quien se da la oportunidad de observar lo que se dice a sí mismo puede entender cómo eso afecta a su forma de comportarse y de actuar en la vida.

Al atravesar esta primera fase se puede comenzar a reconocer lo que se piensa sin tener que luchar contra ello. Se empieza a descubrir entonces un espacio que lleva no solo a conocerse mejor, sino a estar más en uno mismo. Se accede así a lo más puro de la esencia humana y al poder de reconciliarse con uno mismo y con el entorno.

Las relaciones y las actividades cotidianas se tornan más fáciles y fluidas. El silencio requiere una actitud de recogimiento interior que puede practicarse en los actos cotidianos. Ahí es donde realmente podemos hallar los silencios más valiosos, los descansos y las respuestas más sorprendentes.

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La quietud al mirar

Al mirar suele focalizarse la atención con un fin concreto. Por ejemplo, en la acera se anda atento para abrirse camino entre las personas y sortear los posibles obstáculos. Pero existen formas de observar desde la quietud y sin intención.

Cuando la mirada se amplía y se relaja porque no hay necesidad de analizar ni de controlar nada externo, la quietud se instala y permite experimentar el silencio interno siendo consciente del ritmo externo. Poder sentir la quietud interior respetando que ahí fuera todo siga su ritmo aporta fuerza y mayor capacidad de decisión. esta práctica permite estar en uno mismo y no dejarse arrastrar por los ritmos de otros. Se gana auténtica presencia.

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El significado del silencio

El silencio ayuda a estar consciente aquí y ahora y, por tanto, a tener más fuerza en la vida y presencia ante los demás. El silencio nos conecta a la vida, a la respiración y a la esencia de las cosas.

Ayuda a simplificar, a diferenciar lo importante de lo irrelevante, a cuidarse con más respeto y darse la oportunidad de estar con uno mismo desde otro lugar, habitando plenamente el cuerpo. El silencio depara un entorno amplio y acogedor.

En nuestra actitud reside la clave para encontrar el camino hacia el bienestar y confort de nuestro silencio y el de los demás. Para ello es preciso aprender a escuchar lo que nos ocurre y lo que les ocurre a los otros sin tener que añadir ruidos a los silencios.

Belleza y sentido

Cuando nos detenemos a contemplar un paisaje o una situación cotidiana desde la quietud interior es posible percibir cómo nace algo más bello que traspasa los sonidos y las imágenes. Porque todo aquello que es mirado con amplitud y conciencia adquiere belleza y sentido. En esos momentos la mente se vacía para llenarse de la plenitud del silencio y la armonía.

Ante una experiencia tan pura y enriquecedora sobran entonces las palabras. Recrearse en esos estados de contemplación es posible en momentos cotidianos: esperando el autobús, en un parque, en la cola de un supermercado, cocinando, a la luz de la luna… Cualquier momento es bueno si se le pone la intención de descubrir qué surge más allá de los sonidos.

Prestar atención al silencio externo permite que aflore la quietud interior.

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El silencio acompañado

Cada momento está repleto de silencios. Con la práctica se llega a descubrir que incluso en los ruidos hay silencios que se pueden hacer más presentes en nuestras vidas. Todo depende de hacia dónde se enfoque la atención, pues aquello a lo que uno atiende se hace más grande e importante.

Se puede practicar escuchando los silencios que se producen en los espacios entre las palabras de una conversación y observar qué ocurre. Es posible que aparezca una sensación de mayor presencia y profundidad en ese momento y con esa persona. En cualquier lugar se puede prestar más atención al silencio que a los sonidos.

Como dice Eckhart Tolle en su libro El poder del ahora: "Prestar atención al silencio externo crea silencio interno, aquieta la mente. Cada sonido nace del silencio, vuelve a morir en el silencio y durante su periodo de vida está rodeado de silencio. El silencio permite que el sonido sea".

En una conversación con un amigo o familiar aparece la oportunidad de escuchar al otro y al mismo tiempo de escucharse a uno mismo desde el silencio interior. Experimentar la escucha entre las palabras, los silencios de las palabras y las palabras de los silencios. Suele ser habitual al conversar con otra persona descuidar la escucha.

Con frecuencia se anticipa el discurso propio o una respuesta cuando la otra persona aún no ha concluido su explicación. El resultado es que el otro no se siente escuchado, la comunicación se diluye y pierde calidad.

Escuchar al otro es permanecer en silencio y vacío de pensamientos mientras habla. Es aprender a respetar el ritmo que él necesita para expresarse. La impaciencia por querer dar una respuesta puede llevar a no escuchar con atención y por tanto a no entender al otro en sus necesidades.

Ser consciente de que se puede tener un tiempo y espacio de silencio interno para responder es respetarse a uno y a los demás sin tener que cubrir el silencio que se crea en ese momento. Esa es la incomodidad que conviene superar. Un silencio puede llegar a ser más esclarecedor que muchas palabras atropelladas por el ansia de decir y argumentar de buenas a primeras.

Ya lo dice el proverbio árabe: Calla si lo que vas a decir no es más bello que el silencio.

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