Esclavos del espejo

Obsesión por tener una imagen perfecta: cómo superarla

¡Qué bien se te ve! Quien escucha esas palabras siente que se eleva su ánimo: eso indica hasta qué extremo la imagen corporal refleja los valores personales. Pero podemos cuidar nuestra imagen sin obsesionarnos con los cánones y las modas.

Begoña Odriozola

Psicóloga

Vestimos de un modo cuando deseamos destacar, demostrar superioridad o poderío, y de otro cuando intuimos que gana quien mejor se camufla, quien consigue pasar desapercibido, como el camaleón cuya piel se confunde con el terreno.

La relación con el vestir, la habilidad para adecuarse a lo que el entorno espera de uno, las pautas que guían nuestras elecciones al respecto, se educan desde la infancia.

Los padres son los primeros en elegir la ropa por nosotros. Con ellos aprendemos a ubicar la vestimenta en algún lugar de nuestra escala de prioridades.

Lo queramos o no, todos acabamos usando la vestimenta como seña de identidad y como base sobre la que añadimos significados diversos.

El poder de la apariencia

Se otorga cada vez más importancia a la apariencia física; los cánones de belleza son cada vez más rígidos, especialmente en el caso de las mujeres, para las que se transmite un ideal de belleza que parece una incitación a la cirugía estética.

A la moda de la delgadez y de afinar la imagen externa se añaden toda una serie de mensajes cada vez menos subliminales.

Los modelos tienen un cuerpo perfecto, son guapos, van vestidos a la última, tienen éxito, clase, la estima incondicional de los demás… ¿Quién no querría eso?

Imperan mensajes que asocian el atractivo físico y la imagen a las mayores posibilidades de conseguir más cosas en la vida, de forma que valores y cualidades personales como la generosidad, la responsabilidad o la honestidad quedan relegados.

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Esclavos de la imagen perfecta

Todos necesitamos sentirnos apreciados y valorados. Pero, ¿por qué algunas personas acaban convirtiéndose en esclavos de su propia lucha por la imagen perfecta?

Cuando no hemos logrado construir una buena autoestima que nos permita, entre otras cosas, sentirnos seguros de nosotros mismos y a gusto en nuestra piel es más fácil caer en la trampa de obtener la aprobación de los demás a través de la apariencia física.

La inseguridad, por otra parte, proporciona un escape falso: nos hace más tendentes al perfeccionismo, a la autoexigencia y a la necesidad de controlar todo lo externo.

Si eso ocurre, creemos que podemos controlar la imagen que transmitimos y, con ella, lo que los demás piensan de nosotros.

Ese supuesto lleva a muchas personas a entregarse a esa tarea en cuerpo y alma, lo que concluye casi siempre en frustración porque el objetivo en sí mismo es ilusorio.

Cuando sobreviene la decepción, la persona se siente más inútil (se culpa a sí misma del fracaso) y, como buen perfeccionista, insiste en su empeño.

La euforia de la compra, la promesa de éxito y felicidad, se desvanece pronto en un marasmo de frustración y culpa que acrecienta la ansiedad y, con ella, la huida compulsiva hacia una nueva compra, que otorgará ese placer intenso, aunque breve e ilusorio, que desembocará a su vez en frustración y culpa…

Solo cuando, relativizando la búsqueda externa, enfoquemos nuestra mirada para reconstruirnos desde dentro, seremos capaces de entender qué proyecta una imagen externa particular y aprenderemos a gestionarla sin obsesiones ni rigideces, con la seguridad del que no desea demostrar nada.

Frustrados por la imagen corporal

Si el nivel de descontento por la imagen corporal empieza a resultar conflictivo es fácil que se den estas situaciones:

  • Percibir partes del propio cuerpo distintas de lo que en realidad son.
  • Estar convencido de que otras personas son atractivas y de que la propia figura o estatura simboliza fracaso.
  • Sentirse incómodo, ansioso o avergonzado al pensar en el propio cuerpo.
  • Pensar mucho tiempo en ese problema.
  • Rehuir a ciertas personas o situaciones por no sentirse a la altura.
  • Valorar más la imagen de los demás que su personalidad o ideas.
  • Evitar hacer cosas que sí se harían si se tuviera otro cuerpo o imagen.
  • No atreverse a comentar los sentimientos personales respecto a la propia imagen.

Debemos encontrar un equilibrio

Está claro que no somos lo que vestimos pero las elecciones que efectuamos al respecto expresan parte de nuestra personalidad y estado de ánimo.

A su vez, el modo en que nos sentimos con la ropa y las reacciones que esta provoca influyen en nuestra autoestima y en nuestro desarrollo social.

Esta es una realidad ineludible. Debemos poder gestionarla aprovechando sus posibilidades pero sin caer en la superficialidad de creer que somos, básicamente, apariencia física.

Cuando la primera impresión es positiva o neutra, la otra persona adopta una actitud que facilita el encuentro o la relación profesional.

No tener en cuenta el poder de la imagen que proyectamos a través de la vestimenta puede hacer, por el contrario, que debamos dedicar un tiempo precioso a contrarrestar una imagen distorsionada que los demás han podido formarse de nosotros.

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No es necesario seguir las modas

La moda adopta una forma distinta para cada necesidad y todas ellas se unen en ese concepto global del que pocos escapan. ¿Pero quién fija los criterios de la moda?

Responde Josep Pons, asesor de imagen: "Las modas nacen en sectores marginales. Sus ideas son captadas por diseñadores que marcan las tendencias. Normalmente sus diseños son propuestos a artistas, grupos musicales, deportistas, líderes de opinión y gente del mundo mediático para que los utilicen. A partir de ahí, estos conceptos se van atenuando, suavizando y son captados por las grandes firmas que los harán llegar a las tiendas".

¿Pero alguien se pone lo que sale en las pasarelas?, le pregunto. "Todo se organiza para llamar la atención, como reclamo publicitario para que se hable de la firma. Después, las colecciones que llegan a las tiendas son muy diferentes".

Pero yo sigo abrigando la sensación de que la moda es cíclica, que si uno tiene armario suficiente, con esperar a que vuelvan los pantalones anchos o las chaquetas de corte recto…

"No, nunca es igual del todo –responde Pons, armado de paciencia–. Si tomas el vestuario desde Mesopotamia hasta la actualidad, verás que en todas las colecciones siempre hay tendencias que recuerdan épocas determinadas. Lo que sucede es que se combinan de forma que no puedes decir que sea una copia: un poco de concepto ‘Egipto’, un toque militar, mezclado con prendas años 20, por ejemplo. Así se genera la moda, se lleva a las tiendas y se va asimilando de tal forma que cosas que de entrada no nos encajarían acaban llevándose. El objetivo es conseguir que todos cambiemos el vestuario cada temporada si no queremos parecer desfasados".

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Rebélate contra la moda de usar y tirar

7 claves para no perderse comprando

  1. Examinar el armario con calma. Hay que preguntarse sinceramente qué prendas se necesitan, procurando ser objetivo y distinguir entre requerimientos reales y deseos.
  2. Establecer un presupuesto, teniendo en cuenta los ingresos y gastos fijos mensuales.
  3. No hay que comprar sin saber, previamente, hasta dónde se puede llegar. Hacer una lista servirá para evitar olvidos pero también como ayuda para no dejarse arrastrar por el impulso. Hay que revisar siempre el etiquetado de las prendas y recabar la información necesaria del vendedor. Conviene preguntarse cada vez si la prenda gusta realmente, si mejora el conjunto del guardarropa y si armoniza con uno mismo.
  4. No comprar compulsivamente. No conviene ir de compras cuando se está muy desanimado o ansioso; mejor recordar que adquirir más ropa de la cuenta solo relaja a corto plazo e implica una pérdida de dinero y energía. Quien sienta un ansia irrefrenable por salir a comprar, puede decidir, simplemente, esperar una hora antes de hacerlo, reevaluando la situación y su deseo transcurrido ese periodo. Si se decide comprar, hay que reflexionar sobre las ventajas y los inconvenientes de la prenda en cuestión.
  5. Ser consciente de los valores que guían las elecciones personales y reflexionar sobre ellos: comodidad, discreción, moda, trasgresión, funcionalidad, mostrar estatus, mantenerse en el propio nivel socioeconómico, destacar, tipo o calidad del tejido, precio…
  6. No competir ni con uno mismo ni con nadie. Se debe dar a la imagen externa el lugar que se merece y no más. La obsesiones indican que algo no funciona.
  7. Ser flexible. La imagen no tiene por qué ser rígida. Vestirse un día de forma distinta permite ganar desenvoltura y amplitud de miras.

Libros para mejorar tu autoestima

  • ¿Cómo me ves? De los cosméticos a la autoestima; Gale Hayman, Ed. Robinbook
  • Prácticas de autoestima; Christophe André, Ed. Kairós

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