Salir del bucle

El círculo vicioso de los ansiolíticos

Jesús García Blanca

El uso de ansiolíticos, tan extendido desde hace unos años, es realmente peligroso para la salud y suele realimentar y empeorar los síntomas.

Un aspecto importante del poder de la medicina en las sociedades modernas es la psiquiatrización de la mente y las emociones. Del mismo modo que la medicina somática ha clasificado los síntomas y los trastornos físicos, la medicina psiquiátrica ha "catalogado" los trastornos psíquicos y emocionales. Sin embargo, en este caso el peligro es aún mayor por el margen de subjetividad tan grande que hay en juego.

Esta tendencia provoca una situación tan escandalosa que un simple vistazo al famoso DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders), el manual oficial de trastornos mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría, bastaría para considerarnos enfermos a todos nosotros.

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Prisioneros de los intereses farmacéuticos

Un papel fundamental en este proceso de control médico lo juegan las multinacionales farmacéuticas. Su poder e influencia es tan grande que no solo tienen fármacos para cada enfermedad física o mental, sino que, cuando es preciso, promueven la descripción de un nuevo trastorno.

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El problema de fondo es que, en una sociedad tan destructiva como la nuestra, los tratamientos farmacológicos tienen el futuro asegurado. Vivimos en una sociedad deshumanizada y desespiritualizada que se ha rendido ante las máquinas y se ha convertido ella misma en un gran mecanismo, transformando a los seres humanos en piezas intercambiables de su engranaje.

Las piezas de este engranaje perverso son utilizadas el máximo tiempo posible, engrasándolas con fármacos de todo tipo y sustituyéndolas por otras cuando dejan de ser útiles.

Los seres humanos se han convertido en las piezas de un engranaje perverso que se engrasa con todo tipo de fármacos, para que siga funcionando.

Qué es realmente la ansiedad

Si observamos los síntomas usuales que la psiquiatría oficial atribuye a los trastornos de ansiedad, veremos que son una descripción del ciudadano medio, es decir, una descripción de esas piezas de la gran "máquina social": fatiga, sensación de inquietud, imposibilidad de relajarse, preocupación, disminución del apetito, sensación de inseguridad, irritabilidad, sentimiento de inferioridad, indecisión, apatía, pérdida de la capacidad de pensar con lucidez…

Dicho de otro modo, la ansiedad es, en realidad, el síntoma de una sociedad enferma, lo que supone un aviso de que debemos cambiarla.

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Pero estamos atrapados en un círculo vicioso que hace que todo siga igual. Tenemos una educación represiva que crea inseguridad, miedo al castigo, a ser criticado, juzgado, observado, a quedar en ridículo, a no comportarse adecuadamente… Todo ello impulsa el desarrollo de conductas de "seguridad" compulsivas, mecánicas, autorrepresivas.

Una educación represiva genera miedos que derivan en conductas compulsivas y autorrepresivas

Además, seguimos dietas poco saludables, nos atenazan tensiones y problemas económicos y laborales, vivimos en ambientes insanos, tenemos unas relaciones interpersonales faltas de sinceridad y espontaneidad...

Muchas personas acuden a las consultas médicas con este cuadro sintomático y son diagnosticadas y tratadas mediante terapia conductual y psicofármacos.

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Adicción a los ansiolíticos: por qué cuesta tanto dejarlos

Los ansiolíticos, en particular las benzodiacepinas, tienen efectos perjudiciales en la salud física, mental y emocional, lo que obliga a reducir las dosis o suspender el tratamiento.

No obstante, si se reduce la dosis bruscamente o se suspende el tratamiento, se desata un potente síndrome de abstinencia que reinicia la cadena: más ansiedad, delirios y trastornos psicosomáticos.

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Si esta situación se repite con dosis más altas o un uso prolongado de los fármacos, los efectos empeoran, llegando a provocar episodios de violencia, intentos de suicidio, confusión, paranoia, ideas homicidas o sensación de irrealidad.

Es importante tratar adecuadamente a estas personas ayudándolas a profundizar las causas de la ansiedad en lugar de ocultar sus síntomas.

Pero más importante aún es curar a la sociedad enferma que los produce.

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