Cómo descansar y desconectar durante las vacaciones

Los beneficios de no hacer nada son inmensos y, además, aprendemos que en la vida no siempre hay que producir para recibir. ¿Serás capaz de hacerte ese regalo?

Desconectar en vacaciones
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Conozco a una sola persona que sabe admitir la única dedicación de sus vacaciones es descansar y "no hacer nada". Esa persona es Jorge Bucay, quien entiende bien que lo que normalmente se entiende por "perder el tiempo" es en realidad la mejor manera de ganarlo. ¿Tú sabes no hacer nada durante las vacaciones para descansar de verdad?

Por qué nos cuesta descansar en vacaciones

Abandonarse por completo no es fácil. Acostumbrados a llenar nuestras vidas con la acción, cuando nos piden que descansemos al principio nos sentimos liberados y, muy poco después, incómodos.

Tardamos en acostumbrarnos a no hacer nada, no sabemos qué hacer con el cuerpo y mucho menos con la mente.

Ese vacío se soporta a veces tan mal que algunas personas invierten muchas horas y energía en llenar su tiempo libre de actividades y compromisos agotadores. Y es cierto que el ocio puede tener una enriquecedora parte activa, pero deberíamos aprender a reservar tiempo exclusivamente para el descanso.

Tiempo para dormir, relajarnos, cuidarnos, contemplar sin intervenir, permanecer en silencio.

Un tiempo muy íntimo y valioso, literalmente un regalo, pues si nos lo permitimos entenderemos que no es necesario "producir" a todas horas (ni siquiera pensamientos), que es posible también vivir "gratis", que la vida es generosa y nos concede el derecho de respirar profundamente, darnos cuenta de que existimos y tratar de sentirnos bien con ello, sin culpabilidades.

Para Jorge Bucay no hacer nada en las vacaciones consiste en:

  • Levantarse sin despertador.
  • Comer cuando se tiene hambre.
  • Salir de casa sin saber adonde ir.
  • Detenerse donde a uno le place.
  • Sentarse horas sin decir palabra.
  • Volver a casa cuando apetece.
  • Dormir cuando se siente sueño.

Por qué es importante descansar

Descansar no solo está a veces permitido... sino que es imprescindible para gozar de buena salud.

Los momentos alejados de nuestro yo habitual, son oportunidades excepcionales para darnos cuenta de dónde están nuestros límites (cómo responde mi cuerpo, cómo responde mi mente, hasta dónde llego, hasta dónde no quiero llegar) y deshacernos de pesadas cargas que a menudo arrastramos por inercia.

El cansancio puede ser signo de que en nuestra vida pesan demasiado los deberes y tienen poco protagonismo las alegrías que nos dan alas para vivir.

El corazón, el propio ánimo, es la más fiel medida de cómo anda esta delicada balanza. Si nos tomamos el tiempo para escucharlo, estaremos priorizando en la vida, y esta vez de verdad y no solo de palabra, nuestra salud y felicidad.

Cómo desconectar en las vacaciones

El rumor incesante que generan los pensamientos puede ser una de las principales causas de cansancio. Si aprendemos a vaciar la mente de lo acumulado, nos sentiremos más ligeros y con mayor energía y creatividad.

En Oriente se afirma que únicamente del vacío puede surgir algo. Y eso es lo que se intenta conseguir con la práctica de la meditación, en que el cerebro emite las llamadas ondas alfa, vinculadas con un estado especial de profunda relajación, junto con una atención y conciencia más elevadas.

Puede practicarse durante 15 minutos, dos veces al día:

  • Siéntate en un lugar tranquilo, con las piernas cruzadas o en una silla, pero con la espalda recta, la nuca tendiendo al cielo, la barbilla ligeramente metida hacia el pecho.
  • Coloca la mano derecha sobre la izquierda, con los pulgares extendidos, de modo que las puntas presionen ligeramente entre ellas formando un triángulo con las manos. Coloca este triángulo sobre tu regazo, con la oquedad a la altura del ombligo, centro de energía.
  • Observa la respiración. Siempre por la nariz y muy suavemente, inspira contando hasta cuatro y espira contando hasta ocho. Pon toda tu atención en este acto: cualquier pensamiento que surja, simplemente déjalo pasar como una nube llevada por el viento, y vuelve a fijarte en tu respiración. Siente cómo tu cuerpo y tu mente se ensanchan y se contraen a ese ritmo sosegado.
  • Vuelve tu mirada al interior. Dentro de ti se está reproduciendo el ritmo del universo, expandiéndose lentamente hasta el infinito. Ese espacio inmenso y silencioso está en ti, así como tú estás en él, eres una mota de polvo suspendida sin ningún esfuerzo en ese espacio acogedor. Tu cuerpo se sintoniza con la música profunda de la vida, tan simple y tan misteriosa como la respiración.
  • Olvídate de todo cuanto no sea ese pequeño movimiento, Despréndete de tus capas externas hasta quedarte solo con tu esencia; esa sencilla respiración. Eso es lo que eres, tan ligero y sutil como el aire. Para vivir no se necesita hacer nada más que respirar.

Formas de descansar cada día

No conviene relegar el descanso para las vacaciones, ni siquiera solo para los fines de semana. Integrar dosis homeopáticas de descanso en la rutina de cada día es mejor que intentar vacunarse una vez al año.

  • Sueño de calidad. La alternancia entre sueño y vigilia está regulada por los ritmos circadianos, que regulan la temperatura corporal o el hambre. Ajustarse lo máximo a estos ritmos mejorará el descanso nocturno. Aunque se recomiendan 8 horas de sueño, esta media debe ajustarse al ritmo personal. Obsérvate y hazte caso.
  • Siesta sin fase REM. Entre las doce y las tres de la tarde, el cuerpo experimenta una pequeña caída de su temperatura, acompañada de cierta somnolencia, y un descenso en la eficiencia de la actividad intelectual. De ahí la costumbre (o necesidad) de hacer la siesta. Para que este sueño sea reparador no debe sobrepasar los 15 minutos, el tiempo medio que dura el sueño superficial antes de pasar al sueño REM. El sueño no-REM compensa mejor la pérdida de calor del organismo. El sueño profundo, además, conlleva un tiempo de recuperación en el que nos sentimos abotargados.
  • Ejercicio diario. Durante el ejercicio convertimos la adrenalina, una de las hormonas del estrés, en energía. Treinta minutos de ejercicio aeróbico (correr, nadar...) al día son suficientes. Un paseo a ritmo vivo puede bastar también, acaso camino del trabajo.
  • Dieta para la serenidad. Las vitaminas del grupo B, la vitamina C, el magnesio, el cinc y el selenio tonifican los sistemas nervioso e inmunitario. Evita los excitantes (café, tabaco, alcohol...) que a medio plazo restan energía y aumentan la ansiedad. Sustitúyelos por agua (la deshidratación produce fatiga) o infusiones.
  • Un tiempo personal. Resérvate al menos una tarde o una mañana a la semana para estar a solas contigo mismo y no hacer nada más. Procura no leer, no hablar, no ver la televisión. Dedícate a descansar incluso de ti mismo. Es un buen momento para meditar. Defiende ese espacio de tiempo como algo sagrado para ti.

Libros para reconectar con la importancia del descanso

  • El camino personal a la salud: ejercicio, alimentación y reposo; Pablo Saz. Ed. Gedel
  • Ayuno y meditación; Petra Hopfenzitz y Hellmut Lützner. Ed. RBA-lntegral

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