La sabiduría del jardín

Cómo diseñar un jardín y cultivar la espiritualidad con él

En los jardines se conecta con la inteligencia vegetal, se goza de las estaciones y la naturaleza, y se equilibra el ánimo. ¿Cuál es el ideal para ti?

Quien crea un jardín mejora el mundo, y este le devolverá el favor. ¿Quién no se ha sentido alguna vez embargado por la dicha al observar un bello paisaje o la poderosa majestuosidad de un bosque milenario?

Quien cuida un jardín se preocupa por los seres que lo habitan y su bienestar. Con el tiempo, el jardinero aumenta su sensibilidad e intuición, se eleva espiritualmente y acaso conecta con la energía de Gaia, el organismo que según se dice forma el conjunto del planeta Tierra.

El jardín y su relación con la espiritualidad

En muchas culturas el jardín es una metáfora del paraíso, del lugar perfecto donde el hombre habitó mientras estaba tan integrado en la naturaleza como las plantas o los animales y al que volverá tras la muerte o cuando alcance la iluminación.

En la tradición bíblica cristiana, Dios plantó un huerto en Edén, al oriente, y puso allí al hombre que había creado para que lo labrase y lo guardase. Y allí fue feliz hasta que por ansiar el conocimiento el Creador lo expulsó.

En otras creencias, el jardín es el premio tras la muerte para los hombres y mujeres justos.

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El paraíso está cerca: ¿cómo conseguir verlo?

Para los antiguos griegos las almas de los hombres virtuosos y los héroes guerreros eran enviadas a los Campos Elíseos, donde descansaban dichosas entre paisajes verdes y bosques de mirtos y rosales atravesados por un río cuyas aguas hacían olvidar todas las penas.

El profeta Mahoma dejó dicho que Alá ha prometido a los y las creyentes unos jardines en los que corren ríos. En ellos vivirán eternamente: tendrán hermosas moradas en el jardín del Edén.

Para el budismo, la naturaleza puede ayudar al hombre en la búsqueda de la iluminación. El príncipe Sidharta Gautama, antes de convertirse en Buda, se sentó bajo un árbol en Bodgaya y recordó todas sus vidas anteriores, liberándose con el conocimiento de la cadena de reencarnaciones.

El jardín zen japonés representa a escala el universo e invita a meditar en busca de vitalidad y serenidad. A través de la meditación el ser humano capta directamente la esencia de la realidad, sin filtrarla con su pensamiento.

El jardín eleva los sentimientos espirituales del hombre. Debe ser un espacio sagrado, un lugar donde impera el respeto a la vida, a todas las cosas vivas.

En palabras del autor rumano Mircea Eliade: "Es la visión religiosa de la vida lo que permite descifrar en el ritmo de la vegetación otras significaciones, y en primer lugar ideas de regeneración, de eterna juventud, de salud, de inmortalidad..."

Claves para diseñar un jardín placentero

Un jardín bien diseñado debe proporcionar placer a los cinco sentidos.

  1. La vista disfruta con los colores, las luces y las sombras.
  2. El olfato se embriaga de los olores de las llores y las plantas aromáticas.
  3. El tacto goza con las distintas texturas que proporcionan la hierba, las piedras y los árboles.
  4. Para el oído, el rumor de las hojas movidas por el viento o el murmullo del agua que corre constituyen un bálsamo que aquieta el espíritu.
  5. El gusto se deleita con el sabor de los frutos.

Tipos de jardín y cómo organizarlos

Cada jardinero tiene una idea del jardín que busca. Veamos algunos tipos:

  • El jardín clásico se suele organizar en diversos parterres alrededor de un césped inmaculado. Las plantas se podan para darles la forma deseada, no se dejan crecer malas hierbas y siempre se busca que el conjunto tenga un aspecto impecable, como recién barrido. Suele requerir muchas horas de trabajo y resulta más rígido y menos evocador que otros tipos de jardín.
  • El jardín silvestre busca un resultado en el que la mano del hombre no sea tan visible, que parezca un rincón especial de un bosque o un prado; para ello utiliza plantas autóctonas y las deja crecer a su aire, sin dirigirlas en exceso. Se pueden combinar parterres más formales con otros asilvestrados para que el resultado final aúne orden y espontaneidad.
  • Un jardín mixto y muy atractivo es aquel que, a la manera del hortus romano, mezcla plantas ornamentales, medicinales, comestibles, aromáticas y árboles frutales. Es un jardín práctico, que los niños disfrutan especialmente.

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Cuidar un jardín es una forma de meditación

  • El jardín zen utiliza poca variedad de plantas, grandes rocas a modo de «montañas » y grava rastrillada simulando las olas del mar. El paisaje resultante recuerda a las islas japonesas sobre el océano. Son composiciones minimalistas y asimétricas que ayudan a la meditación.
  • Se pueden crear jardines en miniatura No es preciso disponer de mucho espacio para crear un jardín: el alféizar de una ventana o un pequeño balcón pueden servir para disponer unas cuantas plantas y crear un rincón verde donde la naturaleza sea la protagonista. Los bonsáis o incluso los suiseki, pequeñas rocas que por su forma recuerdan a un paisaje, pueden cumplir el papel y no necesitan apenas espacio.

7 formas de gozar del jardín

  1. Caminar descalzo, sintiendo el frescor de la hierba produce un efecto similar a un buen masaje de pies, libera los bloqueos energéticos y relaja los músculos de todo el cuerpo.
  2. Tocar la tierra con las manos, ensuciándose sin complejos, es una actividad liberadora de las convenciones sociales, nos aleja de la rigidez y permite que fluya la energía vital del planeta a través del cuerpo. No hay que tenerle miedo a la tierra, es fuente de vida y la piel de nuestro planeta.
  3. Subir a un árbol rememorando las tardes de verano de la niñez puede ser una experiencia muy estimulante que pone en contacto la psique adulta con el niño que aún habita en nuestro interior.
  4. Coger fruta de los árboles y comerla al momento como el ser humano ha hecho desde el principio de los tiempos es un placer incomparable. No en vano nuestra dieta ancestral se componía de frutas, hojas y bayas. Recolectar frutos despierta recuerdos olvidados de la memoria de la especie.
  5. Meditar sobre una roca ofrece una perspectiva distinta del jardín. El contacto con la piedra en lugar de la hierba puede modificar el modo en que percibimos la meditación, nos pone en contacto con las entrañas de la tierra.
  6. Compartir el jardín con otros seres vivos y no solo con amigos. Un estanque con carpas de colores es un gozo para la vista, un comedero o bebedero para pájaros atrae aves que además de cantar comerán moscas y mosquitos.
  7. Tumbarse desnudo sobre la hierba, respirando lentamente y dejando que la brisa y el calor del sol acaricien la piel. Con un poco de imaginación es fácil sentirse hierba, árbol o piedra, meditar sobre el ser, el tiempo y la interconexión entre todas las cosas y todos los seres.

Libros para conectar con la magia de la jardinería

  • El jardín, paisaje y diseño; T. Conran, D. Pearson. Ed. Blume
  • La magia de las plantas; Ignacio Abella. Ed. RBA-lntegral

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