Cómo ganar seguridad

Duda crónica y miedo al fracaso: cómo ganar seguridad

Cuando una persona insegura debe tomar una decisión importante duda mucho porque piensa que, si no elige bien, la decisión puede llevarle al fracaso. En esta situación la persona se bloquea y pierde todavía más la confianza en sí misma. ¿Cómo romper el círculo?

Begoña Odriozola

Psicóloga

La persona insegura tiende a enfrentarse a las decisiones con un gran miedo al fracaso y las vive como si lo apostara todo a una carta.

Además, tiende a pensar en las consecuencias de sus actos de manera un tanto extremista y polarizada: éxito o fracaso, acierto o equivocación, todo o nada...

Con esa impresión de que se lo juega todo en cada decisión, no es de extrañar que la persona se quede como inmovilizada. Y cuando la duda nos bloquea se pierde la confianza en uno mismo y se hace imposible avanzar.

Una estrategia para combatir la duda crónica es enfocar las decisiones con mentalidad "científica": definir bien la situación o problema, valorar las diferentes opciones –incluyendo lo que se siente ante cada una de ellas–, y decidir teniendo en cuenta que la perfección no existe.

Además, hay que considerar que los resultados de la elección traerán, sean los que sean, información muy válida para futuras decisiones, reconsideraciones, aprendizajes... ¿Dónde está el fracaso cuando se obra así?

Flexibilidad contra el afán de control

A pesar de todo, a veces la duda nos atrapa y hay que ponerle límites.

Conviene recordar que no se puede ganar confianza en uno mismo sin arriesgarse: es necesario actuar. No existe otro modo de ganar seguridad que aceptar los retos y ponerse a prueba.

Si alguien no se permite tener experiencias, ¿cómo podrá demostrarse a sí mismo que, efectivamente, puede llevarlas a cabo?

Actuar permite descubrir que el porcentaje de éxitos supera al de situaciones que no se han podido resolver como se pensaba.

Algunas personas intentan hacer frente a la inseguridad tratando de controlar de forma rígida todo cuanto ocurre a su alrededor.

Naturalmente, por más que se planifiquen las cosas con ahínco, la vida sigue su propio curso y nadie puede controlar ni los acontecimientos ni la actuación de otras personas.

La necesidad de adaptación y cambio es inherente al hecho de vivir. Obstinarse en controlarlo todo conduce a la frustración y puede colmar de insatisfacción, resentimiento y rabia a quien lo pretende.

Si los acontecimientos nos perturban de manera excesiva, quizá sea momento de plantearse un cambio de actitud y preguntarse si cabe obrar de forma diferente o mejorar en algún sentido.

Desarrollar un poco más la flexibilidad permite encarar las dificultades como un aliciente y probar respuestas distintas.

Si algo no funciona, hay que intentarlo de otra manera. Ser creativos implica buscar algo más allá del simple plan A o plan B.

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Emprender un camino personal

Para superar la tendencia a controlarlo todo –producto de la inseguridad–, es útil asumir que no siempre podemos salirnos con la nuestra, aceptando que las cosas casi nunca son como uno espera que sean... pero que la vida se nutre en parte de todo ello.

Al descubrir que hay algo que no podemos cambiar, lo mejor es aceptar la situación, aprender lo que haya que aprender y seguir adelante.

Siempre es bueno reflexionar y dedicar un poco de tiempo a conocerse a uno mismo. Pero no conviene olvidar que nadie llega a ninguna parte si no empieza a caminar, si no está dispuesto a equivocarse y a abrir su mente para aprender –tarde o temprano– de los errores.

Todos debemos afinar nuestra mirada, poner atención y valorar nuestros propios recursos y habilidades. Cada persona tiene sus propias circunstancias, sus metas y sus herramientas específicas.

Nadie puede vivir ni disfrutar la vida de otro; eso solo podemos hacerlo con la propia.

¿Cómo se puede superar la inseguridad?

Superar el sentido de omnipotencia o de culpa –fruto de la inseguridad– es esencial para disfrutar de lo que se tiene. Para ello, se pueden probar algunas tácticas:

  • Observar cómo todo en la naturaleza es finito: el día, la noche, las estaciones, las tormentas, la vida...
  • Aprender a fijarse en lo que se tiene más que en lo que falta, pero sin perder de vista los objetivos.
  • Hacer el ejercicio de preguntarse quién o qué somos más allá de la profesión, los papeles que podamos ejercer a nivel familiar o social o nuestros bienes materiales.
  • Escuchar a quien ha tenido pérdidas importantes –humanas o materiales–. Su experiencia ayuda a relativizar el valor de las cosas. ¿Cómo lograron superar esas circunstancias adversas? ¿Qué les ayudó a seguir adelante y no desanimarse?
  • Hacer una lista de las propias capacidades y otra de las limitaciones. Conocer el potencial de superación personal no está reñido con tener una visión realista de uno mismo: nadie debe infravalorarse pero tampoco dejarse llevar por un sentimiento de grandiosidad.
  • Aprender a tomar decisiones realistas y ser consciente de que cada elección comporta una renuncia. Nadie puede tenerlo todo, ni ser aceptado por todos, ni querido exactamente como desearía.
  • Ante cualquier decisión, tener en cuenta lo que se siente y preguntarse si esa opción puede aumentar la felicidad o no.
  • Aceptar el error como algo tan inevitable como valioso; sin error no hay aprendizaje.
  • No compararse con los demás, pues hacerlo lleva a sentirse "perdedor" tarde o temprano.

Quien quiere caerle bien a todos, no logra caerse bien ni a sí mismo. Pero aceptarse como se es no excluye el esfuerzo para superarse.

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