Un embarazo no real

Embarazo psicológico: los síntomas de este curioso fenómeno

A pesar de ser poco común, algunas mujeres experimentan un embarazo psicológico. Un fenómeno que no tiene nada que ver con la simulación y que además va acompañado de síntomas físicos y psicológicos.

Gema Sánchez

Psicóloga

Uno de los mayores deseos de muchas mujeres es ser madre. En algunos casos, cuando este se lleva al extremo o se experimenta cierto temor por el hecho de quedarse embarazada, puede desembocar en un embarazo psicológico, también conocido como pseudociesis.

A pesar de ser un fenómeno poco común, existe. Según varios estudios, se cree que entre uno y seis casos por cada veintidós mil embarazos pueden ser falsos, la mayoría de ellos en mujeres infértiles y perimenopáusicas de entre 20 y 44 años.

¿Qué es un embarazo psicológico?

Según el DSM V, la pseudociesis es la creencia falsa de estar embarazada que se asocia a signos y síntomas de embarazo. Por lo tanto, no tiene nada que ver con una simulación y no solo consiste en la convicción de estar embarazada sin estarlo, sino que además este fenómeno muestra sintomatología física, ya que el cuerpo actúa como si en su interior se estuviera produciendo la gestación de un bebé.

Como vemos, se trata de un fenómeno que afecta a la mujer tanto a nivel físico como cognitivo y emocional. A pesar de ser un trastorno bastante inusual, ha existido desde la antigüedad, ya que el médico griego Hipócrates describió casos de mujeres que creían estar embarazadas. Otro caso conocido fue el de la reina inglesa María Tudor, la cual también se creía que padecía este trastorno.

El embarazo psicológico incluso se ha identificado en hombres y es conocido como el síndrome de Couvade. Los expertos suelen hablar de la ansiedad por la paternidad junto al deseo de ser partícipe en ella como las causas más relevantes, aunque es cierto que este fenómeno es menos común aún que en las mujeres.

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¿Cuánto puede durar el embarazo psicológico?

A pesar de que cada mujer es un mundo, la duración de un embarazo psicológico puede variar desde semanas hasta meses. De hecho, se han identificado casos de hasta 7 y 9 meses de duración.

¿Cómo diferenciar un embarazo psicológico de un embarazo normal?

A través de la exploración de la mujer, las pruebas de embarazo y una ecografía. Generalmente, las pruebas de embarazo son negativas, aunque en algunos casos pueden ser positivas. Por ello, si se realiza una ecografía, en esta se puede observar que no hay embrión y que el útero no ha aumentado su tamaño.

Eso sí, a nivel de sintomatología no es posible diferenciar entre un tipo u otro, ya que en muchos casos, esta es similar.

Síntomas de la pseudociesis o embarazo psicológico

Los síntomas más frecuentes del embarazo psicológico son los siguientes:

  • Vómitos y náuseas.
  • Amenorrea o ausencia de menstruación.
  • Aumento del tamaño del abdomen.
  • Aumento de los senos.
  • Incremento del peso.
  • Cambios hormonales.
  • Sensación de movimientos fetales.
  • Ablandamiento del cuello uterino.

Además de estos síntomas, algunas mujeres expresan sentirse incómodas con su cuerpo y a nivel emocional.

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Causas del embarazo psicológico

En la actualidad, se desconocen las causas que pueden provocar un embarazo psicológico. Sin embargo, son varias las hipótesis que se tienen en cuenta al respecto.

  • A nivel general, se piensa que el embarazo psicológico puede darse cuando la mujer tiene un fuerte deseo por ser madre o bien cuando experimenta un miedo intenso al hecho de quedarse embarazada.
  • También se tiene en cuenta la presencia de ansiedad, depresión, problemas de pareja o cierta inestabilidad en el estado de ánimo.
  • Ahora bien, estudios biológicos apuntan también a una mediación hormonal, ya que en algunas mujeres se han identificado altos niveles de hormonas como los estrógenos y la prolactina, los cuales tienen que ver tanto con la producción de síntomas físicos como psicológicos. De hecho, también se ha observado el incremento de la gonadotropina, la hormona del embarazo, razón por la que en algunos casos las pruebas de sangre y orina pueden dar positivo.

Así, aunque todavía existe mucha confusión en relación a la etiología del embarazo psicológico, sí es posible afirmar que existe cierta relación entre la mente y el cuerpo, ya que cierto estado emocional puede provocar una producción anormal de hormonas que tiene en la mujer efectos físicos y psicológicos.

Tratamiento del embarazo psicológico

El tratamiento de un embarazo psicológico suele ser muy delicado, ya que la mujer debe aceptar que el embarazo no es real. De ahí que sea necesaria la intervención tanto de médicos como de psicólogos.

En un primer momento, se debe confirmar que el embarazo no existe como tal, por ello las pruebas de embarazo junto a la ecografía son las más utilizadas. En concreto, la realización de esta última es la más fiable para que la mujer sea consciente de ello.

El siguiente paso será el tratamiento psicológico. A través de este, se trabajará en la aceptación de la situación así como en las razones que subyacen a este problema (dificultades afectivas, conflictos personales o conyugales, etc.), ya que en muchas ocasiones este tipo de embarazo resulta ser una válvula de escape de otros problemas.

El objetivo será dotar a la mujer de recursos y estrategias para afrontar aquello que le sucede y poder superarlo.

Además, en ocasiones es posible que se paute tratamiento farmacológico antidepresivo para facilitar el proceso de recuperación. Todo depende de la situación de cada mujer.

No obstante, en todos los casos el apoyo y la comprensión de las personas más cercanas será fundamental. De esta forma, será mucho más fácil para la mujer salir de la situación.

Referencias bibliográficas

  • Azizi, M. y Elyasi, F. (2017). Visión biopsicosocial de la pseudociesis: una revisión narrativa. Revista internacional de biomedicina reproductiva , 15 (9), 535–542.
  • Campos, S. J., & Link, D. (2016). Pseudocyesis. Journal for Nurse Practitioners.
  • Ibekwe, P. C., & Achor, J. U. (2008). Psychosocial and cultural aspects of pseudocyesis. Indian journal of psychiatry, 50(2), 112–116. https://doi.org/10.4103/0019-5545.42398

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