Aprender en el proceso

Enfermedad en pareja: cómo evitar el desgaste del cuidador

Cuidar de una pareja que está enferma supone un desgaste emocional que muchas veces no es tenido en cuenta. Cuidador y enfermo pueden hacer que el coste emocional del proceso sea menor.

Silvia Díez, periodista y terapeuta
Silvia Díez

Periodista y terapeuta gestalt

Mireia Darder
Mireia Darder

Psicóloga

No todas las enfermedades son iguales ni implican los mismos cuidados por parte de los demás. Afortunadamente, en nuestras sociedades ocidentales existen medidas para atender bien a los enfermos. También se registra una alta esperanza de vida y se cuenta con un sistema sanitario que, a diferencia de otros países, no lleva a la ruina.

No obstante, lo que no puede evitarse es el coste emocional que genera esta realidad, el esfuerzo a distintos niveles que deberá realizar el cónyuge cuidador, un alto precio que a veces pasa desapercibido, ya que el enfermo es el centro de todas las preocupaciones. ¿Cómo debería cuidarse la pareja de una persona enferma?

Romper el equilibrio entre el dar y el recibir

Si tu pareja tuviera una enfermedad de larga duracion: ¿cómo reaccionarías? ¿Te costaría ponerte en el papel de cuidador o de cuidadora? ¿Cómo imaginas que te irías sintiendo a medida que pasa el tiempo?

Hacer esta reflexión ayudará a evaluar el nivel de compromiso que tienes con respecto tu actual relación, aquello que te sientes capaz de dar. Dice Bert Hellinger que para que una relación de pareja se mantenga y perdure debe haber siempre un equilibrio entre lo que da y lo que recibe cada uno de los miembros.

La balanza debe permanecer en el medio.

Con la aparición de la enfermedad este equilibrio se rompe y es fácil que la relación se resienta de una manera u otra dado que se suele establecer una relación de más dependencia por parte de uno de los miembros con respecto al otro.

Paradójimante, puede suceder que, después de haber sido acompañado, cuidado y sanado, el miembro de la pareja que había enfermado sienta la necesidad de irse. Es el caso de una mujer que tras superar un cancer de pulmón quería separarse. Su marido había estado a su lado durante todo el periodo de sanación, pero la transformación interior que había supuesto la enfermedad le había despertado las ganas de experimentar lo que no había podido hacer antes.

Sus hijos habían crecido y la confrontación con la muerte la había llevado a necesitar construir una nueva vida. Según Bert Hellinger, la ruptura también podría interpretarse como el resultado de un desequilibrio entre lo dado y lo recibido porque cuando uno recibe demasiado por parte del otro y no lo puede devolver necesita irse. Y todo merece ser visto con respeto y sin juicios.

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El papel del enfermo

La gestión de la frustración que puede generar la enfermedad en la persona que la sufre también determinará la relación. El miembro de la pareja que está enfermo realiza un duelo por lo perdido a nivel personal que le sumergirá a altibajos que repercutirán en su relación con los demás y en particular con las personas de más confianza, es decir, su pareja.

Se trata de un proceso de aceptación de los límites que la enfermedad impone que no es sencillo sobre todo si antes no se ha sido muy independiente e invulnerable.

  • A menudo cuanto más fuerte haya sido esta persona peor asumirá este nuevo rol de dependiente rebelándose y expresando su frustración en forma de rabia contra los que están cerca.
  • En algunos casos las personas que enferman llegan a ser despóticas y despertar rechazo al cuidador, lo que pone a la pareja en peligro durante el proceso de la enfermead o una vez esta persona se ha curado.
  • El enfermo a veces se ampara en el sentimiento de culpa que despierta en el otro para ejercer su voluntad y poder de manera constante. El sentimiento de culpa también puede surgir del hecho de ser responsable de haber enfermado o significar un peso para los demás. Este sentimiento se puede expresar directamente –lo que sería aconsejable– o bien taparse con expresiones de rabia.

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Está claro que en una situación tan especial todos los implicados viven una adaptación que requerirá mucha comunicación, madurez para expresar lo que se siente en el momento y de la forma adecuada y la capacidad de introspección suficiente para autoregularse en función de lo que es posible en cada ocasión.

Si se consigue superar el duelo y la enfermedad todo ello puede enriquecer a la pareja al haber aprendido cada uno más sobre si mismo, sobre el otro, haber desarrollado un mayor grado de intimidad y confianza y haber encontrado incluso en un plano más espiritual.

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