No es envidia

Envidia sana: admirar a personas que nos ayudan a crecer

Ramón Soler. Psicólogo

Aunque el concepto de envidia conlleva connotaciones muy negativas, si conseguimos invertirlo y centrarnos en la idea de admiración sana, podremos beneficiarnos de todo lo que aprendamos de nuestras personas de referencia. Disponer de modelos a los que seguir nos abre todo un mundo de posibilidades.

En muchas religiones y mitologías, la envidia aparece como una de las emociones humanas más dañinas y peligrosas. La envidia fue la que sentenció a morir a Abel, y no es casualidad que Envidia sea la diosa romana de la venganza y los celos. Esta palabra procede del latín in-videre (poner la mirada en algo), por lo que no resulta extraño que se suela decir que alguien está “ciego de envidia” cuando no tiene ojos para otra cuestión más que para lo que desea del otro.

Desde la psicología, la envidia, se considera como el deseo, casi enfermizo, de poseer lo que otros tienen. Cuando sucumbimos a ella, entramos en un círculo vicioso en el que, sin intentar comprender las razones por las que la otra persona disfruta de aquello que anhelamos, o sin realizar ningún esfuerzo personal para lograr conseguir lo que ha logrado, le envidiamos.

Esta faceta de la envidia no es constructiva, nos ciega, nos impide avanzar, nos daña y nos consume.

No obstante, podemos cambiar las tornas de nuestra envidia y enfocarnos en una versión positiva de este “poner la mirada en otro”, no deseando lo que posee la otra persona de forma enfermiza, sino admirando (ad-mirando) sus logros y sirviéndonos de su ejemplo para mejorar.

La admiración no busca arrebatar al sujeto lo que posee, como sí sucede con la envidia, sino que despierta un sano deseo por alcanzar, a través de nuestros propios medios, los mismos logros que la otra persona. Un modelo sano, a quien admiramos por sus propios méritos, nos abre el campo de visión para plantearnos objetivos que quizá, de otra forma, ni se nos habrían ocurrido. Disponer de este tipo de referencia nos empuja a ofrecer lo mejor de nosotros mismos, a llegar mucho más lejos.

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Personas que nos sirven para inspirarnos

En las niñas y niños que admiran a su deportista favorito podemos contemplar un claro ejemplo de la importancia de contar con un modelo sano como impulso para mejorar. En este caso, los pequeños no están envidiando a su ídolo en el sentido negativo y no le desean ningún mal, sino que lo usan como inspiración para su afición. Seguro que, gracias a esta admiración que sienten, pueden alcanzar un nivel mucho más alto en sus competencias.

Para los adultos es igual de saludable tener modelos positivos a los que admirar. Ya sea en nuestras profesiones o en nuestras aficiones, seguro que podemos encontrar a personas que previamente han recorrido el camino que hemos iniciado y nos pueden servir de estímulo para mejorar y lograr nuestros propósitos.

Al contrario de lo que sucede con la envidia, que nos bloquea y nos empequeñece, inspirarnos en alguien nos empuja a crecer y dar lo mejor de nosotros mismos.

Además, los beneficios de esta mejora personal se extienden más allá de nosotros, pudiendo también servir de inspiración a muchos otros. Pensemos, por ejemplo, en la admiración confesa que sentía Freddie Mercury por Montserrat Caballé y en el fantástico trabajo que realizaron juntos convirtiendo su canción Barcelona en un himno reconocido mundialmente para esta ciudad.

Otro ejemplo de admiración sana y enriquecedora es el que se produjo en el conocido como Efecto Scully, según el cual, la protagonista de la serie de los 90 Expediente X, Dana Scully, sirvió como ejemplo a toda una generación de mujeres científicas. Miles de adolescentes de todo el mundo se sintieron inspiradas por la profesionalidad, la inteligencia y la personalidad de este personaje, y decidieron seguir estudios relacionados con la biología o la ingeniería. Según un estudio de 2018, un 63% de las mujeres que hoy trabajan en ámbitos científicos se sintieron inspiradas por Scully.

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Quizá, estas niñas no habían tenido el estímulo adecuado en sus casas o sus colegios para elegir una rama científica, pero gracias al ejemplo de Scully encontraron la confianza suficiente para estudiar carreras mayoritariamente ocupadas por hombres.

Conocer casos de una admiración sana que han servido como modelo a muchas personas es muy esperanzador, puesto que la alegría por el bien ajeno es algo muy escaso hoy en día. Tenemos que dejar de mirar con envidia a los demás y centrarnos en lo que podemos aprender los unos de los otros. Si buscamos modelos sanos a los que admirar y luchamos por ofrecer lo mejor de nosotros mismos, con toda probabilidad nuestro trabajo también inspirará a muchas personas y nuestra sociedad podrá avanzar de forma más pacífica y armoniosa.

Inspirarse en el éxito ajeno

Si no deseas que la envidia consuma tu energía y quieres lograr todos los beneficios de la admiración sana, puedes poner en práctica estas ideas:

  1. Busca tus modelos. Con independencia de tus aficiones o de la profesión a la que te dediques, siempre puedes buscar modelos que puedan servirte de referente. No tienes por qué centrarte en una única persona, pueden ser varias, en distintos ámbitos o, incluso, pueden ser equipos o grupos de trabajo que admires. Busca sus trabajos y sus ejemplos, investiga sus biografías para inspirarte.
  2. Aprende de los mejores. ¿Qué te gusta de esa persona? ¿Qué admiras de ella? Piensa qué puedes aprender de su trabajo o de su actitud y cómo reaccionaría ella ante las posibles dificultades con las que puedas toparte. Seguro que encuentras alguna idea inspiradora que te ayuda. Busca la forma de ponerla en práctica.
  3. Aporta tu creatividad. Al hablar de inspirarte en alguien, no hablamos de copiar, sino de utilizarlo como ejemplo y como un punto de partida para crear tu propio camino. Tú tienes tu bagaje, tus experiencias propias y seguro que tienes mucho que aportar. No te quedes en lo conocido: explora nuevos caminos, busca tus propias soluciones, desarrolla tus ideas.
  4. Tú también eres un ejemplo. Si tienes hijos, sobrinos o trabajas con niños, piensa que tú eres una de las personas a quien más admiran del mundo. Tu ejemplo les sirve de modelo. Recuerda que ellos aprenden mucho más por cómo actúas que por lo que dices. Obsérvate y decide qué huella quieres dejar en ellos.

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