Asesinos en serie

Por qué tienen éxito las series sobre psicópatas

Maria José Muñoz

Mindhunter, You, Bates Motel, Las cintas de Ted Bundy... Las producciones audiovisuales sobre criminales, sobre todo las de asesinos en serie, no dejan de aumentar y de sumar adeptos y adictos. ¿Qué es lo que ocultan estas series para ejercer tal seducción?

No deja de sorprender lo mucho que han aumentado las producciones audiovisuales sobre criminales: Mindhunter, You, Bates Motel, Las cintas de Ted Bundy, Los asesinatos del Valhalla... Sus adeptos y adictos también suben como la espuma. Tendríamos que interrogarnos por ese auge de público hacia las llamadas series negras: ¿qué es lo que ocultan estas series que logran ejercer tal seducción?

Espectadores del morbo

Un psicópata es alguien que padece una perversión, aquella del sadismo, pero llevada hasta sus últimas consecuencias. Necesitan agredir y aniquilar, si les es posible, a otros, ya sean animales o personas. Si hacemos un repaso por la historia veremos cómo el sadismo y las ficciones sobre actos sádicos no son, para nada, algo nuevo:

  • En la Edad Media torturar y descuartizar un cuerpo humano era de lo más común. El cristianismo no cambió esa manera de tratar a sus semejantes. En nombre de Dios se sometían a tormentos o quemaban vivos a quienes se consideraban herejes. Ellos mismos fueron víctimas de persecuciones y todo tipo de vejaciones, reflejadas a través de sus mártires. Serán los estudiosos quienes comenzarán a considerar los “derechos naturales” que tienen todos los humanos.
  • No será sino en el siglo XVIII cuando, de forma explícita, el filósofo Immanuel Kant, en su intento de racionalizar el comportamiento moral de las personas, introduce la idea de no utilizar a los otros como meros objetos para un determinado fin. Para llegar al Bien Supremo había que seguir esa ley moral que, supuestamente, estaba en el interior de todos los seres de conciencia.
  • Inmediatamente después, y en respuesta a su contemporáneo, el Marqués de Sade escribía un Manifiesto en el que se apelaba a gozar del cuerpo de los semejantes sin límites, haciendo con ellos todo lo que apeteciera. Su alegato se basaba en la existencia de un reino de Plena Maldad, vinculado a la naturaleza, donde, para su renovación, se hacía necesaria una minuciosa destrucción, hasta lograr la desaparición total de los entes vivos.
  • Quien mejor reflejó la obra de Sade fue el director italiano Pier Paolo Passolini en su película Saló, 120 días de Sodoma, en la que, a pesar de ser una obra metafórica de la crueldad humana, recrea con todo detalle, las múltiples aberraciones que Sade describió, aunque nunca realizó. También el famoso director de la película La pianista, Michael Haneke, sabe retratar muy bien al psicópata, destacando en ella la crueldad psicológica hacia sus víctimas, además de la física. Funny Games o El video de Dani, son dos films que la muestran en su máxima crudeza.

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¿Y si todos tenemos una parte perversa?

Fue Sigmund Freud quien detectó una estructura de personalidad que llamó perversión y puso como máximo representante de ella al fetichismo. El fetichista coloca en el centro de sus placeres sexuales a un objeto inerte, un zapato, una pieza de ropa, un determinado perfume, y solo a través de ellos consiguen una plena satisfacción.

También están los masoquistas y los sádicos. Los primeros se satisfacen colocándose como un objeto degradado para su partener. Los sádicos en poner ante ellos a alguien a quienes pueden agredir como si fuera un mero trasto. Si a estos últimos les añadimos el imperativo de diseccionar el cuerpo y la mente hasta llegar a borrar a sus escogidos, ahí encontramos al psicópata.

Pero no solamente lo descubrió eso, sino también que, en la mayoría de personas, aunque no sean perversas, puede haber fantasías de este tipo, pero en ellas nunca se pretende la desaparición de la pareja. Siempre son voluntarias y pueden formar parte de ciertos juegos eróticos. Y es que la percepción, en los seres humanos, tiene esta característica de parcializar mentalmente el cuerpo de los sujetos.

Destacamos o nos gustan determinados rasgos corporales, que están muy vinculados a la cultura, y que, en un proceso normal, podrán servir como excitadores de deseo o de placer. El mayor o menor grado de estas fantasías dependerá de cada persona, pero no por ello será patológico. Aquí es donde encontramos un hilo coincidente con el morbo que, inconscientemente, despiertan estas series.

  • Hemos de diferenciar muy bien a los psicópatas de quienes pueden tener ideas y palabras destructivas hacia quienes les rodean, sean jefes, pareja, amigos o padres, que suelen ser reacciones fruto de fuertes enfados y de situaciones concretas. Por lo común, no suelen llevarse a cabo.
  • Existen también quienes hacen del dolor, de sí mismos o de otro, una forma de búsqueda de satisfacciones eróticas. Son relaciones consentidas y en las que ambos participantes controlan perfectamente los límites del juego sado-masoquista.
  • Finalmente están quienes hacen de esa capacidad mental de diseccionar cuerpos, una creación o profesión. Desde los guionistas de películas, escritores de novela negra, programadores de video juegos, hasta los cirujanos, utilizan esa capacidad de imaginación y conocimiento de la anatomía humana para ponerla al servicio de las personas.

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Entender la mente de un psicópata: un reto que nos seduce

Quién sabe si lo que genera el éxito de las producciones audiovisuales basadas en historias de psicópatas es también el reto que supone para las personas el comprender los entresijos de la mente de un psicópata. ¿Por qué actúan como actúan? Los psicópatas tienen consciencia de sus actos solo hasta cierto punto. Ellos mismos no acaban de saber la causa de sus impulsos destructivos.

Los psicópatas entran de lleno en la categoría de quienes padecen un trastorno de la personalidad grave. Concretamente una perversión de tipo sádico donde sienten una necesidad imperiosa de torturar y hacer desaparecer, ya sea animales, personas o ambas cosas.

Solo se dejan llevar por lo que consideran una necesidad, una especie de instinto que los conduce a tener que atrapar a sus víctimas en sus redes malignas.

  • Su goce está en sentir su poder sobre ellas y en hacer aparecer allí todas sus debilidades y angustias. Pero también necesitan saberse observados, ya que sus intenciones, o mejor dicho, sus malas intenciones, están dirigidas a una determinada moral y leyes. De una u otra manera, siempre dejan constancia de sus maldades, aunque sea bajo el aspecto de “desaparecidos”.
  • Ellos conocen muy bien las flaquezas humanas, el temor al dolor y a la muerte, y será a esos puntos adonde vaya dirigida su violencia, física y psíquica. Por eso sus actuaciones no tendrán un desenlace mortífero inmediato, sino que buscarán deleitarse con esa situación de sometimiento del otro, con sentirlo una cosa que está a su merced.
  • Sus métodos son muy refinados y sus víctimas no son escogidas al azar. Han de poseer ciertos rasgos que, en general tendrán algún tipo de relación con su historia o con la composición mental que se hayan hecho del mundo. Seguramente en su vida se encontrarían ya elementos destacados sobre los que el psicópata ejercía su violencia. Perros callejeros, bichos de determinada especie e incluso personas a las que torturaban, sea psicológica o físicamente.
  • En general, el cuerpo para ellos es un collage hecho de piezas, una especie de Frankenstein, de las cuales resaltan algunas, que son las que fetichizan, como la piel, los ojos, las manos, etc. Para otros serán los agujeros corporales los que estarán erotizados. Desde la boca, orejas, hasta el ano, son las vías elegidas para realizar sus tormentos.

Es como si, a través de estos suplicios, gozaran ellos mismos de esas zonas.

  • En cada uno de los psicópatas se puede observar un patrón, que se repite en sus distintas víctimas. Puede ser de tipo físico o psicológico, pero hacen una serie, una tras otra, en la medida en que, una vez aniquilada una, la continuidad de sus tormentos está garantizada por la semejanza que tendrá la siguiente elegida con la anterior.
  • Su aparente frialdad e indiferencia frente al dolor ajeno no implica que, de manera consciente o inconsciente, su placer no se vincule a eso mismo. Pero también, a todo el montaje que lo rodea. Se saben transgresores de las leyes, tanto jurídicas como sociales, y burlarlas forma parte de sus motivaciones.

Necesitan perseguidores y observadores externos.

  • Pretenden emitir un mensaje al mundo: ¡Pierdan ustedes la inocencia! ¡Existen seres humanos que, no solo son malvados, sino que, además gozan con ello! ¡Su mundo perfecto de bondad, tiene un montón de fallos que pueden ser aprovechados para lo contrario!
  • No todos los psicópatas son criminales, pero sí que buscan la destrucción del otro de distintas formas. Puede presentarse bajo el aspecto de quien, analizando las debilidades de otras personas, vayan apuntando y minando sistemáticamente al perjudicado hasta lograr arruinarles la vida económica, o mentalmente. Sus esquemas se repetirán con varias víctimas.

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