El origen del miedo a los demás

Fobia social: sentirse intrusos en el mundo

María José Muñoz

Las personas que sufren fobia social, en el fondo sienten que algo falló en su historia que los ha convertido en seres inferiores y por eso les cuesta tanto relacionarse con los demás.

Sea por cuestiones de origen familiar, social, académico, físico o de historial médico, para los que padecen fobia social existe una causa que han de ocultar y por la que tienen que preocuparse cada vez que salen al mundo. Lo que tanto les preocupa pueden ser hechos objetivos, es decir, que realmente les han sucedido en su vida, pero lo que ellos han construido a su alrededor de estos hechos rebasa en gravedad y amplitud los problemas o hechos iniciales.

El miedo a relacionarse con los demás

Por regla general, a todos nos suele crear cierta tensión la relación con los otros. Esto nos sucede porque, aunque los conozcamos, siempre existe un punto de enigma. No sabemos qué humor tendrán ese día o si les saldrá la vena más amable o la más crítica. Pero también porque tampoco sabemos del todo bien cuál será nuestra reacción, si tendremos más paciencia, si nos ganará el malhumor o nos resultarán agradables.

Esta preocupación puede incrementarse intensamente si tenemos delante a personas absolutamente desconocidas o que han de opinar o valorar alguna cosa que tenemos que hacer. Ocurre con los exámenes, conferencias o ante gente totalmente nueva. Necesitamos conocerlos mínimamente para orientarnos y que la situación baje de tensión.

Normalmente nos tranquilizamos a través de la palabra. Conforme vamos hablando y transcurre el tiempo, el ambiente se va relajando. Vamos comprobando que las otras personas son similares a nosotros y que solo nos diferencian algunas circunstancias.

¿Cuándo pasa a considerarse una fobia social?

Cuando alguien padece una fobia social, el proceso se podría describir en un sentido inverso al anterior. Será solo en su zona de confort –trabajo, familia o amigos– donde se va a sentir tranquilo y seguro. Aunque estos ámbitos no le gusten del todo. Cualquier modificación de ese entorno, sea de forma improvisada o programada, le va a disparar una serie de mecanismos. De manera casi automática va a pensar en la gente que hay o que habrá y que le detectarán todos sus fallos. Después de una primera ojeada a quien tiene delante, su atención se centrará en su pensamiento.

Para ellos, la realidad, fuera de ciertas zonas de seguridad, se convierte en inquietante y amenazadora.

En ese instante, el exterior se convertirá, de forma inconsciente, en algo amenazante y hostil. Toda su energía pasará a su interior y comenzará su guion. Asumirá que aquellos seres que le miran percibirán que es un o una intrusa. Lo que, supuestamente, los otros captarán a primera vista es que sus orígenes familiares son, en algún sentido, vergonzosos; que su preparación o estudios son cuestionables; que en su historia hay algo reprobable, que posee algún defecto físico, que su inteligencia y cultura son bajas; que el lugar laboral, social o político que ocupa fue conseguido con algún truco inconfesable; que es ignorante porque no está al día de algunos temas... Y un largo etcétera, donde cada una de estas certidumbres pueden darse de forma aislada o combinando unas cuantas.

Para ser más precisos, la reacción del fóbico social dependerá mucho del interlocutor y del ámbito en el que se produzca el encuentro. Si, por ejemplo, se genera en el campo de la cultura, a cualquiera que esté allí se le supondrá tener más conocimientos, y este hecho provocará que su conversación, si la hay, sea parca o trivial. Esta circunstancia seguirá creándole conflictos internos porque se verá a sí mismo tonto o lerdo.

Si añadimos el hecho de que va acompañado de familia o pareja, a la que tampoco valorará excesivamente, sus frentes se ampliarán y estará controlando todo el tiempo lo que dicen o lo que hacen, porque, dependiendo de cómo se comporten, sentirá ridículo o vergüenza ajena. Es decir, se habrá puesto de manifiesto delante de todo el mundo que sus orígenes o la elección de su pareja son de tan baja calidad como ellos.

La incomodidad y la angustia en estos casos pueden ir in crescendo hasta el punto de tener que escapar del lugar lo antes posible. A veces, incluso, de forma disruptiva.

Tener fobia social no es ser antisocial

No obstante, no debemos equivocarnos, no son personas que presenten dificultades para estar en sociedad. No son unos inadaptados, sino todo lo contrario, son sumamente responsables. Esto significa que no se dan efectos negativos hacia su entorno y que lo que rige en su cabeza es más bien este sentimiento de inferioridad, de lamento por su personalidad e historia.

La fantasía de poder superar los obstáculos iniciales, siendo rescatados por alguien que reconozca su situación, queda siempre solo en la imaginación.

Pero ¿dónde podríamos encontrar alguna clave para entender estos mecanismos? Desde los inicios de su clínica psicoanalítica, Freud ya detectó en las fantasías diurnas, o sueños que le contaban sus pacientes, que se reproducía un patrón común respecto a un héroe, que era el sujeto mismo. Freud lo llamó la novela familiar y su comienzo podía ubicarse en la adolescencia. En ese momento se producía una división de la familia en dos versiones: una era poderosa pero con características frías y despóticas, y la otra, afectuosa y protectora pero humilde.

Muchos mitos e historias se han alzado alrededor de esta repartición, entre ellas la de Moisés. De origen humilde, fue colocado en una cesta de mimbre en el río Nilo para salvarle la vida y evitar la orden faraónica de matar a todos los neonatos varones. Pero, curiosamente, lo recogió la propia hija del faraón y fue amamantado por una hebrea plebeya que pertenecía a su misma familia de nacimiento.

Las combinatorias pueden ser múltiples, hasta el punto de que, al final de su obra, este relato rehecho por Freud vendría a decir algo así como que el sujeto que viene al mundo en un núcleo familiar humilde o pobre en recursos fantasea y aspira a pertenecer a uno que sea potente, ya sea monetaria, social o intelectualmente. Y quienes nacieron en una familia rica en medios, desearían haber tenido unos padres modestos pero más cariñosos.

¿Deseas dejar de recibir las noticias más destacadas de cuerpomente?