Alimentación consciente

Mindful eating para comer sin ansiedad

Tania López, psicóloga

Comer no es un acto banal. Cada alimento llega a nuestra mesa precedido de una historia asombrosa. Si lo recibimos con gratitud y atención estaremos conectándonos al presente. Eso nos permitirá comer conscientemente y sin ansiedad.

La alimentación consciente o mindful eating es una herramienta clave para reconciliarse con el hambre emocional y también para reconectar con las señales del hambre fisiológica.

  • Plena atención. Si el mindfulness es la técnica que permite experimentar el momento presente, reconociendo con actitud calmada la sucesión de emociones, sensaciones físicas y pensamientos que aparecen, sin dejarse arrastrar por ellos, el mindful eating enseña a comer sin distracciones, plenamente concentrado en los colores, aromas y texturas de los alimentos.
  • Serenidad útil. La práctica regular del mindful eating se ha probado eficaz para controlar y reducir el peso corporal, así como para evitar la ansiedad. Lo dicen estudios como el realizado por la doctora Jeanne Dalen y publicado en Complementary Therapies in Medicine.
  • Reflexión pausada. El mindful eating empieza antes de sentarse a la mesa y se prolonga una vez acabada la comida. Consiste en hacerse preguntas del tipo: ¿por qué he elegido este alimento y no otro? o ¿qué quiero obtener de él? Plantearse estas cuestiones ayuda a sustituir ciertos automatismos por actitudes más sanas y conscientes.

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Cómo dar valor al alimento

El mindful eating permite dar valor al alimento, disfrutar de él, lo que permite reducir la ansiedad al comer. ¿Cómo dar valor al alimento?

  • Tomar de conciencia. Las preguntas, de hecho, se pueden llevar tan lejos como se quiera. Mindful eating significa también tomar conciencia de todo lo relacionado con la alimentación, incluso más allá de nuestras necesidades personales inmediatas.
  • Tirar del hilo. Ante un tomate, por ejemplo, puedes preguntarte: ¿de dónde procede la planta?, ¿sabes que la cultivaban en América hace 2.500 años, que su nombre procede de la palabra nahuatl xitomatl y que los europeos la llevaron a otros continentes? Hoy se cultivan miles de variedades. ¿De qué variedad es el tomate que te vas a llevar a la boca? ¿Y dónde se habrá cultivado? Si es ecológico, puedes imaginar el cuidado que ha puesto el agricultor para protegerlo de enfermedades. Puedes preguntarte también qué sustancias contiene y los beneficios que te va a proporcionar: aporta, por ejemplo, licopeno antioxidante y vitamina C.
  • Una relación más profunda. Por supuesto, no se trata de convertir cada una de tus comidas en una especie de lección enciclopédica, pero el conocimiento y la curiosidad por los alimentos ayuda a ganar conciencia en los actos de comer, comprar comida, planificar los menús, etc.

Todo va a influir en tu relación con los alimentos, haciéndola más profunda.

  • Emociones positivas. Además de conocimientos, el mindful eating considera también las emociones. Hemos mencionado la ansiedad y otras emociones como la tristeza o la culpa, que nos hacen sufrir. En la alimentación consciente nos abrimos a emociones positivas. Podemos agradecer todo el trabajo y la dedicación que hay detrás de cada alimento, dar gracias tanto a las personas que han hecho posible que esté en nuestra mesa como también al propio alimento por entregarnos sus nutrientes y su sabor.

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Comer con amor y más lento

En la cultura tradicional india de la salud, el ayurveda, las emociones son inseparables de los alimentos. El cariño con que el cocinero prepara cada plato es un ingrediente nutritivo más. Y al comer, la persona come, no se ocupa ni se distrae con otras cosas. Para nuestro bienestar, a veces es más importante comer sin prisa y relajado que los alimentos que se comen.

En la experiencia de comer se combinan las sensaciones que producen los alimentos, las emociones que nos suscitan o que llevamos a la mesa y los pensamientos.

Hemos de hacer lo posible para que esta mezcla resulte armoniosa. Como resultado. La alimentación consciente nos lleva a comer más lento, nos permite reeducar las sensaciones fisiológicas de hambre/saciedad y experimentar el placer sin culpa.

Ejercicio práctico para comer con todos los sentidos

Elige un alimento pequeño y que no asocies a un gran placer como una uva o una rodaja de plátano. Valora en una escala del 0 al 10 tu nivel de hambre y saciedad antes de ingerir ese alimento, mientras te lo comes y después de habértelo comido. No corras. Sigue estos pasos:

  • Mira. Observa con curiosidad su forma, su color y sus matices.
  • Toca. Siente con tus manos cuál es su textura. Cierra los ojos para «mirar» a través del tacto.
  • Huele. Aspira su aroma y nota cómo respondes. ¿Se activa algún recuerdo?
  • Observa. Si pasan por tu mente pensamientos de placer anticipado o decepción, deja que se desvanezcan como si fueran nubes en el cielo.
  • Muerde. Deposita un bocado sobre tu lengua. ¿Produces saliva?, ¿tienes curiosidad por investigar los sabores y texturas?
  • Mastica. Nota la explosión del alimento en tu boca, explora todas las notas de sabor y los aromas. Respira y espera en lugar de correr a por una nueva ración.
  • Traga. Observa las sensaciones hasta que el alimento llega al estómago. Luevo valora cómo te sientes.

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