Depresión colectiva

Después del covid-19: ¿Podemos sufrir una depresión?

María José Muñoz (Psicoterapeuta)

Algunos factores pueden aumentar el riesgo de sufrir depresión tras el coronavirus pero la sensación de incomprensión por parte de los demás puede jugar especialmente en contra de las personas de colectivos más vulnerables

Las consecuencias psicológicas de la pandemia vivida han afectado emocionalmente a colectivos bien diferentes y por motivos muy distintos. Desde las personas que han estado y se han sentido solas, a quienes se han visto despojadas de sus recursos económicos, o de trabajo; pasando por los colectivos ya en sí vulnerables, como personas mayores, con problemas mentales graves, hasta llegar a quienes vivían en una precariedad anterior o han sufrido pérdidas de familiares.

En todos ellos la depresión, ha sido y será, una de las respuestas más generalizadas. La razón la podemos encontrar en la confluencia social de dos factores y movimientos inherentes a la depresión.

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Sensación de no ser comprendidos por los demás

Durante esta pandemia podemos haber sentido, de algún modo u otro, que no se ha tenido en cuenta en las ordenanzas y restricciones nuestra particularidad vivida, las necesidades concretas que teníamos o el sacrificio que hemos hecho.

Por ejemplo, hemos podido no sentirnos comprendidos si nos ha tocado confinarnos a solas; por haber sido despedidos con un ERTO que descoloca y desconcierta, por tener que lidiar con el teletrabajo y los niños en casa, por haber tenido que ver cómo se ha minusvalorado tan fuertemente a los ancianos o por no haber podido despedir a los familiares como hubiéramos deseado.

No sentirse comprendido por el mundo, por la vida, representados en los que nos rodean, juega en contra de la salud emocional. El exterior, en algunos casos puede haberse vivido como injusto y destructor. El otro no me quiere o me quiere mal.

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Reproches hacia nosotros mismos

Esta sombra gigantesca que hemos puesto afuera puede revertirse y caer sobre nosotros. Así, inmediatamente –y si no a la vez– se pueden producir otras serie de reproches desde otra parte de nuestro yo y, en este caso, dirigidos hacia nosotros mismos:

¿Cómo se puede ser tan egoísta? ¡Qué mala persona! ¿Igual era eso lo que merecías? ¡Qué poca consistencia tenía tu vida! ¿A qué has dedicado tu tiempo? ¡Cómo te van a querer! ¿Quién te va a dar trabajo ahora con la edad que tienes? ¿Cómo es que no te has rebelado contra esa situación? ¡Es que eres una cobarde!".

Este largo etcétera de recriminaciones pueden llevarnos una única conclusión: a sentirnos que somos un desecho humano incapaz de salir adelante. Estos soliloquios, que pasan de una cara de incomprensión a la otra de reprobación sin descanso, pueden ir agravando a medida que pasa el tiempo, dejando un remanente de tristeza de fondo.

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Tendríamos que tener en cuenta algunas cosas en este contexto del covid-19:

  • La confrontación que sentimos es con una parte objetiva y que no ha dependido de nadie. Se trata de un ente real, el coronavirus, desconocido y con una gran fuerza de contagio. Se presentó en nuestras vidas de forma inesperada. A este panorama hemos de añadirle la tendencia que tenemos los humanos en ponerle cara y ojos a lo traumático y desconocido.
  • Hemos dibujado un personaje que no nos ha tratado bien. Si juntamos estas dos características nos encontramos con que los culpables de todo lo que ha pasado han sido los demás (el gobierno, los jefes, la familia, la pareja...), que no han tenido en cuenta toda una serie de cosas que eran importantes para cada uno. Nos hemos sentido como marionetas en manos de otros.
  • Pero lo cierto es que, cualquier crisis, no hace sino agudizar lo que ya estaba. Por ejemplo, si una empresa funcionaba de determinada manera, en momentos críticos, no hará sino seguir la misma línea.
  • Si hemos aceptado un estado de cosas anteriormente, ya sea por comodidad, ya sea por desinterés, por costumbre o por no enfrentarnos a nuevos retos, esa parte que ya era objetiva antes, nos confronta con la responsabilidad de revisar nuestros planteamientos. De ahí nacen los reproches (hacia los demás y hacia nosotros mismos), aunque hemos de confundir eso con lo que se ha podido derivar de los estados de emergencia.

Dependerá mucho de que hagamos un rápido y buen abordaje de todos esos sentimientos para conseguir que ese estado no se enquiste y produzca un agravamiento o cronificación depresivos.

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