Aceptar la pena

De la tristeza a la depresión: ¿cómo frenar la caída?

Mª José Muñoz

La diferencia entre estar triste o deprimido no tiene tanto que ver con la cantidad de pena que se siente, sino con lo que ese sentimiento llega a condicionarnos.

La tristeza es una de las emociones que acompañan a todo ser humano.

  • Los griegos ya la incluían como una de las pasiones del alma que nos diferenciaban de las otras criaturas vivientes. Pero también creían que esa tristeza provenía del cuerpo: sostenían que una bilis negra producida en el bazo era la responsable de esta sensación.
  • Más tarde se fue separando lo corporal de lo afectivo y se fueron estudiando los signos fisiológicos que presentaban las personas tristes.
  • Cuando llegó el Romanticismo se pensaba que la melancolía era inherente a todo proceso creativo.
  • Sin embargo, para Freud, el melancólico era aquel que, no pudiendo hacer un duelo normal por un objeto perdido, se identificaba con esa pérdida sin poder salir de ella.

Así, queda patente que la manera como se entiende la tristeza va muy de la mano de la época en la que se vive, pero también se constata que se trata de un sentimiento global e intrínseco a la condición humana.

Se puede estar triste por muchos motivos que tienen que ver, en términos generales, con las injusticias o infortunios de la vida; con lo que les sucede a quienes queremos, con nuestra impotencia frente a determinadas situaciones, con un proyecto que no salió adelante o cuesta demasiado o, incluso, con sentirnos incomprendidos por los demás.

Todas estas experiencias no dejan de remitirnos a esa situación de desamparo y soledad en la que nacemos todos y cada uno de nosotros. Sin embargo, este sentimiento universal no siempre se vive igual, y no es lo mismo estar triste que vivir una depresión.

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¿Depresión y tristeza son lo mismo?

Caemos en este mundo y hay que apañárselas con ello. Sea como fuere, estos sentimientos no logran paralizarnos del todo. Como mucho, enlentecen nuestros quehaceres diarios hasta que encontramos una salida o aparece alguna otra cosa que nos saca del atolladero.

¿Cuándo se considera que estamos deprimidos?

Para que podamos llamarle depresión, además de la posible tristeza, se deben cumplir dos condiciones más. Estas pueden pasar desapercibidas para quienes las padecen, es decir, podemos no ser conscientes de ellas.

Nuestra identidad queda tocada.

Nuestro yo puede haberse deteriorado de manera progresiva o abrupta tras vivir alguna ruptura, algún cambio, que nos sitúa como alguien sin ningún valor.

  • En el terreno laboral puede ocurrirnos, por ejemplo, que al encarar un nuevo tipo de tarea o al pasar a depender de un nuevo jefe, ir a trabajar se convierta en algo agobiante y tedioso si recibimos críticas constantes, nos exigen cada vez más y no obtenemos ningún tipo de reconocimiento.

Nuestro yo se debilita al sentir que nadie de los que nos rodean se da cuenta del esfuerzo o las circunstancias por las que estamos pasando.

  • Otro ejemplo: en el terreno amoroso, las rupturas pueden llevarnos a sentirnos como una especie de desperdicio o a pensar que nuestra presencia no le importa a nadie.

Si estas situaciones se encadenan con recuerdos de otras desvalorizaciones anteriores, nuestra personalidad se empobrece e incluso sentimos que no servimos para nada.

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Dejamos de disfrutar.

Otra condición que se da cuando caemos en una depresión –y que no deja de estar relacionada con la anterior– es que gran parte de nuestros deseos mueren. Sea porque toda la energía se ha colocado en un solo proyecto, sea porque las exigencias del contexto así lo reclamaban, hemos ido dejando en el cajón toda una serie de actividades y relaciones que nos proporcionaban satisfacciones y nos sostenían.

Recomponer o volver a crear nuevos lazos no es tarea fácil ya que, en esos momentos, estamos atrapados en una imagen negativa de nosotros mismos.

Síntomas físicos.

Hay que tener en cuenta que estos no siempre se dan, que pueden surgir por otras causas y que varían de persona en persona. Generalmente se presentan trastornos del sueño y/o del apetito, sensación de tener el estómago cerrado, fatiga permanente y dificultad para salir de la cama, ansiedad...

Que se presenten unos u otros síntomas depende en gran parte del carácter de cada uno, pero también del género:

  • En las mujeres son habituales estos rasgos, pero también otras alteraciones como fobias, migrañas o psoriasis continuadas.
  • Sin embargo, en los hombres la depresión se relaciona más con una mayor ingesta de alcohol y una hiperpreocupación por padecer alguna enfermedad incurable.

Cómo evitar que la pena nos atrape

Salgamos del rincón en el que nos hemos refugiado y afrontemos lo que nos angustia. Tengamos la valentía de encarar, poco a poco, el panorama que nos oprime y abramos nuevas vías que nos conecten con deseos abandonados. Es lo que nos salvará de la depresión.

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Abraza todas tus emociones

Cuando nos sintamos tristes, no intentemos estar contentos. Y tampoco lo contrario. Aún cuando nos sentimos tristes, si hay cosas que nos generan una sonrisa, una ironía o una broma, no debemos reprimirla.

En el ser humano pueden compaginarse distintos sentimientos sin que necesariamente sean contradictorios. Cada uno tiene su razón de ser por el contexto en el que se dan.

Aceptemos la tristeza sin ceder a ella para que no nos acabe venciendo.

Permítete vivir el duelo

Si la pena es por la pérdida de un ser querido, vivamos la tristeza como un homenaje. Seamos capaces de vivir esa tristeza como un pequeño homenaje a quienes fueron importantes para nosotros. Y después dejémosla ir sin miedo: no nos aferremos a ella tratando de atrapar por más tiempo al ausente. Los recuerdos siempre permanecen.

Aprende del dolor

Aprovechemos las marcas que deja la tristeza para crecer como personas. La melancolía puede ser la protagonista de un grave trastorno, pero las marcas que han dejado las pérdidas irrecuperables también pueden servirnos de inspiración creativa. Además, pueden abonar al mismo tiempo el sentimiento de empatía por quienes las sufren.

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Si aprendemos a estar tristes, prevenimos la depresión

Mantente alerta

Estemos atentos a las primeras señales que indican que la tristeza nos está venciendo.

Si comenzamos a sentir que nuestra vida no tiene sentido, que el mundo podría prescindir de nosotros o que somos un bicho raro sin remedio, si nos vamos retirando de todo y todos los que nos rodean... ¡alerta! Podríamos estar entrando en una depresión.

El desánimo, el cansancio, el insomnio y la angustia nos dejan sin fuerzas.

Revisemos las relaciones que establecemos con las personas de nuestro entorno. Veamos si se están produciendo situaciones muy tensas y exigentes, sea con la pareja, el trabajo, familia, amigos, o con varios a la vez. Puede que las relaciones tóxicas estén mermando nuestro yo, nuestra personalidad, y nos estemos retrayendo hacia adentro.

Independízate de los juicios ajenos

Aprendamos a relativizar las opiniones que los demás puedan tener de nosotros. Nos constituimos, en parte, por la imagen que nos devuelven los otros (padres, hermanos, compañeros...). Esa representación que nos es devuelta es totalmente parcial, solo refleja algunos de los rasgos que llegamos a manifestar hacia fuera.

Pero, además, debemos recordar que el sujeto que tenemos enfrente, aquel que puede opinar o decir algo sobre cómo somos, es también otra persona atravesada por su historia y sus limitaciones. Su percepción está distorsionada por sus propios intereses y condicionantes, lo cual hace que su objetividad sea nula.

No dejemos que nadie, sea quien sea, acabe machacando nuestra identidad.

No otorguemos un excesivo protagonismo a los comentarios de un jefe déspota, un cónyuge insatisfecho, una familia que no puede sentirse cuestionada, o unas amistades que quizás no lo son tanto. Pueden ser, precisamente, los menos indicados para saber la complejidad y amplitud que define al ser humano.

No creamos que no encajar dentro de un perfil profesional invalida nuestras capacidades laborales. Del mismo modo, no encajar dentro de un perfil amoroso tampoco nos hace incapaces de sentir afecto. Nuestro potencial está dentro.

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