16 placeres para disfrutar del invierno

Los meses más fríos y oscuros del año ofrecen un buen número de posibilidades para revitalizar el cuerpo y relajar la mente de una manera sencilla y placentera.

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Empieza la época más fría del año y cierto aletargamiento parece inevitable. Para muchas personas, las horas ociosas de invierno son sinónimo de quietud y a menudo están teñidas de untedio que roza el desánimo.

Sin embargo, las bajas temperaturas y los días cortos también tienen numerosos aspectos positivos. El invierno puede ser una buena excusa para cuidarse más que nunca y para disfrutar con multitud de actividades que con el calor ni se plantean.

En general, durante estos meses se pasa más tiempo en casa y se sale mucho menos, lo que también ofrece sus ventajas. Sin hacer grandes dispendios ni esfuerzos se puede disfrutar de momentos invernales muy placenteros, de reposo pero también en ocasiones activos y estimulantes, para ganar vitalidad.

El mero hecho de sentirse bien cuando el entorno se muestra más riguroso aumenta la confianza en uno mismo y enseña a sacar lo mejor de cada situación.

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1. Disfrutar del sol

Aunque haga frío, se puede estar en el exterior y disfrutar de la calidez de los rayos solares, que son fuente de bienestar y alegría. Curiosamente, en verano solemos excedernos en las exposiciones solares y en invierno tendemos a olvidarlas casi por completo.

Sea en una terraza en casa, en la calle o en pleno campo, unos 15-20 minutos de sol sobre las manos o el rostro, usando si es preciso una crema protectora adecuada, pueden ejercer efectos muy beneficiosos.

Primero porque mejoran el estado de ánimo y parecen tener un efecto sedante sobre las terminaciones nerviosas de la piel, pero también porque ayudan a sintetizar vitamina D, que a su vez ayuda a absorber el calcio.

Además, mejoran algunos trastornos dermatológicos como el acné, el eccema seborreico o la psoriasis. De hecho, los baños de sol se recomiendan como remedio terapéutico.

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La luz del sol como terapia

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2. Prepararse una sopa de cebolla

Esta receta ya universal de la gastronomía francesa constituye una opción muy adecuada para los rigores del invierno.

No hay que olvidar que la cebolla es rica en quercetina, un potente antioxidante y antihistamínico, y que ejerce cierto efecto diurético, además de resultar aseptizante y fluidificante. Estas propiedades la hacen muy recomendable para los incipientes resfriados invernales. La sopa de cebolla constituye asimismo un buen plato para las personas con problemas de hipertensión o hipercolesterolemia.

Una sugerencia para disfrutar de esta sopa sin desequilibrar la dieta consiste en prepararla sofriendo una cebolla finamente cortada en un poco de aceite de oliva, añadiendo caldo vegetal natural y dejándolo cocer unos 15-20 minutos. Después se pasa por la batidora y se adereza con una cucharada de sésamo tostado.

El resultado es una sopa deliciosa, ligera y reconfortante, que puede servir como caldo depurativo durante varios días o bien constituir un entrante de cenas improvisadas.

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3. Inventarse un capricho dulce… y sano

Siendo realistas, algo que apetece cuando el frío aprieta y toca estar en casa es picotear algo dulce. Se trata de un placer inmediato que encanta y que a veces no solo se desea sino que sienta muy bien.

Está claro que no hay que abusar de los alimentos azucarados pero si se elaboran en casa se puede controlar su cantidad de azúcar, el tipo de grasa, la textura… En definitiva, cada persona puede inventar su propio dulce, y eso también puede ser un placer.

Para que sea un producto sano hay que ser cauto con la dosis de azúcar e intentar utilizar como grasa el aceite de oliva virgen. Un recurso infalible es incluir frutas.

Por ejemplo, se puede convertir la manzana al horno en una delicia si unos minutos antes de que acabe su cocción en el horno se rellena con 15-20 g de chocolate negro rallado mezclado con unas avellanas picadas. Delicioso, tentador y sano.

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4. Pasarse a las verduras

Hay verduras invernales frescas de preparación fácil y precio asequible que vale la pena consumir por todas sus propiedades.

Una de ellas es el brécol, de propiedades anticancerígenas. Muy vitamínico, aporta con buen número de antioxidantes y una dosis notable de fibra. Lo mismo se puede decir de las espinacas o las acelgas. Todas ellas saben deliciosas si se toman simplemente hervidas y aderezadas con un buen aceite de oliva. Es un plato caliente, fácil y bastante más nutritivo y digestivo que las ensaladas en bolsa de plástico.

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5. Preparar una cena para amigos

La pandemia y ritmo de vida acelerado hace que las comidas en casa con amigos sean cada vez menos frecuentes, aunque si la situación lo permite y se toman las debidas precauciones, cocinar en casa para amigos todavía es una opción.

El invierno resulta muy adecuado para preparar una cena reconfortante para los amigos preferidos, sacar la mejor vajilla y ofrecer un ambiente cálido, seguro y amable.

Una sugerencia de cena fácil y resultona: crema de zanahoria y calabaza, papillote de merluza al roquefort y macedonia con chocolate. Unas tiritas de pan artesano para degustar un buen aceite de oliva virgen es un entrante fácil que deja a todo el mundo contento.

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6. Bañarse con aceites esenciales

Al final de un día agitado, un baño caliente puede ser el mejor respiro. Actúa como un gran relajante y descontracturante muscular, y además ayuda a serenar la mente y preparar el sueño.

Llena la bañera con agua caliente, sin que llegue a quemar, y sumérgete lentamente con placer. Si le agregas unas pocas gotas de aceites esenciales (lavanda o neroli, por ejemplo), el baño puede ser todavía más reconfortante y proporcionar un bálsamo a la piel. Antes de entrar en la bañera remueve el agua con las manos para que se mezclen bien. Procura, de todos modos, que el agua no te entre en los ojos pues los aceites esenciales podrían irritarlos.

No conviene prolongar el baño más de quince o veinte minutos, a partir de los cuales podría resultar contraproducente y dejar una sensación de laxitud.

Antes de salir de la bañera, un chorro de agua fría por las piernas reactiva la circulación. Solo queda envolverse en una toalla grande y darse suaves palmaditas por encima, sin frotar enérgicamente, para conservar así un poco de aceite sobre la piel.

 

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7. Disfrutar con la música clásica

No es un tópico: la música puede ejercer efectos positivos sobre la salud. Se sabe que según qué tipo de melodía, ritmo o instrumento se escucha, la psique y el organismo reaccionan de una manera u otra. Una excelente idea es tumbarse cómodamente en el sofá de casa y escuchar unos minutos de música clásica, sin hacer nada más.

Hay autores que han atribuido a las composiciones de Mozart un efecto benéfico. Según algunos estudios, la música de Mozart actúa positivamente sobre el cerebro, el estado de ánimo, la naturaleza de los pensamientos e incluso los procesos fisiológicos. De hecho, es uno de los compositores que más se utilizan en musicoterapia. Pero se trata de una cuestión controvertida.

Por supuesto, cada persona puede escoger el autor que más le guste. Basta con que le procure buenas vibraciones.

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8. Escribir

Según los especialistas, escribir puede ser tan gratificante y terapéutico como dialogar.

Algo tan sencillo como poner por escrito lo que se desea, los proyectos que se quieren desarrollar próximamente o quizá aquello que no gusta, puede resultar más clarificador que muchas horas de reflexiones e incluso que algunas conversaciones. De la misma manera, escribir dejando volar la imaginación, tal vez creando un relato ficticio, puede ser un ejercicio tan fascinante para las neuronas como el mejor de los juegos.

Cada uno puede escribir lo que le apetezca, a mano o tecleando frente a una pantalla de ordenador. En muchos casos resulta sorprendente y muy revelador. Un ambiente tranquilo y algo de tiempo es lo único que se necesita.

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9. Tomarse una taza de chocolate caliente

Una taza de chocolate caliente puede ser el tentempié perfecto en una tarde gris o el ingrediente estrella de un desayuno dominical en pijama. No hacen falta grandes motivaciones para darse este placer ni cabe remordimiento alguno.

El chocolate de calidad no es solo un simple capricho que tienta; aporta al organismo minerales como el potasio, el magnesio o el calcio; antioxidantes como las catequinas; sustancias diversas que mejoran el estado de ánimo como la feniletilamina, etc. Por supuesto que tiene su energía, pero para disfrutar de él no es necesario el exceso.

Una buena receta para prepararlo en casa es esta: 250 ml de leche semidesnatada, 30-35 g de chocolate negro, una cucharadita de cacao puro y una pizca de maicena. Serán unas 300-400 calorías pero se trata de un alimento y no una bebida.

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10. Estirarse

Nos pasamos horas y horas sentados o en posturas poco saludables. Solo hay que advertir el número creciente de personas que padecen problemas de espalda.

Una buena manera de paliar esta realidad es dedicar un poco de tiempo a realizar unos sencillos estiramientos. Solo se necesita ropa cómoda y un poco de espacio.

Un estiramiento improvisado consiste en ponerse de puntillas con los brazos hacia arriba, estirando todo el tronco, mientras se camina durante unos segundos. Otro consiste en tumbarse en el suelo boca arriba, y con los dos brazos coger las dos piernas juntas flexionadas hacia el pecho, de manera que se liberen tensiones en la parte baja de la columna.

Hay muchísimos ejercicios posibles. El simple estiramiento que el cuerpo realiza instintivamente al desperezarse es un modo de empezar.

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11. Proyectar una salida o un viaje

Quizá las vacaciones queden muy lejos o el dinero escasee pero no por ello hay que dejar de hacer planes. Cuando queda todo un invierno por delante, hojear libros y publicaciones de viajes o navegar por internet puede servir para alumbrar una ilusión.

Los pensamientos positivosaumentan nuestras betaendorfinas y por tanto contribuyen a cuidar la salud. Planificar es una de las armas más eficaces contra el desánimo.

No hace falta ni siquiera planear un gran viaje: la salida puede ser de un solo día. Solo hay que tener un poco de curiosidad. Probablemente muy cerca de casa haya lugares interesantes para visitar.

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12. Visitar un museo

Cuando el frío arrecia y se dispone de tiempo libre, apetece recogerse en un local cerrado para sumergirse en otra realidad. No solo el cine y el teatro cumplen estos requisitos. También los museos.

Curiosamente, cuando se viaja a otros lugares la visita a los museos está casi asegurada. Sin embargo, pocas veces se nos ocurre ir a uno de la propia ciudad. Una visita calmada a un museo que atraiga (de arte, historia, ciencia…) puede ser un placer estimulante y enriquecedor.

Cierto que no es lo mismo que ir al cine, que el museo requiere cierto "trabajo", pero puede constituir una actividad muy gratificante. Basta con elegir un museo que apetezca y, si se quiere, informarse un poco antes sobre lo que se va a ver. En ocasiones, estos museos programan exposiciones temporales.

Y, por supuesto, no hace falta ir acompañado o acompañada. Una visita a un museo en solitario puede convertirse en una muy buena experiencia y una pequeña aventura invernal.

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13. Tirar lo inútil

Todos lo hacemos. Nos empeñamos en guardar objetos que jamás utilizaremos y que sin embargo ocupan un espacio precioso de nuestra vivienda. O incluso peor: guardamos objetos que jamás utilizaremos y que además nos traen malos recuerdos, o que simplemente nos ponen nostálgicos.

También guardamos inútilmente objetos que podrían servir a otras personas. Entre ellos ropa, fármacos, libros, objetos decorativos, regalos olvidados, etc.

Una de las acciones más gratificantes que hay es deshacerse de lo inútil. Se gana espacio en casa y también en la cabeza. Especialmente si son objetos de un pasado que ya no interesa.

Tirar es en cierta forma ordenar, y ordenar es en cierta forma armonizar. Ahora que se pasa más tiempo en casa parece un buen momento para ello.

Un entorno ordenado (sin caer tampoco en un extremo) aumenta sin duda la calidad de vida y ayuda a ganar tiempo. Algunas personas tienen por norma que si entra en su casa un libro o prenda nuevos, por ejemplo, solo es a condición de desprenderse de un libro o prenda antiguos. Un mayor espacio vacío, tanto alrededor como en la propia mente (reduciendo los pensamientos agitados), nos hace más abiertos y receptivos a nuevas posibilidades. La plenitud no consiste en acumular bienes (ni tampoco experiencias) sino en elegir bien.

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14. Ayudar al sistema inmunitario

No son medicamentos ni hay que esperar milagros de ellas pero hay sustancias vegetales que pueden ayudar a prevenir los resfriados invernales.

  • Propóleo. La fabrican las abejas para recubrir las paredes de su colmena a fin de mantenerla libre de bacterias y microorganismos patógenos. De ahí sus propiedades antibacterianas y antivirales. Se presenta en extracto líquido, spray oral y comprimidos.
  • Equinácea. Considerada la gran planta protectora del sistema inmunitario, puede evitar resfriados, gripes, bronquitis y un gran número de infecciones. Se indican hasta 4 comprimidos de 400 o 500 mg al día. O bien 20-40 gotas del extracto fluido dos veces al día, antes de las comidas diluidas en agua o zumo.
  • Tomillo. Ejerce un probado efecto antiséptico de las vías respiratorias, que inhibe el desarrollo de infecciones. Resulta muy efectivo contra los catarros con tos irritativa y en casos de sinusitis, faringitis y bronquitis. Suele tomarse en infusión, solo o bien combinado con otras plantas que potencian sus efectos, como malva, liquen de Islandia, gordolobo, llantén, drosera o hierba de los cantores. La infusión se deja reposar cinco minutos.
  • Saúco. Resulta útil para resfriados y bronquitis: favorece la sudoración, facilita la expulsión del moco y reduce la inflamación de las vías respiratorias. En infusión, se vierte una cucharada rasa de flores en un vaso de agua 30 segundos, se deja reposar cinco minutos y se toma caliente, sola o con miel. En caso de fiebre, se toma un vaso cada 3 o 4 horas.
  • Zumo de limón y miel. Se vierte zumo de limón y unas gotas de miel en agua caliente. La bebida tiene un sabor muy agradable y actúa como un eficaz remedio casero cuando se padece faringitis, dolor de garganta o catarros en general.
  • Jengibre. Su poder calorífico resulta muy útil en catarros y gripes. Se prepara una infusión con una cucharadita de la raíz seca por vaso de agua, agregando el zumo de medio limón para potenciar su efecto.

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15. Mejorar la circulación sanguínea

Cuando el calor de las calefacciones, una vida más sedentaria y la ropa de abrigo tienden a dificultarla, algunas pautas contribuyen a que la sangre circule más fluidamente.

  • Evitar la ropa ajustada. Los pantalones vaqueros ajustados y otras prendas similares son enemigos directos de una circulación venosa sana. No se trata solo de que las piernas no estén comprimidas sino de liberar también la pelvis de ropa demasiado ceñida.
  • No a calcetines opresivos. Es importante que los clásicos calcetines de media sean suaves y adaptables. Existen en el mercado muchos modelos que lo tienen en cuenta.
  • Moderar la calefacción. Es habitual que las calefacciones mantengan en invierno una temperatura muy elevada en los espacios cerrados. El calor es uno de los enemigos más peligrosos de la buena circulación. Es preferible llevar ropa de abrigo que mantener una temperatura ambiental demasiado alta.
  • Atención con los tacones. El uso prolongado de tacones altos dificulta la circulación sanguínea de retorno, entre otros efectos negativos.
  • Cambiar la postura. De nada sirve llevar una vestimenta perfecta si se está de pie o sentado durante muchas horas. Hay que intentar evitar mantenerse estático.
  • Pies en alto para dormir. Este es un recurso fácil y muy efectivo para mejorar la circulación. Se trata de subir los pies de la cama 1 o 2 cm. Este pequeño desnivel facilita la circulación durante el descanso nocturno.
  • Alejarse de focos de calor. Con las bajas temperaturas hay la tentación de acercarse a una estufa, una chimenea encendida, etc. De la misma manera, hay que evitar las depilaciones demasiado calientes e incluso algunos tratamientos con algas o barros demasiado calientes sobre las piernas.
  • Moverse. Por último, hay que recordar que el mejor de los tratamientos es el ejercicio regular. Caminar cada día unos 30-40 minutos es recomendable aunque se haga algún deporte durante la semana.

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16. Salir a caminar por la montaña

No es imprudente salir a caminar a la montaña en invierno si se hace convenientemente abrigado. Al contrario, el frío multiplica sus beneficios porque mejora la circulación (como consecuencia de la vasoconstricción en la superficie cutánea), acelera el metabolismo muscular (activa más fibras musculares rojas, que trabajan de forma aerobia) y ayuda a quemar grasas.

Todo ello sin sudar ni beber mucho, porque el sol ya no supone una molestia como en verano, sino un placer.

El aire fresco revitaliza y el frío ayuda a librarse la sensación de entumecimiento. El cuerpo se ejercita, la mente se calma y el pensamiento meditativo, reflexivo, poético y espiritual se estimulan. Andar también ayuda a recuperar y mejorar la respiración profunda.

Para más información

  • Comer sí da la felicidad; F. Hernández Ramos, Ed. RBA-Integral
  • Prácticas de autoestima; Christophe André, Ed. Kairós
  • Estar en forma; Anderson, Pearl, Burke y Galloway, Ed. RBA-Integral

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